Semana VI de Pascua – Viernes 3

PASCUA

Jueves 6º

 

 

LECTURA:        

Juan 16, 16‑20”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»

Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?» Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»

Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

 

 

MEDITACIÓN:        

“Dentro de poco”

 

            Puede ser que si nos detenemos en esta frase tampoco entendamos mucho, pero me parece que podemos pararnos ante ella porque es la que más se repite con la insistencia en ese “poco”, que inquieta a los discípulos y, puede ser, que también a nosotros.

 

            Jesús está hablando de su muerte y de su resurrección, algo que pronto van a experimentar. No da más detalles. Tal vez porque ya son muchas veces las que les ha hablado de ese momento y les ha desbordado, les ha asustado, y más que no entender no han querido hacerlo porque les daba miedo asumir una realidad que parecía que no se podía dar en Jesús. Y ahora ha llegado el momento de la tristeza y de la alegría. Es lo que estamos viviendo a la luz de la resurrección. El miedo, la tristeza, el desconcierto que se apodera de ellos tras la muerte de Jesús dará paso a la alegría de la resurrección. Y todo, sí, dentro de un poco.

 

            Pero ese poco tiene también muchos significados en el ámbito de nuestra vida Porque todos experimentamos el paso rápido de nuestra historia. Incluso cuando pensamos en esos ámbitos que nos llevan al más allá de nuestra historia los tiempos se nos relativizan y oiremos ya en los salmos frases como “mil años en tu presencia son un ayer que pasó” y que desbordan, lógicamente, nuestra comprensión de términos que nos hablen de eternidad.

 

            Y, al contrario, hay momentos y circunstancias que se nos hacen largas, especialmente cuando vienen entrecruzadas por la experiencia del dolor. El tiempo siempre es relativo, pero pienso que sea cual sea la situación por la que podamos atravesar a la luz de Jesús, esta afirmación nos puede ayudar a hacer frente a todo lo que acontece en nuestra historia. En Jesús, que sale a nuestro paso, siempre hay un poco, porque sencillamente él está con nosotros. El sentimiento o la sensación ya no depende tanto de su presencia-ausencia, que ya no existe, porque es siempre presencia, sino en nuestra capacidad de asumir nuestras experiencias. De nuestra capacidad de integrarlo en nuestra vida, de estar convencidos de que nuestra experiencia de su fuerza y su presencia en nosotros no depende de él sino de mí.

 

            Todas estas afirmaciones que nos viene haciendo estos días de la irrupción del envío del Espíritu, del Defensor, no son sin la manifestación de su permanecer para que en él encontremos la alegría de saber que nunca estamos solos, de que Dios sigue siendo Dios con nosotros, como se nos manifestó en el momento de su encarnación. Porque encarnación y redención van inseparablemente de la mano. Forman parte de la historia de nuestra salvación y de esos “pocos” que se dan entre nuestras tristezas y alegrías que un día, estamos seguros, llegará a su plenitud definitiva en él.  

 

 

ORACIÓN:          

“Potencial de alegría”

 

            Se nos escapan los tiempos, Señor, y lo triste es que, muchas veces, somos nosotros mismos los que los dejamos escapar. Dejamos escapar las oportunidades. Dejamos que el tiempo pase sin ser capaces en ocasiones de responder con prontitud a esos sentimientos que experimentamos con fuerza en nuestro interior pero que se ven condicionados por tantas realidades que nos afectan, o porque no sabemos cómo reaccionar. Tenemos tantos crisoles, tantas reticencias, tantas tentaciones, y tanta tendencia a que las cosas sigan su ritmo que apenas nos damos cuenta que las cosas, que la vida se conquista. Se conquista en lo que deseamos, en lo que en el fondo sabemos que nos construye, pero no sabemos cómo afrontar. Señor, ayúdame a que este tiempo de mi caminar lo descubra como tarea en medio de sus luces y sombras, sabiendo que tú estás siempre de mi parte, empeñado en hacerme descubrir la fuerza de la vida, de mi vida, y de su potencial de alegría porque se sustenta en ti. Gracias, Señor.

             

 

CONTEMPLACIÓN:         

“Venciendo el gozo”

 

Recorro el camino de mi vida

inmerso en esos recodos

que esconden,

acercan o retardan

mis pasos aparentes,

unidos al son de unos sentimientos

que aparentemente me pueden.

A veces con prisa,

a veces con pausas largas

que pospongo sin saber por qué.

Y en esa mi historia

te asomas con la fuerza

de tu vida cargada de esperanza,

que en mis inciertos pasos,

y, al mismo tiempo, decididos,

intuyen el sentido de que,

tras un poco de tiempo,

 termina venciendo el gozo.

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