Semana IV de Pascua – Martes 3

PASCUA

Martes

 

LECTURA:     

Juan 10, 22‑30”

 

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba  en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.»

Jesús les respondió: «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

 

 

MEDITACIÓN:     

“En nombre de mi Padre”

 

            No es la primera vez que Jesús nos lo remarca y lo destacamos, pero me parece muy importante, porque añade algo significativo a nuestra realidad de creyentes que no podemos obviar, si no queremos que todo se nos quede en el nivel más elemental y terminemos pensando que todo se mueve en nuestro ámbito que trata de ir hacía Dios cuando en realidad todo debe partir de él.

 

            Esto a veces, al menos a algunos, parece que les da miedo, porque puede sonar como a restar autonomía, o permitir interferencias que anulen o limiten nuestra libertad. La cuestión es descubrir y descubrirla en Jesús, que Dios no anula nuestra libertad sino que la potencia y la dinamiza desde el amor.

 

            A veces es cuestión de palabras, que siempre se nos quedan cortas para expresar realidades que sentimos profundas. Sentimos y entendemos el sentido pero se nos escapa o se nos queda corto o parcial el lenguaje y, por eso, es importante que sepamos ir más allá, más adentro, más profundo, en la medida que somos capaces de sentir o de intuir.

 

            Actuar en el nombre del Padre, no hace referencia a algo externo, a un coger algo de fuera y tratar de meterlo sin más en nuestros resquicios un tanto a presión. No se trata de hacer lo que el otro quiere, sin más, negando mi propia opción, sino hacer mía la opción del otro porque forma parte de mí, porque me conforma, porque desde ella descubro o intuyo la totalidad de lo que soy.

 

            Significa que he descubierto en Dios la fuente y el sentido de mi existencia y que lo que se desprende de ella me libera, me humaniza, me permite ser plenamente yo o caminar hacia ello, aunque sea entre tumbos, búsquedas, y muchas veces hasta fracasos.

 

            Es sentir que desde la experiencia o la inmersión en Dios, en este Dios que en Jesús se me ha manifestado como amor total, mi vida no cae en el absurdo y camina hacia un sentido total, que tal vez no soy capaz de captar en su totalidad, porque el amor es así, en todos sus aspectos y, además, me aporta una fuerza que me permite luchar y pasar o tratar de pasar por tantos avatares en que la vida y las circunstancias me meten.

 

            Supone descubrir y aceptar que en mí hay siempre un espacio por descubrir, por desvelar, por el que luchar, desde el cual crecer, y que tiene una meta que me supera, pero hacia la que puedo caminar construyendo mi propia humanidad, apoyado en ese misterio tremendo de amor que me empuja, que me entusiasma, que fortalece continuamente mis pasos, y me invita a mantenerme siempre de pie, en dignidad de hijo y nunca  esclavo de nada y de nadie, aunque me parezca imposible dada la realidad que muchas veces me quieren hacer experimentar.

 

            Tener eso claro, es lo que nos permite vivir en actitud de escucha, de acogida, de deseo, de sorpresa, mirando hacia adelante y hacia arriba. Y eso es pascua liberadora y salvadora. El reto es vivir con el anhelo de darle forma en la realidad concreta de mi historia. Pero ése es trabajo nuestro, y el punto de referencia está claro.

 

           

ORACIÓN:      

“Partir de ti”

 

            Señor, tengo que reconocer que muchas veces se me escapa tu realidad, me desborda y, tal vez, por eso la esquivo o la relego a un puesto detrás de mí. Todavía creo que no he sabido captar y aprender eso de que tú eres el primero, el punto de apoyo, sino que después de apoyarme en mí voy cogiendo cosas con las que me puedo identificar y que, de alguna manera, puedo terminar, relativizando, porque pasan por mi fragilidad, o los condicionamientos que sean. En el fondo puede ser que te tenga miedo, y que me tenga miedo a mí mismo, y que no sepa o quiera conjugar bien lo que la vida tiene de gozo, de fiesta, con lo que tiene de tarea, de esfuerzo, de reto y, también, cómo no, de cruz. Señor, tú sabes que me pesan e influyen muchas realidades, tal vez lo diga para echar balones fuera, porque al fin y al cabo la llamada y el reto está en mí, y en mi capacidad de asomarme a lo que quiero ser y hacer de mí, sólo desde mí, desde los otros o desde ti. Y quiero partir de ti. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

CONTEMPLACIÓN:     

“Desbordando mi misterio”

 

Tal vez no me atrevo

a decirlo o expresarlo.

Tal vez mis dudas apaguen

o enturbien esa esperanza

que me parece imposible,

y que en ocasiones se difumina

entre las sombras de una realidad

que se muestra cruel y dura,

en una negrura que todo lo empaña.

Pero tú estás ahí, lo sé y lo siento,

desbordando mi misterio;

ofreciendo una luz que no comprendo,

pero que es luz y viento,

y vida, sobre todo, vida;

nueva, irreconocible, sorpresiva;

pero, al fin y al cabo, vida,

que anhelo y espero,

milagro de un amor eterno.

 

 

Dejar una opinión