Semana 4 Miércoles B

TIEMPO ORDINARIO

 

Miércoles 4º

 

 

LECTURA:             

Marcos 6, 1-6”

 

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él.

Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

 

MEDITACIÓN:              

“El carpintero”

 

            La verdad es que Dios es desconcertante. No es de extrañar que no le pudiesen captar en toda su realidad, porque eso mismo nos pasa a nosotros, tanto le demos títulos grandes que nos sobrepasan o si le ponemos los que realmente tenía a la vista de todos, aunque él se defina como profeta. Un carpintero profeta, curioso para ellos y para nosotros que todo lo valoramos por grandes títulos y procedencias, con sus excepciones.

 

            Pero no es, ni mucho menos, el primer caso. También el profeta Amós se presentó como labrador y ganadero a quien el Señor había sacado de sus campos para llevar su palabra y profetizar en su nombre. Dios siempre desconcertando y tratando de mostrarnos los espacios y los medios cercanos desde los que manifestarse. Si hubiese elegido lo grande nos quejaríamos de sus privilegios y grandezas distantes; se nos manifiesta a nuestra altura y lo despreciamos porque no encaja en nuestros esquemas. Su madre una mujer sencilla como cualquiera, y sin relevancia; su familia la el pueblo, su padre carpintero también, de dónde pues saca todo eso.

 

            Y Dios nos invita a seguir mirando hacia abajo, hacia el hombre que sigue reclamando de mil maneras su dignidad y a cuyos anhelos trata de responder a su lado, ayudándole a descubrir que ahí está él, como uno más, trasmitiendo esperanza. Y ésta es la realidad de la encarnación, que no terminamos de entender, como ese potencial de fuerza divina que nos rodea a través de todas las realidades sencillas, de nuestra cotidianidad, para invitarnos a ayudarnos, a salvarnos, a construirnos, a solidarizarnos, porque se ha unido a toda nuestra historia para convertirla en historia de esperanza y de amor.

 

            Pero en lugar de acogerle nos quedamos en la duda, en la incertidumbre, en lo que no nos encaja y nos parece imposible. Nos parece demasiado poco, nos fuerza demasiado a poner nuestro trabajo cuando de Dios se espera que nos lo haga todo más fácil, más cómodo, cuando a lo que ha venido es a enseñarnos y a ponernos de manifiesto la esencialidad de dar cabida al amor, a su amor, en nuestro interior para irlo transformando todo desde dentro.

 

            Jesús, el hijo de Dios, Dios, es el carpintero, el agricultor, el trabajador, el político, el filósofo, el sano, el enfermo, el que puede dar y el que necesita recibir, porque está en todos y en todos se quiere manifestar como Dios que quiere amar y ser amado, y desde ahí, nos quiere ayudar a descubrir su realidad infinita y la nuestra. Tarea a construir juntos.

 

 

ORACIÓN:          

“Fuerza de vida”

 

            Gracias, Señor, por tu cercanía, así te comprendo y te acojo mejor. Sé que no has venido con tu varita mágica, has venido con toda la fuerza del amor que puede hacer posible todos los deseos más esenciales de mi vida, y con la que podríamos cambiar la historia, pero parece que nos cuesta entrar en ello. Pero es algo a lo que no puedo ni quiero renunciar, y te doy las gracias por seguir sosteniendo mi esperanza, mi esfuerzo, mi lucha. Te doy gracias porque me permites descubrirte en lo pequeño, en lo cotidiano, puede ser que hasta en lo que me molesta pero que me reta. Me reta para poner y dar lo mejor de mí, para descubrirlo como potencial en mi interior, como fuerza de vida tuya volcada en mí para irle dándole forma en mi realidad de cada día. Ayúdame, Señor. Gracias.  

 

 

CONTEMPLACIÓN:             

“Estás ahí”

 

No puedo abarcar

tu misterio de amor,

sólo sé que estás ahí

y me sorprendes,

escondido y desvelado,

conocido y desconocido,

presente y ausente,

palabra y silencio.

Pero siempre proyectando

tu fuerza de vida

que quiere impregnar

todos mis proyectos.

Y quiero dejarme sorprender,

dejar que penetres en mí,

y sentir que ahí se apuntala

mi presente y mi futuro.

 

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