Semana 24 viernes B

TIEMPO ORDINARIO

 

Viernes 24º

 

 

LECTURA:         

Lucas 8, 1-3”

 

 

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

 

 

MEDITACIÓN:          

“Le ayudaban con sus bienes”

 

            Generalmente es ésta una realidad que se nos pasa desapercibida porque, además de aparecer pocas veces, aunque muy significativas, parece que no ocupan estas mujeres un papel activo en el ámbito concreto de la evangelización, simplemente por su realidad de mujeres que, además no podían entrar en el ámbito del seguimiento de un maestro. Sin embargo, Jesús, como siempre, rompe moldes y esquemas, y dentro, digamos, de la prudencia y de la realidad social de la época, las vemos seguirle en el ámbito de los discípulos.

 

            También rompe los esquemas su estatus social. Jesús no está cerrado a nada ni a nadie, y el modo de seguirle es amplio y entra en el campo de la realidad de cada uno. Y unos harán un seguimiento que les lleva a dejarlo todo, y otros, como estas mujeres, compaginarán su realidad social con su seguimiento, al parecer, bastante habitual, ya que se van a convertir en ese soporte material que un grupo necesita cuando no posee otros medios.

 

            Mujeres que, por otra parte, que pertenecen a un status social más bien alto, esposas de personajes importantes, y con una experiencia común, han experimentado la sanación por parte de Jesús. De manera que su seguimiento es un seguimiento agradecido y fiel, tan fiel a los ojos de Jesús que terminarán convirtiéndose en las primeras en tener la experiencia de la resurrección. Ello pone de manifiesto que aquel seguimiento forjó el corazón y la experiencia de aquellas mujeres, con un coraje y una valentía que desbordaría incluso el modo de actuar de los propios apóstoles que abandonarán en el último momento.

 

            Y de esa manera, con ese silencio pero compañía fiel, su actitud se nos convierte en referencia de entrega y fidelidad. Y es que también nosotros, desde nuestra propia realidad estamos llamados a ayudar a Jesús. Ayudarle con lo que somos y tenemos para que su mensaje siga resonando en todas partes. Ayudar en nuestra iglesia y fuera de ella, en la medida de cada uno, para que Jesús se haga cercano y visible, y sin necesidad de hacer mucho ruido, como esas mujeres.

 

            Tal vez necesitamos también palpar dónde, cuándo y cómo nos ha sanado Jesús. Cómo su vida y su palabra ha tocado nuestra vida y la ha trastocado, la ha dinamizado, le ha dado nueva luz, y la sigue empujando. Porque donde no hay experiencia, donde no hemos sentido nada ni nada nos ha hecho vibrar, es fácil que poco nos mueva  a nada y nos conformemos con lo mínimo. Ser testigos de un amor que nos ha sanado por dentro y de una esperanza que ha abierto nuestros horizontes, y nos permite seguir mirando hacia adelante. Todo eso podemos descubrirlo en el corazón de aquellas mujeres fieles que no han olvidado su encuentro sanador con Jesús en su vidas, que hace que sintamos la necesidad de poner en sus manos nuestra vida y de anunciarlo.

 

 

ORACIÓN:          

“Construir juntos”

 

            Y todavía siguen siendo las mujeres las que siguen dinamizando, ayudando y trabajando en mayor número, nuestra Iglesia, tal vez sin ser valorada totalmente su actividad evangelizadora de mil maneras, ayudando a que Jesús se haga cercano, y sin pedir nada a cambio. Gracias, Señor,  por el don de la mujer, por el don de su generosidad y entrega fiel, capaz  de multiplicarse para darse más. Gracias, Señor, porque en torno a ti cabemos todos, no sólo cabemos sino que todos estamos llamados a construir juntos, nadie en torno a ti queda excluido, porque el don de cada uno, por pequeño que sea, está llamado a enriquecer a todos. Que no pierda esa sensibilidad, que me sepa miembro vivo, que no olvide cómo has tocado y sigues llamando a la puerta de mi corazón. Gracias, Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:           

“Caminar contigo”

 

Me has hecho sentir

tu llamada callada

que se me ha convertido

en grito de esperanza.

Has abierto mis puertas

y has dado fuerza

a mis pasos inciertos

que busco unir a los tuyos,

hasta hacerlos firmes,

en la misma dirección.

Y caminas conmigo

y me dejas caminar contigo.

 

 

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