Semana 10 Miercoles B

TIEMPO ORDINARIO

 

Miércoles 10º

 

 

LECTURA:          

Mateo 5, 17-19”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos.

 

 

MEDITACIÓN:        

“No he venido a abolir”

 

            El enfrentamiento que Jesús tuvo con sectores defensores a ultranza de las normas dio pie a que muchos, entonces y ahora, llegasen a pensar que venía a eliminar normas, leyes o principios que habían constituido y constituían el marco religioso judío. Pero lo cierto es que no estaban entendiendo nada o casi nada de lo que Jesús quería decir.

 

            Y es que en Jesús no existe ningún afán de eliminar nada. Cómo va a eliminar la ley y los profetas cuando a través de esas realidades Dios se ha acercado al pueblo para tratar de atraerlo hacia él. Y ahí lo tendremos en el momento de la transfiguración, dialogando con Moisés y Elías, sobre los cuales, eso sí, Dios manifestará a Jesús como el predilecto, porque es quien consuma o va a consumar toda esa historia de salvación que se ha ido desarrollando en diferentes etapas de la historia.

 

            Pero sí, y es ahí donde muchos de aquellos grupos no supieron situarse, Jesús va a tratar de ir al núcleo, de purificar modos. Porque el riesgo que tenemos los hombres de entonces y de ahora, es de establecer normas que nos den seguridades y que hay que cumplir sea como sea y pese a quien pese, porque en el fondo es más cómodo. Aquellos personajes, lo sabemos, eran expertos cumplidores de normas, pero habían olvidado que esas normas estaban hechas para el hombre no contra él, que es en lo que se habían convertido en muchas aspectos hasta distorsionar el contenido profundo de su sentido.

 

            Desde ahí Jesús tratará de ir a ese núcleo donde el hombre es el centro,  y al que hay que salvar por encima de cualquier tipo de norma por sagrada que nos parezca o la hayamos convertido. El hombre como centro, no las leyes. La ley y los profetas fueron expresión de ese deseo de Dios de ayudar al hombre a encontrarse consigo mismo, con los otros, en relaciones de justicia y de amor, y con Dios.

 

            Y para rescatar eso Jesús no viene a abolir sino a dar plenitud. A redescubrir el sentido  profundo de todo ello Por eso, al final, sus gestos van a descender a lo que aparentemente puedan parecernos detalles más insignificantes, tanto que podría dar la impresión que no sólo no viene a abolir sino a poner más normas, y aparentemente ridículas, que pronto veremos, pero que marcan la sensibilidad del amor. Para Jesús no bastará con no matar, o no adulterar, sino que el primer insulto o el primer pensamiento turbio está ya poniendo en marcha la maquinaria que hiere la realidad humana.

 

            Y desde ahí, Jesús puede hacer la afirmación de que no ha venido a abolir, sino a dar plenitud. A descubrirnos el valor profundo de los gestos para crear humanidad, para defender y poner de manifiesto la dignidad del ser humano. Todavía seguimos sin aprender y, tal vez, sin dar importancia a ello, como entonces no lo hicieron ni entendieron aquellos. Poco hemos avanzado. Pero en ese mismo empeño positivo sigue insistiendo  y a nosotros nos urge.

 

           

ORACIÓN:        

“Ayuda mi sensibilidad”

 

            Gracias Señor por esa sensibilidad humana que nos has puesto de manifiesto. Gracias porque nos has recordado que es en las cosas pequeñas donde ponemos de manifiesto nuestra grandeza y, por ello, de donde arrancan nuestros verdaderos valores y la categoría de nuestro humanidad. Tal vez no tengamos oportunidad de grandes gestos, pero pienso que todos tenemos la experiencia de que donde arranca lo bueno o malo de nuestro corazón es en lo que aparentemente muchas veces podemos no dar importancia. Una sonrisa, una caricia, una mano sobre el hombro, una mirada, o un desvío de ella, una disculpa, un silencio, un gracias, un detalle, un perdón,…, hacen y sanan más, y estimulan nuestras relaciones y las esponjan, que el mayor de los regalos, y lo mismo a la inversa. Señor, sí, te entiendo perfectamente, aunque se me escapen estos gestos que tal vez por sencillos se me hacen difíciles. Enséñame a descubrirlos y a darlos, ayuda mi sensibilidad. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:        

“Corazón grande”

 

Quiero mantener

despierto el corazón,

sensible y atento,

capaz de otear

el horizonte que le rodea

y de latir emocionado

 ante el dolor y la alegría.

Corazón vivo e ilusionado,

empeñado en hacerse

cercano y humano.

Corazón grande

de gestos pequeños,

pero portador de vida,

de sueños y deseos,

de empeños compartidos.

Corazón grande

por hacerse pequeño.

 

 

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