381.- Los semaneros de cocina.
Los hermanos debe servirse mutuamente, y nadie quedará dispensado del servicio de la cocina a no ser por causa de enfermedad o por otra ocupación de mayor interés, porque con ello se consigue una mayor recompensa y caridad. (35,1-2)
La lectura de este capítulo no ofrece mayor dificultad. Su plan es bastante coherente. A las normas generales del servicio de la cocina v 1-6, se añade sumariamente los ritos con los que terminan la semana el sábado, entre los que se destaca el lavatorio de los pies 7-11, y la salida y entrada de nuevos servidores el domingo después de Laúdes. 15-18.
Son ceremonias sobrias, pero elocuentes observadas hasta la reforma del Vat. II, que subrayan el espíritu religioso y el amor fraterno que tienen que animar todos los actos de los monjes y de la importancia que tiene este servicio diario, rutinario sin relieve alguno.
Las únicas dificultades de interpretación se presenta en el inciso sobre el suplemento de pan y vino concedido a los semaneros, 13-14, ya que su situación entre ambos rituales es anormal y hace pensar en una interpolación. Pudiera tratarse de una añadidura inspiradas por las reglas de S. Cesáreo de Arles y de S. Agustín.
La exigencia de una hora antes de la comida, no parece dudosa. Se refería a los días en los que comía una sola vez.
La palabra missas no indican las preces que preceden inmediatamente a la comunión en la liturgia eucarística, sino a las preces de acción de gracias al final de la comida.
La RB buscando el bien espiritual de los monjes, se ocupa de las disposiciones internas de los servidores y las condiciones concretas de su trabajo. Esto es el origen de las dispensas, de los ayudantes y de suplentes a los servidores, a fin de evitar la tristeza y la murmuración.
El tratado de la RB en estos capítulos, manifiesta un rostro muy humano muy diferente del minucioso y pintoresco reglamento de la RM.
Comparado con el Maestro, Benito da pocas precisiones reglamentarias. Se preocupa más de detallar el espíritu que ha de acompañar a estas observancias que de detallarlas.
El orden de los ritos que tanto aprecia la RM, da lugar en la RB a su preocupación dominante: el bien de las almas. Influenciado por S. Agustín se interesa por las diferencias individuales, por los sentimientos íntimos, por las relaciones mutuas de las almas. Se presiente ya aquí lo que se manifestará claramente al final de la regla, al tratar del orden de los monjes y en el apéndice al tratar de la obediencia en las cosas imposibles y del buen celo.
El conjunto de los cap. 31 al 41 como ya hemos indicado estan llenos de humanidad, pero profundizando en ellos, encontramos una doctrina de gran interés para la vida cenobítica y de sus estructuras.
Servir es la primera consigna que se desprende es estas páginas. Bajo las dos fórmulas latinas que se presenta: ministrare y servire con sus derivados, traducen un verbo griego diferente en los dos grandes textos paulinos, a los que el mismo Benito se refiere explícitamente o implícitamente.
Ministrare, (diakonei), es el servicio oficial del diácono que en la regla se evoca a propósito del mayordomo. Servire, (douleuein) es la servidumbre espontánea, el servicio mutuo de los cristianos a la que Benito alude para caracterizar la tarea de los semaneros de cocina.
El servicio de los semaneros, es no solamente mutuo y por turno, sino también reglamentario y oficial. Por ello lo llama ministerio en este cap. 35. “Los que ejercen bien su servicio alcanzan un puesto honroso” Tim 3, 13. “Servios con amor unos a otros” Gal 5,13.
Estas son los dos fundamentos bíblicos que a juicio de Benito, fundamentan las funciones del mayordomo y de los semaneros de cocina, del enfermero, de todo los que tienen alguna responsabilidad en el monasterio.
La recomendación de servir por amor los unos a los otros hace pensar en el lavatorio de los pies en la Última Cena. Una serie de palabras explícitas relaciona el gesto de Jesús con la caridad con la que ha amado a sus discípulos y estos son llamados a actuar de la misma manera, con el mismo espíritu.
Notemos que tanto en Benito como en Casiano, el lavatorio de los pies es justamente el rito con el cual los semaneros de cocina terminan su semana. De este modo su servicio aparece como imitación de Cristo y como obediencia a su mandamiento.
382.- Dense ayudantes a los débiles para que no hagan este trabajo con tristeza, y aún tengan todos ayudantes según el estado de la comunidad y la situación del lugar. 35 3-4.
S. Benito elige la comida comunitaria, para evidenciar en este momento de la vida en el que la Eucaristía se hace vida para los monjes fuera del oratorio su aspecto espiritual y humano.
Es en este trabajo de la cocina es donde se prepara aquellas cosas que son el sustento de los hermanos, mostrando así el amor y el servicio.
Si examinamos en su conjunto a la RB, se distingue por el realismo sobre todo cuando se refiere a la alimentación de los monjes. Presenta una forma concreta del mutuo servicio que ha de inspirar las relaciones comunitarias. “Los hermanos han de servirse unos a otros”. Con todo, quiere que a los débiles se les tenga en cuenta y se les preste ayuda. Esta ayuda se ha de prestar también a todos en general si las circunstancias de la comunidad por su número, o del lugar así lo requieren.
A primera vista se ve como quiere que las tareas no resulten demasiado penosas para los hermanos, a fin de que no se hagan con tristeza, y más adelante vuelva al tema cuando dice:”sirva a sus hermanos sin murmuración ni excesiva fatiga”. (13)
Hay una referencia constante al objetivo principal de la opción monástica, la caridad. Incluso en los capítulos dedicados puramente a cuestiones administrativas. Así en este afirma:”así se consigue una mayor recompensa y mayor caridad”.
La disposición de que los semaneros reciban una hora antes de la comida un poco de vino y de pan, tiene la misma finalidad de evitar la excesiva fatiga y la murmuración y se manifieste la caridad. Los servidores están para servir, no para pasar hambre viendo como los demás están comiendo.
Los servicio mutuos entre los monjes, son costumbres monásticas antiquísimas como se puede comprobar en las Instituciones de Casiano 4.
En la tradición benedictina se parte de que el trabajo ha de ser productivo y provechoso, pero no agobiante. Se preste ayuda siempre que sea necesaria. No se pretende cargar a unos por el bien de los otros, en nombre de la comunidad, sino hacer el trabajo posible para todos, para que la comunidad pueda prosperar en gozo.
La sustitución o cambio en el servicio de cocina se hace el domingo, el día del Señor, que tiene un relieve notable en la vida del monasterio.
El sencillo ritual de la acción de gracias para los que terminan el servicio semanero y la intercesión por los que comienzan en la semana siguiente, resalta la perspectiva de fe que S. Benito infunde en todas las expresiones de la vida monástica. En el monasterio benedictino no han nada profano, puramente mundano. La bendición para los semaneros de cocina les da cierta consagración religiosa.
Hoy no es posible seguir a la letra lo que dice este capítulo porque la cocina requiere cierta habilidad en nuestros días, y no hace posible el cambio semanal. Si bien en muchos monasterios actualmente solo tiene aplicación para los que sirven a la mesa, que piden la bendición al final del oficio de laúdes del domingo.