Domingo VII de Pascua – La Ascensión del Señor – Ciclo B

DOMINGO VII DE PASCUA – B

ASCENSIÓN

 

 

LECTURA:     

Marcos 16, 15‑20”

 

 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

 

 

MEDITACIÓN:       

“Por todas partes”

 

            Vamos culminando este tiempo pascual y con él toda la fuerza y la totalidad de su mensaje. Al margen de los ritmos, de los tiempos, lo importante es descubrir que el proyecto de Dios se ha cumplido en Jesús. Que como estamos escuchando estos días se ha cumplido el plan salvador del amor de Dios que nos ha puesto de manifiesto que ese amor sigue intacto, incluso más allá de nuestras respuestas, porque no ha jugado desde ningún momento con el hombre.

 

Dios nos creó para hacernos partícipes de su plenitud. Nos hizo a su imagen y semejanza, plantó en nosotros el deseo de hacernos partícipes de él. Tal vez no le hayamos entendido, tal vez la realidad de nuestra ser criaturas y de nuestra libertad no ha sabido o no esté sabiendo tomar forma, por eso se ha adelantado para volver a decir que todo sigue en pie y que el camino, nuestro camino personal y colectivo, sigue abierto y esperanzado.

 

Ahora, culminada la obra de Jesús, puesta de manifiesto a lo largo de su vida y con su muerte y resurrección, corroborada la voluntad de Dios, queda esta llamada apremiante, decidida y esperanzada. Ir por todas las partes, allí donde cada uno nos ha tocado poner los pies en este suelo, en este tiempo de nuestra historia, para proclamar una buena noticia.

 

Los cristianos, y Dios con nosotros, no somos portadores de malas noticias. Las malas noticias las seguimos aportando nosotros. Desde Dios, como hemos visto plasmado en la vida de Jesús, sólo ha habido anuncio de salvación, de vida, de esperanza, de sanación, de cercanía al hombre herido, de desvelamiento de humanidad, de dejar claro que si Dios está al lado de alguien es del que sufre, y su empeño por rescatarlo hasta en aquello que nos puede parecer o hayamos convertido nosotros, muchas veces por intereses, en algo sagrado. Así fue de contundente y así le costó la vida que en nada se guardó.

 

Aquellos hombres, cerrados y cargados de miedos, desde una nueva experiencia profunda y convicción que les atraviesa, se ponen manos a la obra, a veces obligados por las mismas circunstancias, porque todo en nuestro caminar influye, pero tendrán un objetivo claro, ser portadores de lo que les quema por dentro, de una llamada que sienten viva y portadora de vida, y que tiene que llegar a todos. Las consecuencias de esa no llegada, de esa incapacidad, de ese no querer, de ese cerrarnos en un ir tirando en ocasiones, o dejándonos llevar por los acontecimientos, a veces de manera resignada, puede ser que también interesada, a veces ciega, las vemos claras.

 

Por eso, este momento, vamos a llamarle final de una etapa, se convierte en envío gozoso que nos alcanza y que, cierto, nos pide, y eso es bueno, pensar, pararnos, tener el valor de responder, de ver cómo hacerlo en cada una de nuestras circunstancias, sin miedo, convencidos de que, aunque sea lentamente, porque así es nuestro proceso generalmente, se nos ha puesto en una vía de vida que arranca de nosotros para alcanzar a todos allí donde estamos.

 

La Ascensión no es una marcha de Jesús, ni una mera culminación. Es la continuidad, continuidad de él en nosotros y con nosotros; y eso, puede ser que nos complique, pero nos enriquece, nos adentra o quiere adentrarnos en la aventura del bien de nuestro propio ser y crecimiento, y sabemos que lo necesitamos. Desde ahí, construimos nuestras personas y nuestra historia, y no podemos permanecer impasibles ante el mensaje que hoy se nos regala. De esta manera, esta ascensión, aparentemente externa, está llamada a convertirse en cada uno de nosotros en una ascensión interna de lo que somos como tarea y de lo que estamos llamados a ser.

 

 

ORACIÓN:       

“Portadores de una invitación”

 

            Las cuestas arriba no nos suelen gustar, aparte de que cada vez nos estamos volviendo más sedentarios. El modo de trabajo nos va llevando hacia ello. Lo que nos ofrecen los avances en unos aspectos parece que se nos revelan como riesgos por otros. Pero, al margen de esas materialidades, tú nos llamas a otras levantadas, a otras ascensiones, que en el fondo nos cuestan más. Tal vez porque ni siquiera sabemos si somos capaces o queremos hacerlas y que, sin embargo, son las que marcan de verdad el ritmo de nuestra vida. Y ahí sí que nos jugamos mucho, más que la salud biológica que antes o después tiene su tiempo limitado en el aquí y ahora, pero que tú nos recuerdas que es eterna. Por eso nos empujas en eso tu empeño por desvelarnos y por trasmitirnos un horizonte que nace en nosotros y que mira hacia adelante, y nos invita a levantar la mirada y el corazón. Somos portadores de una invitación, de un reto, de una fuerza de vida que nos quiere construir y no destruir, y ahí y así podemos hablar de ascensión, de la tuya y de la nuestra. Ayúdame a descubrir su fuerza, su reto y su belleza de plenitud. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:       

“Fuerza de luz”

 

Ascender, sí

pero ascender hacia dentro,

hacia el centro de mí,

porque hay un centro

y hay una periferia

que me saca negativamente de mí

hasta hacerme un desconocido.

Y busco reconocerme,

descubrir mi verdadera raíz,

sentir que estoy hecho para crecer,

hasta para volar, sí,

para volar en mis anhelos

y descubrir ese horizonte

que me hace sentir inacabado,

tarea constante

en medio de retos que me alzan.

Y ahí, tú, a mi lado, asciendes,

me asciendes,

me levantas, me dignificas, me despiertas,

y quiero pregonarlo,

porque en medio de las oscuridades,

hay fuerza de luz que me salva.

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