Domingo 15 T.O. B

TIEMPO ORDINARIO – CICLO B
 
Domingo 15º B
 
LECTURA:           
“Marcos 6, 7‑13”
 
 
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
 
 
MEDITACIÓN:            
“Los fue enviando”
 
Cierto que este texto y este mandato está referido de una manera especial a la misión que Jesús encarga a los doce apóstoles recién elegidos, quienes están llamados a ser sus continuadores con su misma tarea. Y comienza la hora de que vayan aprendiendo a ejercitarla de una forma determinada, como Jesús la entiende, porque ese modo es el que debe caracterizarles. Su riqueza es el mensaje que llevan. Su no llevar nada más que lo imprescindible será su modo de poder acercarse a todos, especialmente a los más sencillos, que en nada o en poco se van a diferenciar de estos nuevos mensajeros.
 
Pero junto a estos enviados concretos, con una llamada específica, no podemos olvidar que todos, cada uno de nosotros, desde donde estamos inmersos, de diferente manera y desde nuestra propia realidad, estamos también llamados, somos también enviados.
 
Esto nos ha costado entenderlo porque hemos separado demasiado las tareas y hemos llegado a pensar que eran áreas cerradas.  Hemos hablado de los misioneros y de los evangelizadores como si esta tarea les correspondiera sólo a unas vocaciones específicas. Y es ahora cuando parece que comenzamos a despertar, y nos cuesta asumirlo del todo. El Papa Francisco en su Exhortación  Evangelii gaudium, nos lo ha vuelto a recordar de una forma amplia y clara. Todos somos evangelizadores, todos los cristianos llamados a ser portadores y evangelizadores, misioneros en nuestra propia realidad, máxime cuando está realidad está o vive cada vez más al margen de la fe o ni siquiera conoce ya a Jesús. 
 
Tomar conciencia de eso es muy importante, Tener claro que todos estamos implicados desde nuestro bautismo a dar razón de nuestra esperanza, a pesar de las dificultades. No somos miembros meramente pasivos de una iglesia que pone su tesoro, el tesoro del evangelio, en manos de unos pocos, sino miembros activos, con nuestra palabra y con nuestra vida, en toda la realidad de la Iglesia y de todas las realidades en las que nos movemos, en las que estamos urgidos a ser portadores de los valores del Reino.
 
Y todo ello no significa que tengamos que hacer cosas raras. En la medida que somos capaces de vivir abiertos a la voz y a las insinuaciones del Espíritu en nuestro interior, vamos haciéndonos capaces de descubrir de qué manera, en lo que somos y en lo que optamos, tenemos que volcar lo que da sentido a nuestra vida, con nuestra palabra y, sobre todo, con nuestras actitudes; de manera que podamos contrarrestar nuestra fe y el sentido de la vida que nos viene de parte de Dios, frente a otros modos de entender la vida. Tenerlo claro es importante porque nos afecta a todos, y porque está en juego nuestra realidad personal y la de muchos.
 
 
ORACIÓN:          
“Saberme llamado”
 
Pienso, Señor, que muchas veces, el no ser capaces de asumir ciertas realidades tiene más que ver con nuestro no querer implicarnos y complicarnos que con nuestro no haber entendido la claridad de tu mensaje y de tu llamada que nos afecta a todos. De hecho, hay cosas que sabemos, o que hemos escuchado hace mucho, pero en las que seguimos sin ahondar o implicarnos porque es mejor que lo hagan otros. Y así nos encontramos con dificultades no sólo para entender algo que es claro sino para conseguir que nuestra implicación en nuestra iglesia sea mayor y más ilusionada; pero, sin embargo son pocos los que lo acogen. Señor, sé que es más cómodo hacerse el distraído, poner  pegas o aportar razones que lo justifican todo. Pero tu llamada me llega honda y no puedo ni quiero eludirla. Por eso ayúdame a ser coherente, a vivir de manera gozosa y comprometida mi fe, a ser testigo de ella, a saberme llamado a ser constructor de tu reino. Gracias, Señor.
 
 
CONTEMPLACIÓN:              
“La fuerza del amor”
 
Ir de ti hacia los otros,
saberme inmerso
en una historia de amor
que me implica,
que necesita de mí
y que me llama.
Ser lo que digo ser
con el gozo de quien sabe
que ha encontrado su tesoro;
y mostrarlo sin miedo,
con la certeza de aquel
que sigue creyendo
 en la fuerza del amor.

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