Semana VI de Pascua – Martes 3

PASCUA

Martes 6º

 

LECTURA:        

Juan 16, 5‑11”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

 

 

MEDITACIÓN:       

“Os lo enviaré”

 

            Es normal que al anuncio de la marcha de Jesús los discípulos sientan una especie de abandono, de pérdida de apoyo, de orfandad. Jesús lo ha sido todo, su apoyo, su fuerza, su seguridad su línea a seguir. Con él han emprendido el aprendizaje de una nueva perspectiva de su vida, y todavía queda mucho por hacer porque sus incertidumbres son grandes y su proceso, lento, como lo es el de todos; y, sobre todo, cuando afecta a realidades tan profundas de sus convicciones que les enfrentan de alguna manera a todo lo que ha conformado su círculo de vida y de creencias.

 

            Pero Jesús, no puede permanecer siempre, es hombre y, como tal, su paso por la historia está limitada al tiempo. Y, por eso quiere dejar claro que su ausencia no es abandono, es más, es necesaria, porque ello no va a suponer un desentenderse un dejarles en la estacada; al contrario, va a ser el momento de dar paso al Espíritu, al que va a llamar su Defensor, de alguna manera, lo que él mismo ha supuesto para ellos.

 

            El tema es el de siempre. Necesitamos materialidad, y lo que no vemos nos cuesta encajarlo. A Jesús se le ve físicamente, al Espíritu, no se le va a ver, por eso nos cuesta también  a nosotros tanto acogerlo. A Jesús tampoco lo hemos visto, pero su persona, su figura, su historia, su palabra directa, está ahí, y eso nos permite intuir su rostro, sus gestos, sus acciones. Ahí sus discípulos tendrán que aprender una nueva relación, una nueva presencia real, no ficticia ni imaginaria. Él seguirá siendo el guía, el maestro, quien irá enseñando, abriendo los caminos de Jesús, iluminándolos e, igual que él, invitándonos a dejarnos sorprender en todos aquellos gestos que supongan poner en marcha y potenciar todo lo que dignifica al ser humano y trata de llevarlo a su plenitud.

 

            Y ahí estamos. Jesús cumplió su palabra, y nuestro bautismo ha sido la puerta de que este Espíritu Defensor irrumpiera en nuestra vida. Desde entonces él camina en nosotros, y trata de mantenernos abiertos a la persona de Jesús para desde él seguir construyendo, forjando nuestra realidad de creyentes, de seguidores, en medio y a pesar de las dificultades que podamos experimentar. No será el milagro que nos saque de las dificultades sino la fuerza que nos ayude a afrontarlas y a descubrir que tras ellas estará siempre el misterio profundo de nuestra salvación,  porque él nos conduce al amor por el camino del amor.

 

            Es toda una tarea, un proyecto de vida, de búsqueda, de escucha, de deseo, de convicción, de certeza, de trabajo ilusionado en medio de muchas dificultades que experimentamos de mil maneras, pero convencidos de que ése es el camino verdadero, el camino que nos construye y que nos abre al sentido profundo de lo que somos como humanos, como hijos de Dios. Es algo que tenemos que intentar mantener vivo cada día porque los retos se nos presentan cada día, y las respuestas que estamos llamados a dar también.

 

 

ORACIÓN:        

“Nunca estoy solo”

 

            Señor, muchas veces no somos capaces de valorar lo que tenemos y pedimos lo que ya está en nosotros. Y esto no nos pasa sólo con tu Espíritu derramado en nuestros corazones, sino con todo ese potencial de dones que conformar nuestra riqueza humana  y que no sabemos utilizar, o lo tenemos infrautilizada, porque nos da la sensación de que estamos vacios, cuando en realidad somos un cúmulo de potencialidad que estamos llamados a descubrir y a dejar aflorar o trabajar desde el ámbito de nuestras convicciones y de nuestra libertad. Nuestra tendencia es a quedarnos en lo externo, o en lo que no nos exige más de nosotros. Nos es fácil dejarnos llevar, y contar con lo más superficial y así no somos capaces de aportar respuestas o de poner en marcha toda la capacidad de lucha, de nuestro remontar, y de nuestro modificar actitudes y comportamientos. Ayúdame, Señor, a no desaprovechar lo mejor de mí y de ti volcado en mí. Ayúdame a mantener viva mi atención, y a saber que nunca estoy sólo porque tú, tu Espíritu, alienta en mí. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:        

“No estoy solo”

 

No estoy solo,

nunca lo he estado,

aunque mis sentidos

me abandonen,

aunque las sombras

se hayan cernido

con su oscuridad

y todo se me haya confundido,

como perdido en un mar

que me arrastra a su interior.

Porque tú estás ahí,

sosteniendo con tu mano invisible

el peso de mi historia,

de mis alegrías y penas,

 de mis luchas y mis vacíos,

de mis incertidumbres y miedos.

Y cuando todo parece perdido

tengo la certeza

de que estás a mi lado,

que defiendes mi causa,

la causa de mi historia

y de mi dignidad,

asentada y forjada

en la fuerza de tu amor.

 

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