Sábado de la Semana 1 de Cuaresma – 2

CUARESMA

 

Sábado 1º

 

 

LECTURA:            

“Mateo 5, 43‑48”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.

Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

 

 

MEDITACIÓN:             

“Como vuestro Padre”

 

            Hay realidades que cuando son asumidas automáticamente excluyen sus contrarias, y si cupiese la posibilidad de que coexistiesen, creo que habría que intentar pararse a pensar si de verdad es posible. Y, sí, es verdad que en nuestra naturaleza humana parece que todo cabe y es posible, hasta la asunción de contrarios en nuestras opciones, pero eso no significa que haya que hacerse o que tengamos que hacernos algunas preguntas a nosotros mismos para ver la lógica de ese encaje.

 

            Jesús no viene a darnos soluciones a cada situación aislada de nuestra vida, como una especie de casuística, viene a enseñarnos a generar, descubrir o desarrollar, esas actitudes globales que están llamadas a definir nuestra realidad personal total, hasta definirnos en el fondo de nuestro ser, y desde las cuales todas las concreciones de nuestra vida están llamadas a ser iluminadas y pasadas por su tamiz, como se supone que es el ser de Dios.

 

            Dios, desde la experiencia íntima y profunda de Jesús es un Padre, un padre que sólo sabe amar, es más, es Amor. De manera que Dios no puede ver la realidad, al hombre, sino desde la perspectiva del amor, no la puede ver desde el odio, sería una contradicción en sí. Dios no puede en su infinitud amar y odiar porque todo él es amor. Y desde el amor se vuelca sobre toda la realidad, sobre todos, buenos o malos. De Dios, todos, sólo podemos recibir los beneficios de su amor. El mal que podamos generar, aportar, y desde el cual, incluso, rechazarle a él, viene de nosotros, y a eso él únicamente puede responder amando, como lo hará Jesús en la cruz, manifestación total de ese amor gratuito y donado.

 

            Por eso, era una contradicción aquella doble afirmación de amar a unos y odiar a otros, que expresados así sólo hacen referencia a respuestas afectivas, cuando el amor en más, mucho más, que todavía no terminamos de entender. Dar cabida al amor en nuestra vida significa expulsar toda posibilidad de odio, no es reprimirlo, es, sencillamente, hacerlo desaparecer, o más fácil aún, desaparece sólo cuando se aprende a amar, cuando hemos entendido el amor de Dios, mejor, cuando hemos experimentado el amor de Dios o nos hemos dejado coger por él.

 

            Por eso Jesús insiste continuamente en ese “como vuestro Padre”. Ése es nuestro referente. Ahí apunta la llamada a nuestra conversión. Volvernos al Padre. No sé si para ser perfectos como él, que parece una palabra que nos asusta, porque asustadizos somos un rato, sino para ser lógicos, aunque tampoco sé si es una palabra fácil, porque de lógica andamos despistados también; pero, tal vez, nos asusta menos: lógicos, coherentes, como nuestro Padre Dios. No rotos por nuestros dobles caminos, sino con un corazón unificado en el amor. Es una aventura arriesgada, pero apasionante, y sobre todo esencial para nosotros, en el camino de la construcción de nuestra historia.

 

 

ORACIÓN:           

“Empujas y alientas”

 

            Como tú, Señor, sí, anhelo ser como tú. Casi me da vergüenza decirlo cuando contemplo la realidad de mi vida que va más lenta que mis deseos, cuando incluso las contradicciones hacen presa de mis gestos hasta llegar a romperme. Pero anhelo ser como tú. Quiero seguir aprendiendo el camino de tu amor, de ese amor con el que alientas mis pasos y, en muchos momentos, seduces y haces prender en mi corazón hasta hacer que me duela mi distancia, y sólo las lágrimas puedan expresar la verdad de ese anhelo. Gracias, Señor, y enséñame tu lógica, grábala en mí, conviértela en mi esperanza, en deseo profundo, en tarea de búsqueda ilusionada que sé que tú empujas y alientas, porque lo siento. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:           

“Entrañas de ternura”

 

Amar y odiar,

ruptura de un corazón

que no sabe encontrarse

consigo mismo.

Polos opuestos

que se juntan

en un círculo cerrado

que se llena del vacío

de sí mismo,

y me invitas a romper.

Entrañas de ternura

que arrancan de ti,

mi Padre,

y crean lazos de amor,

hasta abrazar y colmar

todos los poros de mi ser.

 

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