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Cuatro momentos dividen la historia de Zenarruza a partir del siglo X en que se produce el inicio de un cambio significativo en esta bifurcación de caminos. |
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Es así como cómo del siglo X al XIV, Zenarruza va a experimentar su proceso de desarrollo. Los pobladores del lugar no erigieron una ermita sino la nueva parroquia, bajo la advocación de la Asunción. Así apareció un pequeño núcleo habitado, que se convirtió en el centro sociorreligioso, que convertirá a Zenarruza en anteiglesia. Pero este primer acontecimiento marcó el lugar y lo convirtió en núcleo, no sólo de sus habitantes, muchos fueron quienes de todos los alrededores manifestaron su deseo de ser enterrados en el lugar, como garantía de salvación. Es así como Zenarruza se convirtió en un lugar deseado y buscado. Pero lo especial del enclave hizo que también bodas, bautizos, fiestas sociales, se multiplicasen en él, y que las familias nobles lo asumieran como enclave, de alguna manera propio. |
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A finales del siglo XIV las familias más representativas de la zona decidieron poner en común parte de sus bienes para que se estableciese en el lugar un grupo de clérigos que diesen culto a Dios y a su santísima Madre y rezasen por sus vivos y difuntos. Es así como Zenarruza vio elevada su categoría de parroquia a colegiata y erigida como tal en 1379, por don Gonzalo de Mena, obispo de Calahorra y La Calzada, diócesis a la que entonces pertenecía Vizcaya. Éste constituyó el segundo momento importante que se prolongó hasta el siglo XIX. Una época con sus luces y sombras que dio peso y nombre a este enclave. Su importancia se puso de manifiesto en el ámbito espiritual, con una fuerza de atracción importante en su culto y, de modo especial, en los enterramientos; también en el terreno social y de la cultura, de la que se preocuparon de modo especial los canónigos, dotándose de una importante biblioteca y fomentado los estudios de muchachos con cualidades de la zona. De igual manera su sensibilidad se dejó notar en el arte, manifestado en la construcción de la bella iglesia y claustro que hoy podemos disfrutar, y que mereció en 1948 ser reconocido como monumento nacional de Euskadi.. |
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También en ciertas épocas, según los propios avatares de la historia ajena al lugar, tuvo su importancia el hospital que acogía a peregrinos y caminantes. La historia fue derivando las situaciones por nuevos derroteros y, poco a poco, Zenarruza fue dejando de ser ese lugar estratégico en la provincia y perdiendo vitalidad. En 1851, un nuevo Concordato con la Santa Sede en el que se actualizan las listas de Colegiatas, Zenarruza no es integrada, con lo cual, la que había sido primera y única Colegiata de Vizcaya, paso a su primer rango de parroquia de un pequeño núcleo de caseríos. |
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Desde que deja de ser Colegiata hasta finales del siglo XX, Zenarruza vivió una etapa sencilla, oscura y de deterioro en su conjunto monumental. La desaparición de la comunidad que vivía en ella y sucesivos incendios, fueron abocando el conjunto a una situación límite. La peculiaridad de su historia en Vizcaya y el valor de su conjunto artístico, hizo que la Diputación asumiese un plan de revitalización en conjunción con la diócesis de Bilbao. Así, a partir de 1980 comenzaron las obras de restauración de los edificios que quedaban en pie, especialmente de su bella iglesia del siglo XV. En 1988 se asentó la primera comunidad de monjes cistercienses, venidos de la abadía de Santa María de la Oliva, en Navarra, que iniciaron una nueva etapa en Zenarruza convirtiendo este enclave en monasterio cisterciense. Desde entonces esta comunidad ha tomado cuerpo, su culto abierto y su hospedería están dando a este lugar un nuevo aire de vida, haciendo posible que Zenarruza vuelva a recuperar la base de esa dimensión de espiritualidad que fue la que originó su nacimiento. |
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