Viernes de la Semana 2 de Adviento – 1

TIEMPO ADVIENTO

 

Viernes 2º

 

 

LECTURA:              

Mateo 11, 16‑19”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

 

 

MEDITACIÓN:           

“¿A quién se parece?”

 

            La respuesta es clara por parte de Jesús, pero no estaría nada mal que fuésemos nosotros mismos quienes tuviésemos la valentía de responder con objetividad. Porque la pregunta que Jesús lanza sobre la actitud de su generación, de nuestra generación, también va dirigida a cada uno de nosotros: a quién nos parecemos, a qué nos parecemos.

 

            Y está muy bien traída esa imagen sobre los niños caprichosos. Esos que están siempre dispuestos a llevar la contraria, esos que nunca están contentos con nada, que no les llena ni una cosa ni otra, que no juegan ni dejan jugar, y no son capaces de abrir el corazón a nada que no sean sus intereses. Y eso lo estamos padeciendo cada día, a nivel religioso, a nivel social, político, a nivel de lo que sea.

 

            Juan un loco, Jesús un “viva la vida”, aunque esta expresión que la empleamos en plan negativo, la podíamos ver en positivo porque, ciertamente, el mensaje de Jesús es un canto a la vida en su sentido más total y pleno, A parte de lo que nos interesa, no somos capaces de ver, o no queremos ver, lo que resuena como llamada, como interpelación, como invitación. Para lo que queremos somos muy liberales en la interpretación de las cosas y en otras tremendamente literales. Para unas cosas sabemos sacar lo fundamental de los acontecimientos de la historia y dejar al lado las que ya no sirve, porque fueron expresiones de una época y, por otra, nos quedamos paralizados y rechazamos ya todo lo que se desprenda de ahí y su evolución lógica.

 

            Y todo eso nos hace preguntarnos si de verdad somos caprichosos, o si de verdad somos mucho menos ágiles de lo que pensamos para hacer una lectura evolucionada de los  acontecimientos o de la historia, o si nuestros intereses nos llevan a negar o a coger únicamente aquello que nos va mejor y nos deja funcionar a nuestro aire, solamente a nuestro aire.

 

            Ante esa aparente incapacidad o posible interés, tras los que se pueden esconder muchas motivaciones encubiertas, Jesús es claro. Son los mismos hechos los que dan la razón a la sabiduría de Dios. Son los hechos positivos o negativos los que terminan poniendo de manifiesto donde hay verdad o mentira, donde hay justificaciones o intereses, donde se pone de manifiesto el bien que da y genera vida, o el mal o la mala voluntad. Porque la fuerza del bien, aunque no se quiera reconocer, siempre es palpable por muchos rechazos que se le puedan dar. Esta sabiduría que nos abre el adviento que nos sigue descubriendo el don infinito del amor irreductible de Dios.

 

 

ORACIÓN:            

“El riesgo de jugar”

 

            Parece que el capricho o el interés ha formado parte del hombre siempre. Y hoy más, cuando parece que todo vale y aparentemente da igual, y cada uno actúa según su criterio, o mejor, según su interés. También la religión, como otra cosa cualquiera, la tratamos de hacer a la carta, quitando o dejando lo que nos va mejor. Y si en unos hay una manipulación abierta, consciente e interesada, también en otros, en nosotros, en mí, sin ser muy conscientes del todo, o también conscientes, podemos hacer lo mismo o parecido. Me parece importante tu toque de atención que, además, viviste en tu propia carne y en todo su dramatismo. Porque las consecuencias de tomar poco en serio lo que es serio o nuclear en la vida, puede traer efectos dolorosos, que tarde o temprano palpamos de alguna manera, tal vez cuando ya no tiene remedio. Ayúdame a hacerme consciente de todo esto, Señor, para que no caiga en el riesgo de jugar contigo, conmigo y con los otros. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:          

“Dejarme llevar por ti”

 

Dejarme llevar por ti;

sentir la fuerza de un sí

que pone en movimiento

la dirección de mis pasos,

que saben dónde quieren ir

aunque el camino duela.

Y sentir que siempre hay

una brisa que aligera el peso,

siempre una mano amiga,

y la certeza de que tú

vienes, empujas y esperas.

 

 

 

 

 

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