Semana IV de Pascua – Viernes 3

PASCUA

Viernes 4º

 

LECTURA:      

Juan 14, 1‑6”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:«Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde:«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mi.»

 

 

MEDITACIÓN:        

“Donde estoy yo”

 

            Éste es el proyecto de Dios, un proyecto de eternidad que no sé si acabamos de entender y de acoger con toda  la fuerza de su buena noticia y, sobre todo, en sus implicaciones. En teoría pienso que sí, pero a la hora de la verdad se nos escapa como otras tantas cosas.

 

              Dios quiere, y ése es el empeño de Jesús, que todos confluyamos en él, que la historia culmine su sentido en él, para eso la creo y para eso fuimos creados en él. Ése es su proyecto de salvación definitivo para decirnos que la vida, a pesar de todo lo que observamos y vivimos, tiene sentido, no es un absurdo temporal o una pasión inútil, como algunos la han definido.

 

            Nuestro final es nuestra realización plena en él. Seguro que se nos escapa el cómo, por eso desviamos la mirada. Lo cierto es que no sabemos cómo encajarlo dentro de la materialidad en la que vivimos, pero de la misma manera que se nos escapan muchas cosas de nuestro día a día, y pasamos por encima de ellos sin que nos planteen problemas mayores, o sin que nos impidan hacer o seguir haciendo el camino de nuestra historia más o menos consciente.

 

            Pero lo que no podemos olvidar y esto es muy importante, que ése estar donde está Jesús no se limita al más allá definitivo. Huelga repetirlo pero tenemos que hacerlo, para que sigamos pisando tierra, tierra con él. Nuestro camino, nuestro ahora, nuestra andadura hacia ese espacio definitivo, también tiene que estar marcado por ése pasar los espacios donde está él. Nuestro camino es con él y quiere que allí donde él está estemos también cada uno para poder andar los pasos en la misma dirección.

 

            Por eso Jesús se ha mostrado muy claro. Por eso sus caminos han sido muy definidos. Por eso su opción por el hombre, por el hombre más necesitado, ha sido claro y clave. Jesús, Dios, siempre al lado del hombre, para levantarlo de su postración, sea la que fuere. Y ahí, nos quiere a su lado, que donde él ha estado, por donde él ha pasado, por donde sigue pasando, nosotros pasemos, estemos con él, seamos sus manos, sus pies, su boca, su persona. No podemos encontrarnos al final con quien no hemos hecho el camino, y menos si los derroteros han sido opuestos. Podemos contar siempre con nuestras limitaciones, lagunas, cegueras y lo que sea, pero no con nuestro eludir su realidad.

 

            Es así, entero, como nos podemos entender, como podemos entender a Jesús y al Dios que se nos ha manifestado en él. Es así como nuestra vida adquiere coherencia en nuestro camino siempre haciéndose. Y eso es lo que nos aporta el sentido de nuestro seguimiento.

 

 

ORACIÓN:       

“Caminar a tu lado”

 

            Es lo lógico, Señor, pero parece que no siempre lo lógico es lo que prevalece, nuestras lógicas están siempre muy condicionadas. Pero si digo querer seguirte significa tratar de poner cada momento de mi vida en la órbita de tus opciones y planteamientos, en la órbita de tu camino, de tus preocupaciones, de tus intereses, que dicho así puede sonar un poco mal, como si fuese algo de fuera, pero que precisamente toca de lleno con toda la realidad humana y con toda mi propia realidad más profunda, más auténtica, más mía. No sé porque nos cuesta a veces entender a acoger ciertas cosas, o precisamente las cosas que nos adentran en lo mejor de nosotros, en toda nuestra potencialidad, pero ahí sigues en tu empeño. Ayúdame a caminar a tu lado, junto a los otros, hasta llegar a la casa definitiva que nos has preparado y en la que espero. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:        

“Detrás y dentro”

 

No se trata de andar, sin más,

ni de tomar cualquier camino;

se trata de un horizonte y de un destino

que se dibuja, no desde fuera,

sino desde dentro;

porque no se inventa, porque se lleva,

porque dibuja los márgenes

profundos de mi existencia,

aunque a veces se me pierdan.

Porque tú estás detrás y dentro,

pusiste en marcha su misterio,

misterio que me desborda

pero que me abarca,

y que aunque quiera borrar no puedo

porque es mío y mee lleva.

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