Semana VII de Pascua – Miércoles 3

PASCUA

Miércoles 7º

 

 

LECTURA:        

“Juan 17, 11b‑19”

 

 

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

 

 

MEDITACIÓN:       

“Tu palabra es verdad”

 

            Hay afirmaciones que no nos resultan fáciles hacer porque los modos de entender, de valorar las cosas, son y seguirán siendo diferentes. Y en ese sentido, lo que denominamos con la palabra verdad es una de ellas.

 

            Parece que hay cosas que son lo que son y no pueden ser de otra manera, y claramente ponemos de manifiesto que una cosa es verdad, o que hay que decir la verdad pero, a la hora de la verdad, y valga la redundancia, las cosas no son ni tan claras ni tan fáciles. Muchos, o todos, de alguna manera, defendemos “nuestra verdad” o queremos que sean nuestros modos de ver y de valorar  los que entren en ese ámbito.

 

            Y, sin embargo, sí, tenemos que habla de verdad o, al menos de búsqueda de ella. Porque su no fuese así tendríamos la impunidad de dar todo como válido, algo que de por sí ya tenemos bastante riesgo, y desde ahí seguimos realizando  mucho daño, según el ámbito en el que nos podamos mover. Desde el mismo ámbito de las leyes nos encontramos con la dificultad del acceso a la verdad, que mil  recovecos y trampas, la ocultan o difuminan y la confunden.

 

            En nuestro caso tenemos que hablar, no sé si de un salto o de algo que nos sitúa en un punto definido. Porque no unimos la verdad a cosas, opiniones, sino a alguien, a una persona. Sí, si así lo podemos expresar desde el comienzo. La verdad tiene que ver con Dios, y no con la visión de un Dios cualquiera, sino la de aquel que se nos ha manifestado en Jesús. Él es la palabra de Dios encanada. En él se ha manifestado la realidad de un Dios que ha puesto en marcha una historia de amor y de salvación para que el hombre inicie una historia de sentido en su vida y la culmine en él. Es la verdad del amor que no engaña, ni manipula, ni busca otros intereses que el alcance de la plenitud humana para la que fue creado y que lo  va a conformar a semejanza de su creador.

 

            Tal vez eso nos sitúa lejos de todas esos empeños más cotidianos, pero necesarios y de los que no podemos prescindir ni eludir, porque son parte del camino. Porque a través de ellos vamos aprendiendo a buscar y conquistar lo mejor, lo bueno, lo que nos edifica como humanos y como humanidad a pesar de nuestros titubeos, y hasta fracasos. Pero a través de ellos  se nos invita a mirar, aprender y hasta intuir, allí donde el único interés de verdad esté en alcanzar el sentido de una historia que comenzó un día y que no está llamada a terminar en frustración sino en totalidad. Y alcanzar esa verdad, ese alguien que nos la ha hecho posible es algo desbordante, aunque para muchos sea inexistente. Sin embargo, para nosotros es la clave, la referencia y el horizonte donde mirar.

 

 

ORACIÓN:        

“Dar con lo mejor”

 

            Hay cosas que no nos resultan fáciles, aunque aparentemente lo parezcan. Muchas afirmaciones que hacemos de manera fácil se convierten en contradictorias, y lo que por una parte afirmamos, por otra parecemos negarla, como si la teoría y la práctica hiciesen una especie de juego, de encaje de bolillos, que no nos permite dar forma a lo que queremos. Pero ahí entra nuestro juego. Ahí y así es como vamos descubriendo la aventura de la vida, y lo que tiene de tarea, de reto, de esfuerzo y de aliciente. Nada está predeterminado más que la llamada al amor, a la plenitud de nuestra realidad humana en nuestro ser más profundo que tú has querido que lo convirtamos en búsqueda, en empeño, en algo a conquistar, porque ahí y así nos manifestamos en nuestra libertad, y donde se expresa la rectitud de dar con lo mejor de nosotros y de la historia. Ayúdame a descubrirlo., porque sé que más allá de mi precariedad, existe mi verdad plena amasada en ti. Gracias, Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:        

“Sin miedo”

 

Mirar sin miedo,

otear el horizonte

que me rodea

y descubrir una belleza

que me desborda,

que no es mía,

pero que me invita

a acogerla,

a conquistarla,

a meterme en ella,

a hacerla mía,

y no negar la evidencia

por miedos falsos

o intereses turbios.

Relajar los músculos

de mi propia historia

y sentir la alegría intensa

de descubrir al fin,

 que tiene sus raíces,

sin yo saberlo,

en la verdad profunda

de tu amor.

 

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