Semana 9 Viernes B

TIEMPO ORDINARIO

 

Viernes 9º

 

 

LECTURA:       

Marcos 12, 35-37”

 

 

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: ¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies».

Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo? La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

 

 

MEDITACIÓN:        

“Jesús preguntó”

 

            Tal vez no sea muy significativo pero me parece que en Jesús, más allá de la fuerza de su mensaje, hay una forma de hacer que es significativo, y del que también creo que tenemos que aprender.

 

            La suya no es una mera enseñanza magistral que se dirige a los otros que sólo tienen la oportunidad de acoger. Y no es así, porque Jesús no impone su mensaje, sino que lo presenta, lo ofrece, lo convierte en diálogo. Quiere hacer que la gente piense, rebata, descubra también las trampas que se esconden en otros que se cierran en su comprensión de las cosas, que tergiversan o truncan el propio mensaje que dicen seguir y defender, y que por ello son incapaces de ir al núcleo, de dejar lo secundario para descubrir lo esencial, y para interpretar correctamente la historia y el mensaje de Dios en ella, como es en este caso. Tema que no tiene nada de baladí sino que es muy importante en su comprensión del Mesías esperado.

 

            E inmersos en ese clima, en esa actitud de Jesús, y en esa escucha abierta de toda esa gente sencilla con quien promueve un diálogo, Jesús se nos acerca a nosotros de la misma manera, porque él mismo se nos convierte en pregunta. La oferta de su mensaje se enfrenta con nuestra propia realidad concreta que ya no mira atrás sino adelante para ver como su realidad, su vida, su llamada a construir el reino y anunciarlo, se nos convierte en interpelación, en algo que, tal vez, rompe nuestros esquemas prefabricados y nos adentra en una experiencia nueva, vital, pero que no cabe duda quiere movilizar nuestra vida, sacarla de su tendencia al estancamiento, a lo cómodo, a lo que hacen todos, porque salirse de ese marco tiene muchos riesgos.

 

 

            Sí, Jesús, no sólo nos habla hoy de su palabra, como alguien ante el cual no nos queda otro remedio que decir sí. No, Jesús no quiere borregos. Él pudo haber hablado de ovejas, pero nunca con sentido de gregarismo. Quiere hombres libres, hombres con capacidad de dar respuestas conscientes, humanas y humanizadoras. Quiere personas capaces de dar razón de su esperanza, de por qué creen o esperan en algo o en alguien, de tal manera que eso implique la vida de manera consciente e ilusionada. 

Por eso es tan importante nuestro encuentro con él, y hasta qué punto somos capaces de entablar con él un diálogo sincero, desde el cual estemos dispuestos a dar un giro o un salto en nuestra vida. Nuestra experiencia con él siempre tendrá que ser personal e intransferible, sin ella no puede haber relación, ni conocimiento, ni mucho menos amor, ni podremos disfrutar de algo que está llamado a descubrirnos y a poner en marcha nuestra propia historia de plenitud. A veces ese encuentro nos puede dar miedo por sus consecuencias, pero no temamos porque siempre será liberador para nosotros y los otros.

           

 

ORACIÓN:        

“Me valoras”

 

            Soy consciente, Señor, de que cada día sales a mi encuentro como pregunta y como respuesta. Y, a veces la mía no está a la altura, o se mueve más en la teoría del deseo que de la realidad. Pero ahí late, en medio de esa ambivalencia, el deseo de responderte. Porque sé que esa respuesta es fuente de vida para mí, y sus consecuencia se vuelcan de manera positiva en los otros, y todo ello me permite crecer, y sentirme a gusto conmigo mismo, en medio de mis limitaciones. Porque tú me encauzas hacia lo mejor de mí y de los otros. Sí lo sé, siempre serás pregunta, y eso me deja un ámbito de libertad y, al mismo tiempo, de pararme ante ti y ante mí mismo, y eso me hace descubrirme no como alguien manipulado, sino como alguien capaz de descubrir conscientemente los efectos de sus opciones. Gracias, por ello, Señor. Gracias porque me valoras en lo que soy, y porque te me ofreces para que tome, si quiero, la fuerza de tu amor, el regalo de tu salvación. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:         

“Pregunta y respuesta”

 

Cuántos interrogantes

se ciernen sobre la vida;

cuántas dudas de cosas claras

paralizan mis pasos

y justifican otros muchos,

hasta convertirse en trampas

que frenan mi marcha

o las llevan por caminos

que ni yo mismo deseo.

Y en ese mar revuelto

de mi propia incertidumbre,

 tu voz me viene clara,

jovial y viva.

Palabra cargada

de sueños de esperanza;

palabra abierta

de horizontes limpios,

con una fuerza de amor

que predispone a descubrir

la belleza de la vida,

la grandeza de lo que soy,

el potencial de mi ser

que sólo puede arrancar de ti;

y, que sí, se convierte siempre,

en pregunta y respuesta

en vida abierta ante mí.

 

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