Semana V de Pascua – Miércoles 3

PASCUA

Miércoles 5º

 

 

LECTURA:       

“Juan 15, 1‑8”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

 

 

MEDITACIÓN:       

“El que da fruto lo poda”

 

            En el ámbito de la naturaleza hay cosas que son básicas, claras, y cuya acción sobre ella, genera una respuesta de mejora. Si una vida o un frutal, se deja crecer a su aire, llega un momento en que sus frutos se desvirtúan, pierden fuerza y calidad, y la misma planta termina deteriorándose. Por eso la poda es necesaria, mantiene la planta vigorosa y asegura una cosecha mejor. Pero lo que es claro en el ámbito de la naturaleza no sé si lo vemos de igual manera en el ámbito de nuestra vida al que Jesús nos quiere llevar.

 

            No cabe duda de que todas las imágenes que tratan de manifestar una realidad son parciales, y nunca significan que respondan plenamente a la realidad. Se trata de un acercamiento que nos quiere ayudar a entender un poco mejor, apoyado en otras realidades algo que podemos incluir o intuir en nuestra realidad humana. Y, tal vez aquí, eso de podar o podarnos, nos puede costar entenderlo un poquito más, pero pienso que sí que nos puede ayudar y mucho.

 

            Podemos entender que cuando algo está seco, es decir, cuando no hay un proyecto de vida en nosotros, cuando planteamos la vida en una especie de ir tirando; cuando la realidad nos arrastra en lugar de ser nosotros los que nos empeñemos en construirla, convencidos de que estamos llamados a crecer en nuestro proyecto humano, no  hay nada que hacer, desde ahí tendríamos que decir que nos hemos secado, que poco se puede esperar de nosotros más que el dejarnos llevar por la corriente sin ser capaces de pensar y actuar por nosotros mismos. Así nos encontramos a muchos y puede ser que en ciertos momentos nos encontremos ahí a nosotros mismos.

 

            Y es que cuando no hay punto de referencia firme y fuerte en algo que empuja y entusiasma nuestra historia, es muy fácil que nos puedan las circunstancias. Cuando no hay valores firmes, cuando no hay una meta y una esperanza que estimule un proyecto sobre nosotros mismos, cuando no ansiamos, de alguna manera, crecer conscientemente en nuestra realidad concreta humana, hecha de ilusión, esfuerzo y, a veces, sacrificio, es fácil que nos podamos estancar, y hasta descubrir o sentir que la vida no tiene demasiado sentido. Y hoy, sabemos que, con facilidad, cortamos o abandonamos proyectos cuando surgen las primeras dificultades porque llegamos a pensar que todo tiene que ser sencillamente fácil.

 

            Hacernos conscientes de esa realidad y de esos riesgos en nosotros es muy importante. Porque cuando somos capaces de entender que nuestra vida es un proyecto de crecimiento, de construcción esforzado e ilusionado, es cuando podemos sentir que estamos vivos, y podemos entender algo eso de podar, de ver qué aspectos y realidades de nuestra vida, tal vez no malos en sí, pero que de alguna manera nos impiden avanzar. No digamos ya si se trata de ser conscientes de nuestras limitaciones, de nuestras realidades más negativas, que nos permiten ver sus consecuencias. Si nos tomamos en serio su poda, su eliminación, aunque sea lentamente, eso va conformando, enriqueciendo, forjando la planta de nuestra realidad personal y nos hace sentirnos creadores de lo que queremos ser.

 

            En esta tarea, como Jesús nos dice, nuestra vinculación con él es esencial. Porque desde él solo nos puede atravesar savia de vida, fuerza que nos estimula y que va  potenciando lo mejor de nosotros. No es tarea de un día, es proyecto de nuestro paso por la historia, dure lo que dure, día tras día, pero eso lo enriquece y le da sentido. Nos descubre su fruto y nuestro fruto, llamado a ser sabroso para bien de muchos, aunque a veces la poda nos pueda doler. Siempre será poda sanadora y enriquecedora.

 

 

ORACIÓN:          

“Tensión de crecimiento”

 

            Ése es el problema y la tarea, Señor. Es cierto, tenemos mucho que podar, malo y menos malo, y eso lo podemos vivir como algo costoso y doloroso o como algo que precisamente nos enriquece. Y además, entenderlo no como algo de una vez para siempre. Al igual que en la naturaleza, también la nuestra está expuesta a que si no hay un control continuo se nos escape de las manos nuestro desarrollo. Pero parece que hay cosas que vemos claro fuera pero no en nosotros. Esa tensión de crecimiento, de potenciar nuestros  mejores frutos como proyecto de nuestra realidad humana, parece que no la tenemos muy clara y, tal vez, por eso, tú nos insistes tanto. No estás en juego tú, está en juego nuestra vida, nuestra proyecto de ser y te importa Muchas veces no somos malos, pero tampoco hay fuerza, ni coraje suficiente para apostar por lo mejor de nosotros, hasta que podemos ser capaces de encontrar una especie de vacío o de pobreza en nosotros mismos. Ayúdame, Señor, a aferrarme a ti, como el sarmiento a la vid. Que no tenga miedo a mis podas y a las tuyas, Ellas me descubren lo mejor de mí. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:        

“Construyendo mi ser”

 

Despertar dentro de sí

y descubrir esa fuerza

que estaba ahí

y no sabía que era mía.

Y sentir desde ella una llamada,

una especie de grito,

que clamaba en mí

por mí mismo,

para despertar,

para decir que estoy vivo,

que soy capaz de crecer,

de quitar y de poner,

y descubrirme haciéndome,

construyendo mi ser.

Aventura inacabable

y sorprendente,

que es mía, sólo mía,

pero hecha uniendo

tu paso al mío.

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