Semana 17 Miercoles B

TIEMPO ORDINARIO 
 
Miércoles 17º
 
 
LECTURA:          
“Mateo 13, 44-45”
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
 
 
MEDITACIÓN:         
“Lleno de alegría”
 
Creo que esta es una nota clave y, sin embargo, algo que no sé si hemos sabido poner de manifiesto del todo ni trasmitir a muchos. Tal vez porque no hemos ligado la aceptación del mensaje de Jesús con la alegría de su buena noticia, y nos ha pesado más al final la parte dolorista de la cruz.
 
Y, sin embargo, todo el evangelio, la misma palabra que hemos dejado sin traducir del griego, y que significa precisamente eso, buena noticia,  nos habla de la alegría de la salvación por todos sus costados. La misma actuación de Jesús, allí donde se hace presente, es motivo de alegría porque lleva vida, esperanza, opción clara por el hombre a quien anuncia el amor gratuito y salvador de Dios, y su dignidad por encima de todo.
 
Y así, podíamos decir que esta comparación que hace Jesús en estas parábolas son como el compendio de ese sentimiento que quiere trasmitir y contagiar. El encuentro con la buena noticia del Reino está llamado a generar la misma alegría del que encuentra aquello por lo que soñado y que ha estado buscando incesantemente. Esa dimensión es crucial, porque esa búsqueda es la que abre a la posibilidad del encuentro. 
 
No hay casualidad, todo parte de una búsqueda, más o menos consciente en cada momento, que tarde o temprano consigue encontrar lo que deseaba, y la respuesta espontánea es el sentimiento de una alegría profunda y auténtica. Ahí no hay engaño, y lo pone de manifiesto la radicalidad de su respuesta, deja todo lo que tiene para hacerse con lo que soñaba.
 
No sé si nuestra búsqueda de Dios es así. No sé si tenemos la convicción de que Dios es el tesoro máximo con el que podemos encontrarnos en la vida y que hace posible que dejemos a un lado cosas que a su lado son pequeñeces y secundarias, aunque parezcan aparentemente importantes, o que descubramos que son sin más relativas y hay que ponerlas en su lugar. 
 
No significa eso que tengamos todos que quedarnos sin nada, no nos está diciendo eso Jesús. La parábola sólo nos quiere situar ante lo que es primordial o debe serlo, y cómo debemos buscarlo para iluminar desde ahí nuestra vida para saber resituar todas las demás cosas en su lugar, partiendo de lo que es esencial e iluminándolo desde ella. Y esto sólo se puede hacer desde la alegría que parte de una experiencia de encuentro que nos ha permitido descubrir lo que hace que todo lo demás adquiera sentido, e incluso tenga un valor mayor en unas realidades y otras que tal vez nos lleve a eliminar, no como el que pierde sino como el que se libera.
 
La alegría es siempre manifestación de que algo anda bien en nuestro interior. La alegría convence y esponja el corazón y libera la mente, y permite ver el horizonte con más luz, con ventanas abiertas, cuando parece que nos es más fácil crear un mundo sin puertas ni ventanas, sin horizontes, sin la alegría de la vida que se abre, en lugar de esa muerte que condena a la oscuridad.
 
Desde el principio de su actividad ésta será la llamada y la invitación de Jesús. Una llamada a volver la mirada hacia el Dios amor y a creer en la buena noticia que supone nuestro encuentro con él. Descubrir todas sus implicaciones en nosotros es nuestro reto de cada día, la garantía de una alegría que nadie nos puede quitar.
 
 
ORACIÓN:            
“Mi alegría profunda”
 
No sé si lo hemos manifestado bien o mal, peo sí es cierto que se nos ha acusado de ser un tanto aguafiestas, y épocas en que la alegría era casi un pecado. Es increíble la capacidad que tenemos para tergiversar los mensajes tomando sólo parte de ellos y obviando otros, incapaces de hacer una lectura o una acogida total de ellos. Hoy las cosas son diferentes pero en muchos sectores todavía se notan esas reminiscencias que quedaron adheridas y que casi se hacen imposibles de superar y que hasta en muchos ha dejado el poso del rechazo. Tenemos que recuperar la alegría de tu evangelio, de tu buena noticia, como nos lo ha plasmado con vehemencia el Papa Francisco en su Exhortación, que precisamente llamó “la alegría del evangelio”. Señor, el que las cosas las tengamos claras en la teoría no significa que sepamos darles forma y, por ello, tras muchas afirmaciones bonitas ponemos de manifiesto actitudes que las contradicen, y que no terminamos de darnos cuenta hasta qué punto son fundamentales para nosotros y para los otros, para el testimonio auténtico de nuestra fe. Ayúdame a experimentarlo y a expresarlo, con mis palabras y con mis actitudes, con mi alegría profunda. Gracias, Señor.
 
 
CONTEMPLACIÓN:           
“No es tan difícil”
 
No es tan difícil
encontrar tu tesoro.
No es tan difícil encontrarte
cuando eres tú
quien me has buscado,
quien ha salido a mi encuentro,
como ese amanecer 
que me ofrece su luz,
y ante el que puedo
abrir o cerrar mis ojos.
Como esa vida 
que puedo acoger o rechazar;
como ese fuego
que puedo apagar o atizar.
No es tan difícil sonreír
ante tu buena noticia
que me descubre
el tesoro que hay en mí.
 
 

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