INTRODUCCIÓN |
| 1.- INTRODUCCION (1) 12-11-2003 |
| 2.- INTRODUCCION (2) Valores monásticos |
| 3º.-LA RB EN SU HISTORIA HASTA EL SIGLO XII. |
Doy comienzo a una serie de comentarios de la Regla de S. Benito, que originariamente sólo tenian por finalidad la exposición diaria a la Comunidad de Zenarruza en la reunión capitular diaria. Esta es la causa de que no se citen los diversos autores que me han servido de guia en esta exposición. Estos son principalmente: D.Sinfoeriano Bernigauo, Aldabert de Vogüe, García M. Cplombás Cassiá M. Just, Joan Chittister, Agustín Roberts,Miquel Estradé, Anselm Grün, Armand Veilleur. Con motivo del Capitulo General de Asís en 2005, algunos capitulares me animaron a publicarlos y me pareció que la manera más sencilla de hacerlo era a través de la página Web de nuestro monasterio. Según me lo permita el tiempo, irán apareciendo ya que en este momento pasan de 350 las conferencias dadas a la Comunidad sobre la Regla de S. Benito.
REGLA BENEDICTINA, REGLA DEL MAESTRO.
Aunque la RB no es una obra nueva ni aislada, grandes han sido los elogios que ha recibido a través de los siglos. Testimonio de los Papas desde S. Gregorio hasta nuestros día la han visto como una manera concreta de vivir el evangelio y lo más puro de la tradición patrística y monástica. Instrumento de santificación para innumerables almas a lo largo de catorce siglos de existencia.
La RM que hasta 1937 se había tenido como un plagio o mejor una paráfrasis de la RB, el mundo erudito ha cambiado de postura.
Este he escrito anónimo que se conoce con el nombre de RM es la más larga de las reglas monásticas. Recibe este nombre por comenzar sus capítulos con la frase:”pregunta el discípulo” y “responde el Señor por el Maestro”. Tiene numerosos e importantes contactos con la RB. hasta el capítulo del portero, en el que parece que termina la primera redacción del texto benedictino, ya que en los capítulos siguientes encontramos duplicados de las partes anteriores.
No obstante, a pesar de estos rasgos parecidos, la RM es diferente desde muchos puntos de vista de la RB. Ceremonias y rúblicas extrañas por no decir absurdas, descripciones del cielo tomadas de Fuentes apócrifas hacen la RM muy diferente de la RB.
Los argumentos que dan la prioridad a la RM son varios. Uno de los más importantes se desprende del estudio del vocabulario. Hay una serie de palabras que aparecen en las partes comunes de las dos reglas y siguen apareciendo en la RM y no así en las otras partes de la RB.
La constatación de las fuentes también nos lleva a la misma conclusión. En la parte común se encuentran una serie de textos que son citas. Los escritos citados en la parte común vuelven a aparecer citados en la parte propia de la RM. Sin meternos en más detalles, podemos concluir que las palabras comunes a ambas reglas y la RM son del mismo autor, mientras que la RB es de un autor distinto que ha hecho suyas las partes comunes.
Un tercer indicio de la prioridad de la RM está en las instituciones. Aunque la RM es más precisa y detallada, estudiada en sí la institución, se nota menos desarrollada. En la RM no aparecen ni el Prior, ni el maestro de novicios, ni el cocinero para los huéspedes, etc. Y lo mismo por lo que respecta a los locales.
Por último la RM tiene un plan mucho más claro que la RB. Hay una serie de cap. de la RB que no se ve la razón de su colocación, pero se explica cuando se les mira comparándoles con la RM.
Con esto no quitamos nada al mérito de la RB, no es un plagio de la RM. El uso que hace de las fuentes la RB es de gran independencia. El gran maestro de S. Benito, Casiano es utilizado de tal modo que en lugar de mostrar una indigencia en S. Benito, muestra una gran personalidad, al tomar o dejar las doctrinas de Casiano según le parece oportuno. Lo mismo respecto de Agustín y S. Basilio, que a pesar de llamarle “nuestro Padre” en varios puntos se separa de sus prescripciones.
En muchas ocasiones, las palabras de la RM sirven solo de pie para tratar del tema en una línea distinta.
En la RM no encontramos doctrinas tan hermosas como los cap. 72, 64, 58, 59 de la RB. La RB está sembrada de pensamientos sobrenaturales incluso en los cap. de orden disciplinar, cosa que buscaríamos vanamente en la RM. La RB supera a la RM en claridad, concisión, discreción elevación y sabiduría.
Podemos terminar diciendo con D. Delatte que es una expresión acabada y definitiva del ideal monástico.
2.- INTRODUCCION (2) Valores monásticos
Como entrada al comentario de la RB voy a tratar de hacer un resumen de los valores monásticos que encontramos en ella. Como es evidente se trata solamente de un esquema y todo esquema tiene el peligro de tener un aspecto de caricatura y no se puede expresar en toda su riqueza cada uno de estos valores. Pero puede ser útil hacer este esquema.
Se puede poner la conversión como base. La conversión tiene dos aspectos: uno negativo y otro positivo. El aspecto negativo es apartarse del pecado y de todo aquello que nos puede llevar al pecado. Es lo que podemos llamar en general la ascesis. El aspecto positivo es el buscar a Dios o también unión con Dios. Así tenemos: conversión, ascesis y unión con Dios.
Entre los dos extremos, ascesis y unión con Dios, podemos colocar la comunidad, pues en la comunidad donde hemos de encontrar a Dios.; pero vivir en comunidad es ya una ascesis.
Alrededor de estos tres puntos, buscar a Dios, Comunidad y Ascesis podemos coloca r todos los demás valores.
Alrededor de la unión con Dios podríamos colocar la oración pública o coral, la oración personal. Después la lectio, la soledad, el silencio., todo lo que se relaciona más íntimamente con Dios. Aquí también podemos colocar la devoción a la Virgen ya que nuestra orden tiene esta fuerte tradición, aunque no la encontraremos explícitamente consignado en la RB., pero ciertamente nos puede ayudar a realizar la unión con Dios.
Junto a la comunidad tenemos que colocar la estabilidad, por cuyo voto tenemos que permanecer con la comunidad, en comunidad.: el trabajo manual para ayudar a subsistir a la comunidad; las relaciones fraternas que ciertamente son muy importantes.
También podemos poner la acogida, la apertura a los huéspedes, ya que la acogida no es una cosa exclusiva del P. Hospedero, sino que es más bien de toda la comunidad la que acoge a los huéspedes que llegan al monasterio. Algunas veces se oye comentar a algunos huéspedes que dicen: “Me agrada esta comunidad, pero no es precisamente por el Padre que ha hablado conmigo: es toda la comunidad, es el ambiente, es la atmósfera la que me habla a mí. Se ve, se palpa que hay un grupo, una comunidad que busca verdaderamente a Dios”. Esta es la acogida que tenemos que dar a los que llegan a nosotros: dar testimonio de que somos unas personas que buscamos a Dios.
Alrededor de la ascesis colocamos los tres votos: pobreza, obediencia y castidad. Aquí es donde quizás se acentúa más el aspecto de caricatura, puesto que estos tres votos no son exclusivamente ni principalmente ascesis; pero hemos de reconocer que algo de ascesis se encuentra en su base.
También en la parte ascética tenemos que poner las vigilias, el ayuno, la abstinencia, la humildad y todas aquellas cosas que en la vida ordinaria se pueden hacer difíciles.
Este puede ser el esquema de los valores monásticos cistercienses. Alguno puede preguntar cual es en este caso la diferencia con los benedictinos.
Podemos afirmar que los benedictinos aceptan todos estos valores, excepto quizá en muchos monasterios el trabajo manual.
La diferencia entre estos valores vividos por los cistercienses de los benedictinos es que nosotros intentamos vivirlos de un modo muy simple y con un matiz de austeridad. No hay que cargar tintas sobre este aspecto penitencial de austeridad. Rance insistió un poco demasiado, dando ocasión a cierto rechazo contra La Trapa, para buscar el auténtico espíritu cisterciense. No obstante hemos de reconocer que esta nota de austeridad es peculiar del Cister. Y sobre todo aún más la simplicidad.
En los monasterio benedictinos se han añadido otras cosas a los valores monásticos, por ejemplo asisten a parroquias, o hacen apostolado directo, o publican revistas tienen el apostolado del canto… Estas cosas completan los valores monásticos pero complican el modo de vivir estos valores monásticos.
Nosotros en general no añadimos nada: son valores monásticos y solo valores monásticos, por eso digo que nuestra vida es más simple, no admitiendo nada que nos pueda complicar la vivencia de estos valores. De modo que si los complicamos perdemos algo importante en nuestra vida.
Lo esencial es buscar la voluntad de Dios, pero el modo de expresar este valor puede cambiar, como los demás valores. El P. General nos ha presentado un cuadro en el que se indica la manera preponderante que en cada época del siglo XX se han vivido estos valores. Los matices que se han resaltado, aunque sin olvidar los de otras épocas.
Así antes nos comunicábamos por señas, y se creía que haciendo señas continuamente, se guardaba el silencio. Ahora se permite hablar y esto no quiere decir que se vaya contra el silencio. El verdadero y auténtico silencio consiste en conservar la paz y la tranquilidad interior para estar siempre en la presencia de Dios y para mejor orar. Si criticamos acciones, estamos atentos a toda información, si estamos atentos a todo lo que hacen los demás, no hay auténtico silencio. Hay que reconocer que la expresión del valor del silencio es distinta ahora de años anteriores. Si cuando hablamos lo hacemos siempre con caridad, con relación a Dios y siempre con Dios, no encontraremos contradicción entre silencio, palabra y comunicación.
La reflexión pausada sobre la Regla, nos puede ayudar a resaltar todos los valores que deben aparecer en nuestra vida para que sea auténtica.
3º.-LA RB EN SU HISTORIA HASTA EL SIGLO XII.
Con el paso del tiempo, la RB se convirtió en un código indiscutido de los monjes de occidente. Pero la mente del autor tenía pretensiones más modestas. En el cap. 73 declara sin ambages, en contraposición de la autosuficiencia que tiene la RM, que lo que ha esbozado, es para que “observándola en los monasterios demos prueba al menos de alguna honestidad de costumbres, o de un principio de vida monástica”.
Es evidente que la RB es una regla entre otras reglas, sin originalidad especial, pero sí, una síntesis admirable de la tradición oriental y occidental. Y es evidente también, que S. Benito no pensaba, ni mucho menos en la fundación de una Orden en el sentido moderno.
Por otra parte, incluso si hubiese sido esa su intención, los hechos se encargaron pronto de desmentirla.
Hasta el siglo VIII no se empieza a hablar de una vida monástica “sub Regula Santae Benedicti”, lo que indica que el régimen de “regulae mixtae” existía en aquella época, por lo que unos monjes podían esccoger la RB con preferencia a otras reglas.
Durante el siglo VIII y sobre todo a partir del IX la formula de “Secundum regulae Santae Benedicte” mantiene el mismo significado, pero no quiere decir que la RB fuese observada en su integridad. Sus prescripciones eran adaptadas a las costumbres y necesidades de cada casa.
La reforma monástica comenzada por el emperador Carlomagno y continuada por su hijo Ludovico Pío, ayudado por Benito de Aniano, intentó unificar los monasterios del imperio, convirtiéndolos en benedictinos, mediante la adopción de la única regla, la RB.
A partir del Concilio de Aquisgran 817, los monjes tuvieron que escoger una regla que les distinguiese de los canónigos. Pero es el mismo Benito Aniano el que afirma que las distintas reglas no se contradicen, sino que se complementan y completan la RB. Y esto porque en la RB no ve un reglamento de vida a observar, y por ello introdujo en la práctica diaria observancias contrarias a la RB.
En el siglo IX nacen las “consuetudines” monásticas, manuales de costumbres que son verdaderas adaptaciones de las normas prácticas de la RB a las condiciones de vida de los distintos lugares, a menudo muy diferentes de la Italia central del siglo VI.
En los siglo XI y XII los antiguos monasterios benedictinos se agrupan en Ordenes, la más importante será Cluny con sus “consuetidines” propias. Y en esta época surgen nuevas Órdenes que de alguna manera quieren volver a la RB. La más importante será Cister.
Los cisterciense, no obstante, tendrán sus propios “Instituta” y “usos”. El mismo S. Bernardo que amaba ardientemente la RB, afirmando ser la ley indispensable y suficiente para que el monje llegue a Dios. Pero para S. Bernardo la RB es la expresión de un ideal, no una colección de prácticas a observar. Una obra doctrinal, que contiene una enseñanza espiritual y tiene un valor legislativo solo en cuento trasmite doctrina espiritual. D. Lecrecq señala como S. Bernardo no duda en violar la letra de la regla para ser más fiel al impulso del Espíritu Santo.
Tanto en Cister, como en los movimientos de reforma que le siguieron, a pesar de sus deseos de literalismo, se vieron obligados a utilizar al lado de la Regla las cosuetudines.
La permanencia de la RB a lo largo de los siglos, no la ha conferido un carácter, que no tiene en sí misma, un valor absoluto. Tener esto presente en los estudios históricos evita muchos mal entendidos.