Semana VI de Pascua – Lunes 3

PASCUA

Lunes 6º

 

LECTURA:        

Juan 15, 26‑16, 4ª”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.

Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

 

 

MEDITACIÓN:        

“Os acordéis”

 

            Tener memoria es importante. No sólo la memoria que afecta a nuestro ámbito del intelecto, sino esa memoria que afecta a nuestra historia, a lo que hemos recibido, a lo que hemos vivido, a las experiencias que hemos tenido o los mensajes que hemos recibido, porque si la perdemos es fácil que estemos condenados a repetir, a no aprender,  a no confrontar, a no valorar, a olvidar las  consecuencias de los actos, de las actitudes. Eso, no cabe duda, que nos evitaría muchos problemas, porque la memoria forma parte del aprendizaje de nuestro caminar, y debíamos aprender de ella para mantener o rectificar.

 

            Por eso la llamada de Jesús es importante pues nos ayuda a situarnos, a saber por dónde nos movemos, a recordar las consecuencias de nuestro seguimiento, que pueden gustarnos o no, pero que cuando se está sobre aviso, nos puede evitar las sorpresas porque sabemos que es algo que está ahí, resulte agradable o no. Pero que por encima de ello, es como una llamada para reforzar lo que realmente decimos ser o creer, o donde sabemos que nos estamos apoyando, con todas sus consecuencias, y mantenernos, si es que estamos convencidos de que, a pesar de todo, merece la pena, porque lo que nos implica sigue siendo lo que da sentido a nuestra vida, más allá de la comprensión o incomprensión de otros.

 

            Y, no cabe duda, lo tenemos que recordar de un modo especial cuando estamos asistiendo a toda una serie de repuntes en la persecución de mil maneras. Unas encubiertas en las que nos es más fácil caer a muchos, o tal vez evadirnos tratando de contemporizar, siempre fácil y con mayor riesgo de nuestro perder la fuerza de lo que somos; y, otras, violentas que se están poniendo de manifiesto en un crecimiento de las persecuciones y muertes de muchos cristianos en diferentes partes del mundo. Y ahí, volver a escuchar estas palabras de Jesús nos puede permitir saber las consecuencias de nuestro ser sus seguidores, y de que ser creyente no es inocuo.

 

            Ser cristiano molesta. El mensaje del amor, que llega a concretarse en la opción por los más desfavorecidos, a favor de la dignidad del ser humano, en enfrentarse a todo aquello que no gusta a muchos. Y eso nos permite o nos urge a optar con claridad por todo aquello que denigra al ser humano, tal como hizo Jesús, pero eso sigue siendo un peligro, un riesgo, pero nos lleva o debe llevar a posicionarnos sabiendo las posibles consecuencias, como le ocurrió a Jesús.

 

            Ser cristiano es hoy una vocación de riesgo, lo ha sido siempre, y el peligro que tenemos es que tratemos de contemporizar, callar e incluso amoldarnos, porque ciertamente a nadie nos gusta estar en esa tesitura; incluso, tal vez, no todos seamos capaces de hacerlo. Pero el Señor, nos dice que nos acordemos de lo que somos y a quién seguimos.

 

            Como consolación está su anuncio de envío del Defensor, del Espíritu. No es una defensa que nos saque de los peligros, pero es la fuerza que nos permite, como les permitió a aquellos primeros testigos a romper sus miedos, a salir de sus encierros y a convertirse en testigos del amor de Dios y de la dignidad de todo ser humano. Ése es nuestro arranque, eso es lo que nos ha definido en medio de muchas sombras a lo largo de la historia y en nuestras propias personas, porque la debilidad también forma parte de nuestra pobreza, de nuestro pecado, de nuestros miedos y de nuestro proceso lento. Lo importante es que sea sincero y que sigamos descubriendo que sigue siendo nuestro momento,  que Jesús es nuestro referente, a quien tratamos de mirar y desde el cual caminar, y que nuestra fuerza, nuestra débil fuerza, se encuentra reforzada por la suya, por la fuerza de su Espíritu cuyo envío pronto vamos a actualizar.

 

Sí, que no perdamos la memoria, que la actualicemos, y que en ella encontremos el valor necesario para ser testigos alegres y convencidos de lo que decimos creer y esperar. Ése es el fruto de la Pascua, de nuestra fe en la vida, en la resurrección a la que nos ha abierto como sentido último de nuestra historia personal y colectiva. Que también de esto nos acordemos porque es el punto de apoyo.

           

 

ORACIÓN:          

“La fuerza de nuestra fe”

 

            Sí, Señor, hay cosas que no son fáciles de acoger y esta es una de ellas. Pero es real, ha estado siempre ahí, y lo sigue estando en medio de un mundo que se está volviendo cada vez más hostil, y da la sensación de que más intolerante, a pesar de todos los avances y declaraciones de principios que podamos repetir, afirmar o suscribir. Y ello conforma un reto a nuestra fe, a nuestro seguimiento, a la verdad de nuestras convicciones. Porque esto nos reta, y nos puede llevar a escondernos o a salir con más convicción, y ahí cada uno tenemos nuestra respuesta desde la realidad de nuestra situación, de nuestro proceso, y con ello tenemos que contar. Pienso que todo esto nos debe llevar a orar mucho los unos por los otros, a sostenernos en el sentimiento de cercanía, y, de alguna manera, a buscar cada uno nuestra forma de coherencia, para que no se apague lo que somos y lo que queremos ser en el proceso de nuestra historia  concreta, y no frustremos la fuerza de nuestra fe. Ayúdame, a ello, Señor. Gracias.

 

 

CONTEMPLACIÓN:      

“Mi Roca”

 

Huir, esconderme,

evadirme, callar,

o responder con el grito

de mi vida que clama vida.

Mirarte a ti

para saber por dónde

y hacia dónde camino,

y definir y optar,

con sus consecuencias,

los gestos de mi amor

o de mi indiferencia.

Y sí, hay miedos,

pero hay más convicción

y hay más fuerza,

 porque no estoy sólo,

porque vienes conmigo,

porque eres mi defensa,

la fuerza que sustenta,

que coge mis miedos

hasta estrellarlos

en ti, mi Roca,

hasta convertirlos,

lentamente,

en convicción de vida

que fluye y converge en ti.

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