Viernes después de ceniza – 1

VIERNES

DESPUÉS DE CENIZA(B)

 

 

LECTURA:           

“Mateo 9, 14‑15”

 

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»

Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

 

 

MEDITACIÓN:           

“Invitados a la boda”

 

            Parece que no pega hablar de bodas y fiestas nada más comenzar la cuaresma, pero el texto nos da pie a ello y, además, me parece, nos ayuda a poner las cosas en su sitio para saber por dónde nos movemos, dónde nos apoyamos, incluso hacia dónde caminamos, porque todo está encaminado hacia esa ultimidad que, apoyada en las imágenes del Antiguo Testamento, nos dibujan esa convocación final eterna, que culmina en la imagen de un banquete de boda, las bodas del Cordero, de Cristo con toda la humanidad, final feliz de una búsqueda realizada en el dolor y la esperanza de nuestro caminar.

 

            Y así responde Jesús ante ese quedarse un tanto paralizados en el presente y, sobre todo, condicionados por su perspectiva más negativa, que parece que sólo se puede superar desde más gestos de tristeza o de penitencia. Y sí, lo necesitamos y nos puede hacer bien, y desde ahí va a estar presente la llamada continua de Jesús a la conversión, no como actitud cuaresmal, sino como actitud de vida.

 

Pero no es para que nos quedemos en una visión dolorista sino, precisamente, de llamada a rescatar cada día lo mejor de nosotros, a sacar nuestro potencial, a descubrir y desarrollar nuestros gestos de vida. A ir como revistiendo nuestra vida con ese traje festivo que nos capacita o que nos recuerda que no caminamos al matadero, aunque la muerte sea una puerta obligatoria, sino como paso a la fiesta definitiva de la vida.

 

            Estamos invitados a la boda, La pascua final en la que concluye la cuaresma, no es sino la imagen anticipada y celebrada, de la pascua definitiva. Y nadie que se prepara a una boda, a una fiesta, a un final de consumación y de plenitud, puede ver o experimentar los preparativos como un esfuerzo o una elección dolorosa, sino precisamente como algo en lo que merece la pena adentrarse, poner cuidado y esforzarse.

 

            No, no está Jesús negando la ausencia del valor de esos gestos que vivían aquellos grupos, o que nosotros en nuestro hoy seguimos reseñando. Simplemente nos quiere recordar su sentido, lo que quiere conseguir, qué es lo que busca, el porqué de asumirlos con empeño, en toda la realidad del camino de ir quitando para ir poniendo, vistiendo o revistiendo.

 

            Por eso, este tiempo no debemos vivirlo como algo a pasar cuanto antes, como ese tiempo que nos muestra su cara más oscura, sino precisamente, como todos, ese tiempo que nos quiere asomar a nuestro interior, para intentar adecuarlo al ritmo del amor de Dios que se ha manifestado en nosotros como salvador, liberador de aquello que nos ata y nos impide descubrir la dimensión y perspectiva gozosa y de sentido de nuestra existencia. La vida tiene sentido, no acaba en funeral, acaba en boda.

 

El novio ha venido, está con nosotros, y nos quiere ayudar en este tiempo de camino a ir eliminando todo lo que todavía nos enluta, a nivel personal, social, histórico, y que es mucho, demasiado. Y estos medios, que hemos simplificado en el ayuno, la limosna y la oración, son ideales para asomarnos a nuestro interior y a nuestro exterior, para ayudarnos a construir el talante que cambie sus rasgos. Es camino lento, tal vez demasiado lento, porque así son nuestros procesos, pero la nueva cuaresma, nos sigue ayudando a sentir que es muy importante y que merece la pena.

           

 

ORACIÓN:             

“Un nuevo paso”

 

            Señor, siempre nos da pereza entrar en este tiempo, y creo que es porque no hemos sabido captar la fuerza esperanzadora de su sentido. Nos hemos quedado en los medios, y no en los más importantes, sin descubrir del todo qué es lo que pretenden generar en nosotros. A lo mejor hemos oscurecido tanto el clima que no nos permite ver el horizonte en su fuerza, en su belleza, en su propósito o, al contrario, verlo tan claro que es mejor pasar cuanto antes los medios que sentimos oscuros. Y los medios son los que nos quieren ayudar precisamente, con seriedad, pero con gozo esperanzado, a caminar hacia la meta que perseguimos. Nadie que pretende algo bueno en su proyecto de vida puede ver con pesar el esfuerzo que le puede suponer; al contrario, eso es lo que motiva el esfuerzo ilusionado y firme de su camino. Tal vez nos falta descubrirlo y, sobre todo, estar convencidos de que esa meta es lo que buscamos, intentando darle forma desde nuestro hoy. Por eso, ayúdame, Señor, a aprovechar este tiempo como un nuevo paso de tu gracia en el proceso de mi existencia. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:            

“Huele a fiesta”

 

 

Contigo todo huele a fiesta,

aún en medio de dolor.

En ti todo es llamada a la vida,

como cada amanecer que

despierta con su luz abrigada

 en el calor de tu esperanza

que nunca se marchita.

Y todo se quiere vestir de color,

borrar esas sombras que

se aferran como pesadillas

de un mal sueño

ni buscado ni querido.

Y ahí empeñas tu vida y tu boda,

tu fiesta eterna y la mía.

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