EL MONASTERIO DE ZENARRUZA HOY |
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Desde 1988 Zenarruza es monasterio cisterciense. El Císter es una orden monástica nacida en el siglo XI y extendida hoy por los cinco continentes. La presencia de esta comunidad, venida del monasterio de La Oliva en Navarra, además de propiciar el cuidado del lugar, está haciendo posible que Zenarruza vuelva a ser un núcleo de espiritualidad, que es cómo y por lo que surgió. Constituye además, la única comunidad de monjes contemplativos en la diócesis. |
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Aunque nuestro ámbito de vida es de silencio y de clausura, inherente a nuestra espiritualidad es la acogida, que se explicita en la participación abierta en nuestra liturgia coral, y en nuestra hospedería, elemento esencial a todo monasterio. El marco especial en el que vivimos, donde el apartamiento y el silencio lo presta el mismo habitat, convierten a este monasterio en un espacio privilegiado para la oración, la reflexión, el encuentro con Dios y consigo mismo, la serenidad, el descanso interior y exterior y la paz profunda. Nuestra vida, presencia y oración pretenden ser un testimonio de la presencia de Dios, un signo de acogida y de esperanza, y un anhelo de solidaridad ante las causas más nobles y urgentes del mundo de hoy, especialmente la de la paz. |
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Nuestra Orden surgió en Francia en el siglo XI, 1098, propiciada por los santos monjes Roberto, Alberico y Esteban, y cuyo gran impulsor fue san Bernardo de Claraval. Nos apoyamos en el Regla de san Benito, del siglo VI, actualizada en nuestras actuales Constituciones. Nuestra vida se equilibra en los dos polos clásicos del trabajo, preferentemente manual, y la oración, vivido todo en un clima de fraternidad y sencillez, en un marco apartado que nos permite realizarlo con naturalidad, en acogida sencilla, familiar y cercana de aquellos que vienen a este lugar. La vida comunitaria se estructura bajo la figura de un hermano que hace las veces de Cristo en el monasterio, guiando y estimulando a todos y cada uno de los monjes. Algo importante en una forma de vida donde se promete permanecer siempre en la misma comunidad. El silencio juega un papel importante como actitud continua de apertura y escucha en la que queremos vivir continuamente, base de nuestra dimensión contemplativa. |
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| La comunidad es pequeña pero tratamos de cuidar la liturgia, que atraviesa nuestra jornada, para que dentro de la sencillez se haga presente la dignidad y profundidad de lo que se realiza. El apartamiento que supone nuestro habitat y la clausura no es signo de separación, y mucho menos de rechazo. Cuando precisamente la acogida es una característica de toda vida monástica, este apartamiento es ante todo signo de una opción que manifiesta el núcleo donde ponemos la vida, Dios, y un medio para conseguir nuestros fines, manifestación de dónde sentimos lo esencial. Es signo de nuestra disponibilidad continua y de nuestro servicio de alabanza que asumimos de manera continua como deseo y manifestación de la Iglesia orante. Ciertas opciones que suponen algunas renuncias llevan el signo de la solidaridad con quienes carecen de medios, la ausencia de propiedad personal, la sencillez en la alimentación y el no comer habitualmente carne, el no tener tiempos de recreación diaria o no disponer de vacaciones. Y todo ello con un sentimiento profundo de alegría, a través de la cual el monje pone de manifiesto la convicción de lo que mueve su existencia. |
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La acogida de los monjes se manifiesta de muchas maneras, pero hay dos medios concretos que aparecen de manera significativa: la liturgia y la hospedería. |
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| Le sigue a las 8 de la mañana la celebración de la eucaristía con el rezo de Laudes. A las 10 de la mañana se abren una serie de “Oficios” que denominamos “menores”, ya que son breves, y que marcan el ritmo de oración continua con la que los monjes consagramos la jornada, como alabanza constante a Dios. La primera se denomina Tercia, la segunda Sexta, a las 13,30, y la tercera, Nona, a las 15,30. Al final de la tarde, a las 19,30, está el Oficio de Vísperas, y culmina el día con el Oficio de Completas a las 21,45, clausurando toda la jornada con el canto gregoriano de la Salve. Esta liturgia pública conforma como la columna vertebral de la oración monástica, el tiempo que queda entre ellas lo ocupan las demás actividades, según las necesidades y las tareas de cada uno: el trabajo, la oración personal, el estudio, la acogida. |
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La hospedería del monasterio es el otro ámbito especial a través del cual el monasterio pone de manifiesto su labor de acogida. |
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| Para grupos que quieran trabajar un día, sin pasar noche, el espacio del comedor y salas puede acoger hasta cuarenta personas. Todos los huéspedes que lo deseen pueden participar en los Oficios litúrgicos de los monjes. También, si lo solicitan, pueden contar con la presencia de algún monje a nivel de diálogo o acompañamiento espiritual. |
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El monasterio cuenta con una pequeña tienda en la que los monjes vendemos los productos que elaboramos, junto a los de otros monasterios, ayudándonos así unas comunidades a otras. Los monjes de Zenarruza trabajamos la repostería elaborando pastas de te y dulces: rocas de chocolate y bombones de fruta, diferentes mermeladas y dulce de membrillo. |
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