Semana 9 Sábado B

TIEMPO ORDINARIO

 

Sábado 9º

 

 

LECTURA:         

Marcos 12, 38-44”

 

 

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: ¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.

Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

 

 

MEDITACIÓN:         

“Observaba a la gente”

 

            Sabemos que a Jesús le gustaba mirar a la gente, ver sus reacciones, incluso leer tras su mirada lo que las personas podían experimentar por dentro. Solía hacerlo mientras hablaba, como una manera de comunicación, de empatía cercana o, incluso, si los interlocutores venían en plan negativo, para manifestar su malestar. Jesús siempre es muy explícito y directo en sus comunicación con los otros.

 

            Y hoy lo vemos de un modo especial, sentado, observando a la gente, como se sentaría ante Jerusalén, llorando, viendo su indiferencia ante su mensaje. Pero en este momento, está viendo cómo actúa la gente nada menos que ante el cepillo del templo. Todo ello le sirve para ver cómo nos movemos y hacer su valoración, más allá de las apariencias y de las concreciones, valorando al final el interior de esa viuda que lo da todo. Porque, no cabe duda, en nuestras actitudes externas, ponemos de manifiesto cómo es o como está nuestra interior.

 

            Desde ahí, podemos volver la mirada a nosotros, la nuestra y la de Jesús, y saber que, de alguna manera, también nos mira. Nos es una mirada meramente inquisitiva para condenar, simplemente Jesús mira, ve, valora y descubre, y nos puede ayudar a ver qué hay de verdad en nuestro interior, desde dónde nos movemos realmente. Puede ser que lo que hacemos sea bueno, como bueno era todo aquello que daban aquellos ricos. Es de alabar aquella generosidad, pero parece ser que era una generosidad fácil, que poco afectaba a la realidad de su vida. Y, no cabe duda que Jesús va pidiendo o esperando algo más de nosotros; especialmente cuando vislumbramos tantas necesidades en nuestro entorno, y desde ahí nos interpela.

 

            No, no condenó a aquello ricos, hacían algo bueno, pero se quedaban cortos. Jesús se hace don todo él, toda su persona, no se ha reservado nada, ha salido al encuentro de los otros para que, apoyados los unos en los toros, mejoremos nuestro mundo, le demos un poco más de luz, de justicia, de bondad, de ternura. Y eso no se hace desde lo que sobra de nosotros sino desde toda nuestra implicación.

 

            Por ello, sí, sería bueno, muy bueno, que pensásemos que Jesús nos mira expectante, tratando de descubrir cómo vivimos nuestro seguimiento, nuestro ser discípulos. Cómo se expresa nuestra solidaridad, cómo abrimos nuestra vida a lo que nos rodea; en definitiva, cómo funciona nuestro corazón. No hace falta que nos diga nada más. Todo nos lo ha dicho ya con su vida y, cómo no, espera que nuestra respuesta esté a su altura, o al menos, en su búsqueda, porque, si es verdad, somos y estamos en camino, pero tenemos que intentar que sea sincero. El nos mira, pero lo hace siempre con amor.

                       

 

ORACIÓN:        

“Mirarme a mí”

 

 

            Es cierto, Señor, sé que ves mi interior y es inútil que trate de justificarme, sería como querer negar lo evidente.  Pero sé que tu mirada, aunque muchas veces pueda sentirse decepcionada, demasiadas veces, es una mirada de amor, que es la que mejor me puede ayudar a retomar tu camino. Tu mirada quiere atraerme, quiere descubrirme mi verdad, y lo mejor de mí. Quiere ayudarme a ver o intuir mis lagunas, pero también todas mis posibilidades abiertas y expectantes. Y, por eso, tu mirada es siempre estimulante y estimuladora, porque me ayuda y me invita a mirarme a mí, para que sienta que no es desde fuera desde donde se me valora solamente, como algo externo que me llega y se me impone, sino que me enfrenta conmigo mismo. Ayúdame, Señor, para que todo ello me ayude a crecer. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:         

“Te miro”

 

Me llega tu mirada

como abrazo íntimo

que quiere empujar

lo que soy

y me cuesta descubrir;

como esas aguas profundas

que uno tiene que excavar

hasta dar con ellas,

porque son aguas profundas,

pero transparentes,

y que son mías,

sí mías,

porque soy capaz de transparencia,

soy capaz de bien,

soy capaz de fluir como fuente,

y saciar mi sed,

y la de muchos.

Y en este desconcierto,

sorpresas de mi ser

y de tu estar en mí,

me miras y te miro.

 

 

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