XV-XIX
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A finales del siglo XIV las familias más representativas de la zona decidieron poner en común parte de sus bienes para que se estableciese en el lugar un grupo de clérigos que diesen culto a Dios y a su santísima Madre y rezasen por sus vivos y difuntos. Es así como Zenarruza vio elevada su categoría de parroquia a colegiata y erigida como tal en 1379, por don Gonzalo de Mena, obispo de Calahorra y La Calzada, diócesis a la que entonces pertenecía Vizcaya.
Éste constituyó el segundo momento importante que se prolongó hasta el siglo XIX. Una época con sus luces y sombras que dio peso y nombre a este enclave. Su importancia se puso de manifiesto en el ámbito espiritual, con una fuerza de atracción importante en su culto y, de modo especial, en los enterramientos; también en el terreno social y de la cultura, de la que se preocuparon de modo especial los canónigos, dotándose de una importante biblioteca y fomentado los estudios de muchachos con cualidades de la zona. De igual manera su sensibilidad se dejó notar en el arte, manifestado en la construcción de la bella iglesia y claustro que hoy podemos disfrutar, y que mereció en 1948 ser reconocido como monumento nacional de Euskadi..
También en ciertas épocas, según los propios avatares de la historia ajena al lugar, tuvo su importancia el hospital que acogía a peregrinos y caminantes.
La historia fue derivando las situaciones por nuevos derroteros y, poco a poco, Zenarruza fue dejando de ser ese lugar estratégico en la provincia y perdiendo vitalidad. En 1851, un nuevo Concordato con la Santa Sede en el que se actualizan las listas de Colegiatas, Zenarruza no es integrada, con lo cual, la que había sido primera y única Colegiata de Vizcaya, paso a su primer rango de parroquia de un pequeño núcleo de caseríos.
