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La existencia de un hospital para acoger a caminantes y peregrinos pone de manifiesto la importancia que como lugar de paso tuvo Zenarruza desde tiempos antiguos.
Al poco tiempo de iniciar su andadura, la comunidad tiene que pedir protección al rey Juan I, ante los asaltos que sufren por parte de los dos bandos que se peleaban en la zona; el rey accede a ello, y pone como condición que se erija un hospital que acoja a todos los que pasaban por el lugar. Para su mantenimiento les concedió las rentas de la iglesia de Bolívar.
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Este hospital sufrió los altibajos propios de los avatares del camino, con épocas de fuerza y otras de paralización, lo que hizo que en el siglo XVI se encontrase en condiciones muy precarias. Fue el abad Diego de Irusta quien lo volvió a levantar y darle fuerza. Más tarde, y conforme surgían nuevos caminos de paso, volvería a entrar en otra etapa definitiva de decadencia.
El camino de Santiago por la costa, dada sus dificultades y riesgos, prácticamente desapareció a favor del denominado “camino francés”.En la actualidad, dada la saturación de este último, y tal vez los deseos de novedad y de recuperar antiguas rutas, el camino del norte o de la costa está despertando de su letargo y multiplica año tras año el paso de peregrinos provenientes de todas las partes del mundo. Una eclosión que ha pillado sin estructuras de base el recorrido pero que empieza, poco a poco, a establecerse.
El primer punto de parada del camino una vez entrado en Vizcaya es la villa de Markina, el siguiente es Gernika antes de llegar a Bilbao. Zenarruza es punto de paso obligado, para sellar su “Compostela”, y algunos para rezar con los monjes y pedir la bendición del peregrino. También alguno, alterado en su plan de caminante, necesita hacer de este marco el ámbito de su descanso, por lo que el monasterio cuenta con una pequeña sala con cuatro literas para poderles acoger.
El lugar, después de la subida, supone un respiro para el cuerpo, para la vista y para el espíritu. |