Semana 2 Martes B

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 2º

 

 

 

LECTURA:            

Marcos 2, 23-28”

 

 

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? Él les respondió: ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.

Y añadió: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

 

 

MEDITACIÓN:            

“Para el hombre”

 

            Me parece importante que nos paremos un poco en los matices de la palabras de Jesús. Muchas veces, a la vista de las grandes afirmaciones o de los grandes mensajes, se nos pierden un tanto todos esos espacios donde se realizan, o están llamados a realizarse, y hacía dónde se dirigen. El no tener en cuenta eso o perderlo de vista hace que nos quedemos en los modos, en las formas, en cuanto tales, y no descubramos que son siempre medios, por muy grandes o significativos que nos puedan parecer. Por no ser conscientes de ello hemos generado y generamos muchos dramas sin sentido y dolorosos.

 

            Esa es la visión reduccionista que nos dejan esos personajes que están y estarán siempre al acecho para condenar todo lo que se sale de los esquemas marcados y, al mismo tiempo, precisamente por esa cerrazón, de la ignorancia. Se tenían por conocedores de la Escritura para su fiel cumplimiento, pero tienen que escuchar de Jesús ese “no habéis leído nunca”, que claro que conocían, pero que, como otras muchas cosas, eran incapaces de encajar y leer en la realidad del día a día. Eso es lo lamentable cuando no se confronta con la realidad y nos metemos en un mensaje bueno pero sin encarnación, que es, precisamente, lo que Jesús ha venido a tratar de enseñarnos con su propia vida.

 

            Por eso, Jesús eso lo tiene muy claro. No podía ser de otra manera cuando precisamente se ha querido encarnar para enseñárnoslo no con las palabras, que ya estaban, sino con la realidad de la vida. Todo, absolutamente todo, ha sido hecho, creado, y pensado, para el hombre. Y nosotros lo hemos terminado convirtiendo casi todo en algo contra el hombre. Las realidades escritas nos pueden sonar bien, somos especialistas en la teoría, ahí está la propia Escritura, lo más sagrado y, sin embargo, no dejan de ser letras y palabras que si no se insertan en la conciencia recta de las personas, no sirven para nada.

 

            Para Jesús es algo claro porque es lo que late en el corazón de Dios. El ser humano es la cumbre de su creación, imagen y semejanza de su ser, llamado a consumar su historia, nuestra historia en él, convirtiéndola en historia de salvación. El proyecto de Dios sobre el hombre lo dignifica y lo potencia hasta cotas ilimitadas. Pero nosotros, curiosamente, preferimos cerrarlas, cortarle las alas, cerrarle horizontes, hasta manipular y rebajar la vida a sus instancias más bajas.

 

            Pero junto a eso, en aparente contradicción, está el empeño humano por seguir esperando algo nuevo. Lo manifestamos incluso en esos deseos que expresamos cuando damos paso a un año nuevo en nuestro calendario, y lo alternamos con gestos solidarios que muestran la grandeza inmersa, inscrita, en nuestro interior humano. Ahí, medio escondido y medio gritado, con muchas reticencias y miedos, demasiados, por un ambiente que nos condiciona, resuena ese “para el hombre”. Para que el hombre sea más hombre, o para que sea simplemente, o nada más y nada menos, que hombre, todo pensado y encaminado hacia él, hacia lo que le ayuda a crecer, a ser alguien insatisfecho en todos los ámbitos de su vida. Y cuando eso se apaga, se apaga su dimensión humana.

 

            Dios, en Jesús, no ceja en su empeño, y toda su palabra tratará, incansablemente, y a pesar de todas las incomprensiones y rechazos, de poner de relieve hasta que terminemos de acogerlo y de encajarlo en los entresijos de nuestra existencia y en nuestros gestos y actitudes de cada día.

 

 

ORACIÓN:            

“Descubrir lo esencial”

 

            Gracias, Señor, por tu empeño en defender la primacía de nuestro ser humano sobre todo lo demás, especialmente sobre todas aquellas leyes o normas que nosotros mismos nos ponemos, muchas veces con buena voluntad, pero que terminan prevaleciendo o ahogando nuestra vida. Parece que no somos capaces de vivir de otra manera, y seguimos multiplicando normas y leyes que nos defiendan y, al final, vamos tejiendo trajes estrechos que nos encorsetan. Cuando los valores se difuminan parece que la única forma de controlarnos es esa. Y tú sigues empeñado en que todo nos sirva, nos ayude a ser más hombres, desde dentro. Las formas y los modos y las estructuras nos ayudan cuando se trata de convivir, pero si olvidan cuál es su papel esclavizan. Y no es teoría. Está patente ahí, en todos los ámbitos sociales, políticos, culturales e, incluso, religiosos. Ayuda nuestra lucidez y valentía, nuestra capacidad para descubrir lo esencial de lo secundario, lo que nos ayuda a madurar o nos degenera, lo que nos ayuda a crecer o nos infantiliza, o peor, nos deshumaniza. Gracias, Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:             

“A nuestro lado”

 

Tú me conoces, Señor,

me has tejido

en los deseos de tu amor;

me has soñado tan humano

que me has dibujado

con tu imagen divina,

y así has volcado en mí

la belleza de un mundo,

de una existencia,

y de unas relaciones,

que construir humanizadas.

Y gritas y defiendes mi derecho,

frente a los ladrones

de sueños y esperanzas,

que han perdido su horizonte.

Mientras, tú sigues ahí firme,

siempre a nuestro lado.

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