Capítulo LXVIII

Si a un hermano le mandan cosas imposibles

 

 

471.‑ Si a un hermano le mandan cosas imposibles.  68.

471.‑ Si a un hermano le mandan cosas imposibles.  68.

No hay nada que no sea infinitamente venerable en la Regla. Con todo, las últimas páginas escritas por nuestro bienaventurado Padre en la plenitud de sus años, de su conocimiento de las almas y de su santidad, se asemejan a un testamento espiritual y tienen para nosotros valor de eternidad. Están enteramente bañadas del resplandor de Dios e impregnadas de su dulzura. Así comienza el P. Delatte su comentario a este capítulo 68 y que según A. de Vogüe, por citar a otro autor perteneciente a otra generación y a otra escuela, constituye uno de los pasajes más preciosos de la R.B.
Después de estos comentarios, huelga decir nada sobre su doctrina tan firme, tan matizada, tan sobrenatural y tan humana.
Hacia el final de la Regla, S. Benito vuelve a ocuparse en este capítulo, como un apéndice del cap. 5  sobre la obediencia.
                Nos presenta el eventual caso de una obediencia difícil como lo indica el título. ¿Cómo tiene que reaccionar el monje?
Aquí se revela el autor de una manera muy diferente de cuando escribió el capítulo 5. O no es el mismo, o ha madurado tan extraordinariamente, que ya no parece el mismo.
En el capitulo quinto se puede decir que la obediencia está enfocada desde el punto de vista del abad. En este 68 desde el punto de vista del monje. En el capítulo quinto se expone una doctrina austera y exigente, teórica. En este una enseñanza por lo menos tan sobrenatural y en el fondo más exigente, pero al mismo tiempo llena de humanidad, de comprensión, de penetración psicológica. No hay duda que nos encontramos ante una de las perlas más finas engarzadas en la R.B. Capítulo admirable no sólo desde el punto doctrinal, sino incluso literario.
Los buscadores de fuentes, presentan algunos paralelos interesantes en los que pudo inspirarse S. Benito. Desde luego de ninguna manera se inspiró en la RM. Según ella, la negativa del hermano a acatar inmediatamente y sin rechistar la orden de su abad, merece sin más la excomunión y la correspondiente reprimenda.
Pueden citarse como fuentes, la Regla de S. Basilio 69, el Pseudo Basilio, S. Cesáreo de Arles o Casiano en Inst. 4,10. Estos cuatro autores se plantean poco más o menos el mismo caso, pero lo resuelven de un modo diferente. La regla Basiliana no reconoce a la obediencia más límite que la muerte, y exige que todo se deje a juicio del superior.
El Pseudo Basilio y Cesáreo de Arles no consideran más que la anulación de la orden. Casiano, como siempre exigente, pide que esta se ejecute o a lo menos se intente ejecutarla con toda energía y sin la menor vacilación. Y no solamente es diferente el desenlace, sino que falta en estos textos casi todo el proceso psicológico‑pedagógico tan maravillosamente descrito por la RB y que conduce al término.
S. Benito nos ha confiado su secreto, nos ha trasmitido su ideal: hacer del monje no un simple obediente, sino hacer que su obediencia sea como la del Señor, por el Señor y en el Señor. "Se hizo obediente hasta la muerte".
Si la Regla la considera S. Benito como una manera de vivir el evangelio, ¿donde mejor podemos descubrir el fundamento cristológico de este capítulo sino en la consideración de la oración de Jesús en el Huerto tal como nos la describen los evangelios? En ella encontramos a Cristo ante un mandato muy difícil, muy doloroso. Expone ante el Padre no sólo con palabras, sino con todo su ser, el rechazo. Termina abrazándose con la voluntad del Padre, de quien recibe la ayuda del ángel y sale fortalecido y decidido "ser obediente hasta la muerte"

 

4 72. –Obediencia dialogada.

 Cuando a un hermano le mandan alguna vez obedecer en algo penoso para él o imposible, acoja la orden que le dan con toda docilidad y obediencia. Pero si ve que el peso de lo que le han impuesto excede totalmente a la media de sus fuerzas, exponga al superior con sumisión y oportunamente las razones de su imposibilidad. 68, 1‑3.

Mandar cosas penosas o imposibles ¿no es acaso contradecir a la discreción propia de la RB y de la promesa de S. Benito en el prólogo de no ordenar nada que rebase las fuerzas humanas? Bien mirado no hay contradicción.
Este capítulo mirado con detención, no ofrece dificultad alguna en su interpretación. Basta leerlo detenidamente para descubrir su profundo sentido espiritual y humano. Todas las palabras tienen su propio peso y significado y están en el lugar que les corresponde.
Tiene como cuatro partes. En primer lugar el monje recibe una orden difícil o imposible de cumplir con toda humildad y sumisión. No protesta ni se alborota. Simplemente acepta lo que le mandan.
En un segundo momento, después de sopesar la orden recibida, comprueba que excede a sus propias fuerzas y la regla le autoriza a someter al juicio del superior la razón de su dificultad con sumisión y con oportunidad, dos cualidades positivas. Oportunidad por lo que se refiere a saber esperar el momento adecuado. Cuando uno está tranquilo y nos consta que el superior lo está igualmente. Escogiendo el lugar favorable. No es cuestión de diplomacia o doblez, sino de prudencia y caridad.
Sin soberbia, resistencia o contradicción. (Tres notas negativas), todo lo que tenga apariencia de pasión o de oposición sistemática. Esta es la actitud propia de un monje humilde.
En un tercer lugar, y supuesto que el superior no cambie de opinión y mantenga lo ordenado, sepa el hermano que le conviene obedecer, es decir que se encuentra en este apuro para su propio bien, ya que tiene la oportunidad de demostrar a Dios no a los hombres, la sinceridad y vehemencia de su amor y toda la confianza que tiene en el auxilio de la gracia. Por eso termina diciendo que obedezca. Es la actitud de humildad que ya se había descrito en el cuarto grado de humildad.
Sin restar nada a la doctrina de la obediencia, el cap. 68 la ha humanizado, la ha puesto a nuestro alcance.
No se nombra a Cristo en todo este capítulo, pero como ya adelanté en la conferencia anterior, la obediencia perfecta que enseña S. Benito no pretende ser una proeza ascética. Toda su fuerza proviene del ejemplo de Cristo, de la unión con Cristo. Ünicamente el ejemplo de Cristo justifica este capítulo 68, ha escrito H.U von Balthasar.
Si el monje conforme a este capítulo de la Regla presenta al superior sin espíritu de contradicción, los motivos de la repugnancia a la
orden recibida no harán más que seguir el ejemplo de Cristo en Gethesemani y si a pesar de todo el abad mantiene su mandamiento, el hermano obediente seguirá a Cristo hasta la cruz.
En la práctica los "impossibilía" a los que se refiere S. Benito, según se desprende de la regla y de su vida no tienen que ver nada con los "impossibilia" de que habla Casiano. Expresiones idénticas pueden expresar realidades muy diferentes.
¿Lo quieres tu mi Dios y Señor? Pues yo también lo quiero. Desde este momento todo resulta sencillo, fácil. En el Señor ha puesto su esperanza y confía en su gracia. Esto es lo que nos pide S. Benito.
No la actitud del niño que obedece por temor a los azotes. No la disposición de quien se resigna al no vislumbrar otra salida, sino a una adhesión intelectual tranquila a una sumisión derivada de la ternura, un profundo acto de fe, esperanza y caridad.
Posiblemente no se necesita un milagro para llegar a un resultado positivo, ya que las supuestas imposibilidades están frecuentemente hechas de falta de magnanimidad. A menudo olvidamos de que para que algo se haga hay que hacerlo.

Volver al Indice