Jueves de la Semana 1 de Cuaresma – 2

CUARESMA

 

Jueves 1º

 

 

LECTURA:          

“Mateo 7, 7‑12”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!

En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

 

 

MEDITACIÓN:           

“Dará cosas buenas”

 

            Siento que siempre es un riesgo esto del pedir y del dar porque, ante la aparente rotundidad de Jesús, no tenemos la experiencia de que siempre sea así. Tal vez es porque hemos parcializado esas palabras; porque las hemos materializado excesivamente ante lo que en Jesús sólo pueden ser imágenes de lo que hay detrás; porque las hemos desvinculado de esa oración esencial y nuclear que nos enseñó Jesús, del Padre nuestro y, especialmente, del don por antonomasia que nos lo concreta otro evangelista al narrarnos este mismo texto y que traduce esas “cosas buenas” en el don supremo del Espíritu Santo.

 

            Creo que es desde ahí desde donde tenemos que entender esa invitación clara de Jesús al poder dirigirnos con confianza a nuestro Padre Dios. Podemos llamar a su puerta, buscarle, pedirle, con la convicción de que él nos atiende siempre en forma de bien. A Dios no puede ir nada malo y de él nunca brota nada malo. Coincidirá o no su respuesta con nuestra petición de manera literal o no. Puede ser que ciertamente no veamos esa respuesta, no porque la merezcamos o no, sino porque él tiene la adecuada para que se convierta en bien para nosotros.

 

            Lo que es claro es que no podemos pretender hacer de la vida un milagro continuo que nos saque de nuestros apuros, de nuestros sufrimientos, de cualquier tipo de nuestras necesidades. Tenemos que volver a repetir que Dios no es un mago, no puede ni debe ser así. No es un botón que apretamos y que responde a lo que queremos en cada momento, eso no es serio, nuestra vida sería broma, y nuestra inmadurez una prueba cierta de que Dios no es tal, ni nosotros personas.

           

Ni podemos manipular a Dios ni él nos manipula. Que podamos eliminarlo de nuestra vida, que podamos matarlo, es una prueba evidente de ello. Ni podemos jugar con él ni él juega con nosotros. No nos soluciona la vida a base de varita, pero en él encontramos toda la fuerza inserta en nosotros mismos para darle respuesta, sentido, para luchar, para abrir perspectivas de esperanza, para crecer, para potenciar toda la capacidad de bien que ha volcado en nosotros.

 

Asomarnos al abismo insondable del amor de Dios supone ser capaces de llamar no tanto a su puerta sino a nuestra propia puerta, para descubrirle ahí, dentro de nosotros, como manantial de vida. Buscarle no tanto fuera sino en nuestro interior, y asombrarnos de nuestras posibilidades de seguir ahondando para crecer. Pedirle, no tanto a él, sino a nosotros mismos, que tengamos el valor da sacar y de dar, o poner en juego lo mejor de nosotros, para responder a tantas manos tendidas y a tantos corazones quebrados, con lo mejor de nosotros mismos. Porque todo eso, viene de él, es respuesta ya inscrita o respondida en nuestro ser, pero que no acabamos de ver, de reconocer o que limitamos y ponemos obstáculos y barreras en nosotros mismos, cerrados en nuestra mera materialidad.

 

Tal vez, por todo eso, el final de Jesús es concluyente, haced como os gustaría que hiciesen con vosotros, gratis claro, sin pedir pagos de ningún tipo. Inscribirlo todo esto en esta llamada cuaresmal a la conversión debía resonarnos como a tarea estimulante si no queremos que sea una repetición vacía, sin más. Sería perder una nueva oportunidad.

 

 

ORACIÓN:            

“Llamada a mi vida”

 

            Señor, sí, sabemos perfectamente que de ti solo podemos esperar bien. Cómo podía ser de otra manera cuando has sido capaz de dar tu vida por nosotros. Es el máximo don que nos podías ofrecer. Desde ese amor incondicional, gratuito, nos has dado lo que los hombres no podemos ni esperar ni soñar, has dado sentido a nuestra vida, has dado valor a nuestro paso por esta tierra, que tú quisieras mejor, trastocada ya desde el amor, de esa clase de amor que se ha materializado en ti y que nos has ofrecido como referente. Pero seguimos lejos. Seguimos mirando a lo material, seguimos sobre todo sordos o indiferentes a ti, y tendemos a frenar esa búsqueda y llamada a nosotros mismos que nos impide convertirnos en torrentes de bien, de ese bien tuyo volcado en nosotros para volcarlo. Ayúdame para hacer de esta cuaresma un tiempo de encuentro, de búsqueda especial, de llamada a mi vida para encontrarte como respuesta en ella de manera que algo descubra y cambie, a ser posible, en mí. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:            

“Siempre te toca a ti”

 

Siempre te toca a ti

llamar a mi puerta,

buscarme allí

donde ni yo me encuentro,

pedirme que confíe en ti

y que te ofrezca mi espacio

donde puedas volcar

la fuerza de tu amor.

Siempre te toca a ti

dar el primer paso,

lanzar el primer te quiero,

donar tu vida

y susurrar mi nombre.

Siempre te toca a ti,

y siempre respondes,

con tu corazón clavado.

 

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