Semana 26 viernes B

TIEMPO ORDINARIO

 

Viernes 26º

 

 

LECTURA:          

Lucas 10, 13-16”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: ¡Ay de ti Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.

 

 

MEDITACIÓN:         

“¿Piensas escalar el cielo?”

 

            Es curioso, muchos se empeñan en negar la posibilidades de algo más allá de nuestra realidad, y pretenden negar a o apartar a Dios des vidas. Es parte de la primera tentación del paraíso, pero no para desvincularse de esa dimensión que tiene que ver con la raíz divina, sino para constituirse ellos en dioses y señores, y cuando eso sucede sabemos muy bien cuáles son las consecuencias.

 

Pero esa es la realidad universal y eterna desde que el hombre aparece en la tierra, y así, nos lo presenta la narración, a modo de catequesis, de los orígenes. Y así se va poniendo de manifiesto a lo largo de la historia. Ahí está la otra narración de Babel y nuestras propias babeles de hoy, que nos separan y nos desintegran en lugar de ayudarnos a unir a crear lazos, a superar divisiones, a trabajar todas esas expresiones tan con convencidas con grandilocuentes de solidaridad, fraternidad, etc, etc.

 

Y es que cuando todo eso lo pretendemos apoyar en nosotros solos, tarde o temprano se nos cae. Pretendemos escalar el cielo cuando en realidad no tenemos capacidad para eso por nosotros mismos. El cielo es un don y no se alcanza a base de puños sino de ponernos en manos del Señor, porque es sólo él quien nos puede introducir en ese ámbito y sostenernos en él. No así nosotros. Podemos dar saltos, pero para luego caer a la realidad de nuestro duro suelo y, puede ser que eso sea lo que nos molesta, lo que seguimos intentando, fracaso tras fracaso, sin hacer caso de la oferta que nos hace Dios, que es quien nos puede hacer sustentar en ello.

 

Pero ahí seguimos, negando y queriendo afirmar, en esa especie de doble contradicción, pero que pone claramente de manifiesto que anhelamos algo más, que no nos basta la mera materialidad de las cosas, ni nuestros razonados proyectos. Que en esas ansias profundas late un hambre de algo más. La diferencia es ser capaces de aceptar que esa elevación es gracias a Dios, y que por ello todavía hace que adquiera más valor. Porque no nos habla no sólo de un empeño inútil, sino de una realidad que nos viene dada, regalada y a la que basta que nos abramos para descubrir toda su fuerza en nosotros.

 

Sí, queremos escalar el cielo, lo necesitamos, porque necesitamos el cielo. Necesitamos saber de nuestra grandeza y de nuestro horizonte, y que desde Dios es siempre un horizonte de vida marcado o desarrollado en el caminar de nuestra vida. De entrar en nosotros no para cerrarnos sino para descubrir no todo el poder que somos capaces de ejercitar sobre los demás, sino para encontrarnos con la capacidad de apertura, de donación, que anida en nuestro interior, en nuestro cielo interior, que tiene capacidad para ir poniendo de manifiesto o construyendo nuestra capacidad de cielo exterior. Sí, podemos escalar el cielo, pero con él y para culminar en él, como proyecto de nuestra historia que tiene sentido en el Dios amor, que es quien la abre y quien lo hace posible.

 

ORACIÓN:           

“Mi corazón auténtico”

 

            Señor, gracias por ese hambre que nos das de más, aunque no sepamos muchas veces interpretarlo ni utilizarlo. Y perdona nuestra incapacidad para reconocer que todo esos dones nos vienen de ti, para agradecerlo y convertirlos en actitudes que puedan hacer que nuestra vida cambie y entre en una dinámica, no de poder sino de  servicio, de entrega, de convencimiento de que todo ello es para hacer camino conjunto, unos al lado de los otros, no de los unos sobre los otros, que es lo que parece que más nos caracteriza. Señor, que esa pretensión, esa necesidad, de alguna manera aprendemos a entenderla no como signo de poder sino de servicio los unos para los otros. Tal vez sea un giro demasiado fuerte pero tú nos dices que es posible que lo llevamos inscrito, y sigues apostando por nosotros, cuando ya parece que nosotros parece que ni lo creemos. Señor, ayúdame a mantener la mirada puesta en ti, para que descubra mi rostro y mi corazón auténtico, y saberme constructor de cielos de humanidad, desde los cuales tú me eleves al tuyo definitivo. Gracias, Señor.

 

CONTEMPLACIÓN:         

“La altura del amor”

 

Hay que mirar adelante,

hay que escalar

y aprender a ver

lo que se juega dentro de mí.

Mirar adelante para caminar y subir,

para elevar mi interior

y ser capaz

de ponerlo a tu altura,

a la altura del amor.

Amor que sólo se da,

que se hace oferta,

que se manifiesta en don

que cambia el corazón,

que le hace volver la mirada

al único que me puede

  hacer posible la subida al cielo

para pisar el barro modelable

de mi historia esperanzada.

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