Semana 1 Lunes B

TIEMPO DE NAVIDAD – CICLO B

 

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

 

LECTURA:            

“Marcos 1, 6b‑11”

 

En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacía él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

 

 

MEDITACIÓN:            

“Mi Hijo amado”

 

            El bautismo de Jesús pone el punto final a este tiempo de Navidad y nos introduce en el ritmo de nuestra vida, pero no para hacerla rutina, sino precisamente para dejarla iluminar y potenciar por todo lo que hemos revivido, y al paso nuevo de Jesús que sigue haciendo con nosotros el camino de nuestra vida, cada día novedosa en su aparente repetición y en sus sorpresas, sean del signo que sean.

 

            Lo hemos visto con fuerza especial en este tiempo, y lo recalcábamos ayer. En toda esta historia el motor impulsador desde el Padre ha sido y seguirá siendo el Espíritu. Él ha volcado toda su fuerza, de un modo especial, en Jesús, y será él quien nos lo deje como continuidad de su acción en cada uno de nosotros. Como ha dicho el Bautista, será Jesús quien nos bautice luego con Espíritu Santo, y en nuestro bautismo se ha derramado su gracia, de la que a veces somos inconscientes, tristemente inconscientes, perdiendo parte de nuestra fuerza, o no sabiéndola aprovechar con ese vigor que quiere prender en nuestro interior para meternos en la corriente de Dios, en la corriente de su vida.

 

            También para Jesús fue este un momento fundamental en la historia de su caminar y de llevar adelante la obra de salvación que Dios había depositado en él. Hoy experimenta toda la fuerza de la plenitud de Dios, la fuerza tremenda de su amor. Hoy, tal vez, toma conciencia, en el camino de su humanidad, de este Dios Padre que le ama, porque es parte de sí, y cuando Jesús siente en toda su intensidad que la vida se construye en plenitud humana cuando somos capaces de vivirla desde la referencia continua a este Dios amor, Dios de la vida y, por eso, Padre.          .

 

            A partir de ese momento, va a vivir para Dios y desde Dios, su Padre, y por ello, volcado, con todas las consecuencias, en su plan de amor para con toda la humanidad, para con cada uno de nosotros, y hacernos entender que sólo así podemos llegar a  descubrir la hondura y la grandeza de nuestra dignidad, y que hemos sido creados para algo más que para conformarnos con lo más material de nuestra existencia, o con las migajas de una mera piedad que no llena, y que también se puede convertir en rutina, en lugar de una experiencia de encuentro entusiasmante de nuestra historia personal y colectiva.

 

            Hoy descubrimos, en germen, todo nuestro caudal a desarrollar, nuestra llamada a crecer, a construirnos y a construir un mundo donde todos quepamos, porque todos cabemos, y donde el gran reto es conquistar nuestra humanidad y nuestra dignidad de hijos de Dios. Tal vez para muchos no tenga sentido o la vean desde otras perspectivas,  y es ahí donde se genera muchas veces tanto dolor innecesario e inútil como el que acabamos de ver en Francia estos días terribles.

 

Pero la voz de Dios sigue queriéndose hacer eco en nosotros para recordarnos que todos somos sus hijos amados, que todos le importamos, y que en todos quiere completar una historia de amor que por nosotros solos no somos capaces de llevar adelante. Tal vez, necesitamos humildad para reconocerlo y para dejarnos sorprender por un Dios que no pone lazos, los desata. En esto consiste esta historia de salvación en la que se nos invita a entrar o continuar empujados por la fuerza y el calor de este Espíritu que se nos va a presentar en el ser de Jesús, el predilecto de Dios, y también el nuestro.

 

 

ORACIÓN:            

“Aliento de paz y de bien”

 

            Señor es hermoso poder seguir mirando hacia adelante cuando experimentamos que hay alguien que nos empuja, o alguien que nos atrae, como dice el profeta, con lazos de amor. No lazos que atan, sino que desatan todo aquello que sí que nos ata desde la indiferencia o el desamor, y que nos esclaviza. Esa es tal vez nuestra tragedia, y donde podemos experimentar que necesitamos y tenemos que seguir hablando, a todos los niveles, de liberación, de salvación. Seguimos andando el camino de nuestra existencia, y deseo hacerlo, Señor, desde mi realidad de bautizado, no en un rito vacío o de costumbre social o religiosa, sino como el punto de partida de la entrada de tu Espíritu en el proyecto de mi propio ser. Quisiera dejarme seguir empujando por él y poner en juego, cada día, en la sencillez o grandeza de mis gestos, un aliento de paz y de bien. Una sonrisa de ternura y acogida que implique mi vida en cada mano que pueda sentir extendida hacia mí. Como tú lo hiciste y lo quieres seguir haciendo a través de mí. Ayúdame. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:            

“Amor desbordado”

 

Agua derramada,

Espíritu volcado,

fuego prendido

que no se apaga.

Amor desbordado

de un Dios ofrecido

en su Hijo amado

y que en él me abraza

para hacerme también hijo.

 

 

 

 

 

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