Semana 34 Martes A

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 6ª semana

 

 

LECTURA:             

Marcos 8, 14-21”

 

 

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes. Ellos comentaban: Lo dice porque no tenemos pan.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: ¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis? Ellos contestaron: Doce ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil? Le respondieron: Siete. Él les dijo: ¿Y no acabáis de entender?

 

 

MEDITACIÓN:           

“No acabáis de entender”

           

            Parece que en eso de los signos, por muchos que pidamos, andamos bastante despistados. Al menos eso dejan ver esos buenos discípulos que se enteran poquito, lentamente, como nosotros, de todo lo que Jesús es y hace. Parece que tenemos una cierta propensión a la ceguera y a la sordera, o una tendencia  a no querer ver y oír aquello que nos desborda o no nos interesa por las razones que sean. A Jesús eso le debió de llamar bastante la atención porque lo repite en no pocas ocasiones, y lo puede seguir repitiendo porque en ello estamos bien anclados para tristeza nuestra, con sus consecuencias nada positivas a todos los niveles de nuestras relaciones.

 

            No sé si es que no acabamos de entender o no queremos entender, o nuestra capacidad de comprensión es tan limitada y, a veces, tan distorsionada, que eso es lo que ponemos de manifiesto. Ayer se pedían signos y hoy hay signos, o los ha habido en las actuaciones de Jesús, pero no han comprendido, no han ido más allá del signo, y andan preguntándose si hay pan. En otros momentos a los signos que Jesús hace se les tildará como venidos del demonio. Es como para echarse a llorar, o mejor a reír, si las consecuencias en muchas situaciones no fuesen tan dramáticas.

 

            En este caso no lo son, pero viene a expresar lo complejo que es conectar con los otros. Hasta qué punto nos condicionan los intereses, la cultura, la formación, los esquemas aprendidos, las tradiciones que heredamos o los propios genes que hemos recibido siempre de alguna manera limitados, cuando no “enfermos” de algo. Sin hablar, claro está de los intereses expresados de mil maneras, y de esa fuerza de mal que se cuela por los entresijos del corazón humano y de la historia, que nos esclaviza y nos impide ser libres para el bien.

 

            No, no acabamos de entender, pero es mucho peor cuando no queremos entender, cuando nos cerramos, cuando hacemos lecturas interesadas, cuando no somos capaces de poner en juego nuestros valores, nuestra inteligencia, nuestra memoria, nuestra voluntad, nuestro sentido común, cuando no nos ponemos de verdad, con sinceridad, con honestidad, con humildad, con trasparencia, con rectitud de intereses, en la búsqueda común del bien, y nos mantenemos en el rechazo y el descredito del otro, o en no ver más que las malas intenciones que damos de antemano por supuestas.

 

No sé si es hinchar lo negativo, pero es lo que ponemos de manifiesto. No es toda la verdad pero es la que mostramos, porque nos cuesta ver y buscar y desarrollar la otra dimensión. Y de ahí brotan todas esas preguntas de Jesús que se muestra casi perplejo ante la cortedad de nuestros análisis y reacciones. Él espera bastante más de nosotros. Nuestra reacción fue y es eliminarle porque nos molestan sus llamadas e interpelaciones, pero que tenemos que agradecer porque Jesús no busca anular nuestras capacidades para manejarnos, sino precisamente nuestra capacidad de dar respuestas desde el análisis de la realidad que busca siempre el bien, y eso es el mejor tesoro que nos da y la mejor lección que podemos aprender.

 

           

ORACIÓN:             

“Que no me pare”

 

            Señor, a veces damos un poco o mucha pena. Vamos de echados para adelante por la vida, como aquellos que se quieren comer el mundo, y apenas le damos una lametada porque nos quedamos a años luz de nuestras posibilidades humanas. Nos hemos o nos estamos quedando tan satisfechos de nuestros inventos y adelantos, que son maravillosos, que asistimos asombrados y apesadumbrados al ver como nuestra dimensión humana se estanca o se ha estancado, por no decir que retrocede, porque, en realidad, lo que no avanza retrocede, y nos preguntamos por dónde vamos a salir, por dónde vamos a encontrar esa dimensión auténticamente nuestra, humana, dignificadora, acogedora y reconciliadora si encima nos cerramos a ti. Da la sensación de que las barreras se nos aumentan y lo irracional nos domina, mientras todo nuestro potencial humano se anquilosa. Señor, dame luz para que no me pare, para que no me cierra, para que deje abierto ese resquicio mínimo por el que pueda seguir fluyendo la fuerza de tu gracia, de tu presencia, de tu amor, y lo sepa acoger. Gracias, Señor

           

 

CONTEMPLACIÓN:             

“Tu amor paciente”

 

Quiero entenderte

pero soy yo

quien no me entiendo,

quien no soy capaz

de entrar en esas capas

internas de mi ser

donde se expresan

tantas contradicciones, que

porque me desconciertan

trato de apagar o negar.

Quiero entenderme

en esa verdad que

se me asoma y oculto

para que no moleste.

Y tú que me entiendes,

incomprensiblemente,

me sigues esperando

en tu amor paciente.

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