Semana 19 Lunes B

TIEMPO ORDINARIO

 

Lunes 19º

 

 

LECTURA:           

Mateo 17, 21-26”

 

 

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes.

Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí.

Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

 

 

MEDITACIÓN:          

“En manos de los hombres”

 

            Si recordamos un poco, cuando a David se le proponen varios castigos por haberse atrevido a hacer un censo y fiarse más de los elementos humanos que de Dios, termina respondiendo que prefiere elegir aquel castigo que le viene de Dios que no el que le puede venir a través de los hombres. Y es que caer en manos de los hombres es bastante peligroso porque nuestra brutalidad está demostrado que no alcanza límites ni se apoya en la misericordia.

 

            Por eso, tal vez, Jesús, en sus diferentes anuncios de la pasión, especifica siempre que va a caer en manos de los hombres, como expresando ya de antemano lo que eso supone de llegar hasta los límites, o ausencia de ellos, que hasta llega a especificar, con lo que supone de susto o de rechazo, incluso de los suyos, el primero como recordábamos hace poco del propio Pedro que le valió una recriminación bastante severa. Y ahora, lo vuelve a repetir, le van a entregar en manos de los hombres.

 

            Tristemente conocemos bien esa realidad. No sólo por lo que le tocó vivir y padecer a él, sino porque la historia, incluso la historia de la Iglesia, nos ha permitido experimentar las atrocidades que, superando todo signo de humanidad, los hombres somos capaces de realizar. Y eso, lo peor de todo, es que en muchas ocasiones se ha hecho en nombre del mismo Dios, como le pasó a él. Cosa, por otra parte, de la que ya advirtió a los suyos, al hablarle de las persecuciones, que muchos las llevarían a efecto pensando, incluso, que daban culto a Dios. Habrá que ver a qué Dios, pero al fin y al cabo, a Dios, con lo cual desfiguran su rostro, que es lo más triste y manipulador que podemos hacer.

 

            Y todo esto nos debía servir de aviso. No sólo de cara al cuidado o a las consecuencias que también se siguen dando en nuestro hoy, y del que seguimos siendo espectadores, sino para que tengamos sumo cuidado en no caer nosotros en ellos, porque todavía, a veces, se nos pegan lenguajes y afirmaciones de otras épocas en las que Dios era manipulado y vivido de esta manera.

 

            Caer en manos de los hombres ya sabemos lo que puede suponer. Pero nosotros debemos saber en qué manos estamos cuando nos encontramos y ponemos nuestra vida, con todas nuestras miserias y contradicciones, en manos de Dios. Y estas manos siempre, siempre, se nos muestran como manos misericordiosas. Manos que llaman a la conversión y que ofrecen continuamente el perdón, porque él sabe que es la única forma de dignificar al hombre y de permitirle reconstruir su camino. Y ésa, seguro que es nuestra experiencia continua.

 

            Y eso mismo es lo que tenemos que aprender de cara a los otros. Porque es la actitud de Dios, manifestada en Jesús, la que tiene que dirigir nuestros pasos y nuestras opciones. Es la respuesta de humanidad que tenemos que demostrar que, aunque nos pueda costar en ciertos momentos especiales, es la que nos libera de cualquier atadura interna o externa, y la que nos termina humanizando. Es la respuesta que necesita la humanidad para superar conflictos que se prolongan en odios eternos que se extienden a través de los años, y que mantienen la tensión y la incapacidad para una paz estable y duradera.

 

Todo un reto de humanidad que nos viene de Dios y que nosotros tenemos que seguir cuidando, aprendiendo y alimentando. Dejarnos caer en las manos de Dios es lo mejor que nos puede pasar en nuestra historia personal. Dejar que tome nuestro corazón es el camino que nos permite seguir construyendo vida y no muerte. Y es importante que nos dejemos enseñar y aprendamos.

 

 

ORACIÓN:          

“Expresión de ti”

 

            Señor, una vez más, al mirarte, me confirmo en la necesidad de aferrarme a ti. Sabes que no pretendo caer en ese negativismo que sólo se empeña en ver lo malo. No. Sé que hay mucho bueno y, una parte, se apoya también o se asienta en mi interior, en mi deseo, aunque a veces no sea el modelo que lo ponga de manifiesto. Pero estoy en ello, tú lo sabes, y cuando se me escapan esos gestos o afirmaciones que no encajan en ti, y que no quiero que encajen en mí, sé que me queda camino por recorrer, o que eso mismo confirma ese camino en tensión, que tengo que tratar de aprender, porque tenemos que intentar, especialmente los que nos decimos tuyos, ser expresión de ti. Por eso, Señor, sigue apoyando mi deseo, ayudando a que mi corazón se vaya modelando y aprendiendo de esa misericordia que experimento en mí, que alienta el camino de mi vida y despierta lo mejor que hay en mí interior hasta proyectarse en mis palabras y en mis gestos. Ayúdame para que, a pesar de todas mis posibles experiencias negativas, nunca me pare ni me conforme. Gracias, Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:         

“Ponerme en tus manos”

 

Quiero y necesito

ponerme en tus manos,

manos de Padre

que sostienen mi andadura

y me proyectan hacia adelante,

porque quieren que crezca,

que descubra mi fuerza

y mi opción constante de vida.

Manos que acarician y sanan,

manos que sostienen y encauzan,

manos que acogen y serenan,

que estimulan y se hacen don.

Sí, quiero caer en tus manos,

aferrarme a ellas y besarlas,

porque me hacen humano.

 

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