Sábado de la Semana 2 de Adviento – 1

TIEMPO ADVIENTO

 

Sábado 2º

 

 

 

LECTURA:           

Mateo 17,10‑13”

 

 

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.

 

 

MEDITACIÓN:         

“Lo trataron a su antojo”

 

            Juan dejó una gran secuela detrás de él. Muchos le escucharon, otros muchos le siguieron, incluso muchos años después de su muerte y, a otros, condenó sus actitudes religiosas cerradas y denunció los abusos de poder, lo que le valió la muerte. Así muchos descansaron de su presencia y de sus palabras. Al final, es casi siempre desde las instancias de poder, del tipo que sea, desde donde se manejan los hilos de la vida de quienes resultan molestos y, con disculpas del tipo que sea, acaban tratándolas a su antojo, como dice Jesús.

 

            Y Jesús se sabe en la misma línea. Además de pariente, ha estado muy cerca del bautista y ha sido bautizado por él, y muchos de los discípulos de aquél están ahora entre los discípulos y seguidores de Jesús. Su mensaje arranca de la primera llamada de Juan pero con un matiz importante. Mientras que aquel hacía hincapié en la condena, Jesús hará hincapié en la buena noticia de salvación que trae de parte de Dios. Pero también con toda la libertad frente a cualquier tipo de poder, por lo cual, como él mismo avisa, también él tendrá que padecer a manos de los mismos. Les costaría entenderlo y asumirlo, pero la realidad de los acontecimientos se los pondrá de manifiesto, aunque el final, en sus efectos, será totalmente diferente.

 

            Pero hoy seguimos inmersos en la misma historia, y escuchar a Jesús es mirar a nuestro alrededor para descubrir que seguimos viviendo las mismas realidades. Las palabras de Juan y de Jesús siguen molestando a muchos. Para unos será algo indiferente, pero para muchos sigue siendo una voz molesta que hay que acallar o que hay que reducir a los ámbitos privados, a las catacumbas más o menos. Lo que viene a seguir poniendo de manifiesto que esa palabra interpela, no es indiferente, molesta y parece difícil rebatirla. Y si para condenarla hay que recurrir a actitudes del pasado, se recurre. Cómo si el pasado del hombre, de las instituciones de cualquier tipo, tuviesen un pasado impoluto.

 

            Pero no se trata de defender. Se trata de que nosotros nos sigamos abriendo a esta palabra, a este modo de vida, y le demos forma en nuestra vida. Estamos llamados a ser testigos de la buena noticia del evangelio con todas sus consecuencias. El adviento nos está tratando de ayudar a seguir abriendo el corazón a este Dios que vino, que viene, que está y que vendrá. Para nosotros nos son palabras, ni historia pasada, sino fuerza que empuja y da sentido a nuestra existencia; y, si no con palabras, que sean nuestras vidas las que hablen, arraigadas en Jesús, ofreciendo esperanza en medio de tanta confusión.

 

 

ORACIÓN:           

“Reafirmarme en el bien”

 

            Qué poquito avanzamos, Señor. Seguimos actuando y respondiendo de la misma manera, por muchos peros que les queramos poner. Son los mismos sentimientos y las mismas reacciones, los mismos intereses, las mismas contradicciones, los mismos rechazos, las mismas mentiras, pero que no pueden apagar un mensaje de esperanza. Y yo sólo, Señor, quisiera reafirmarme en el bien, aunque muchos gestos de mal y de mentira, y de ausencia de libertad en quienes dicen defenderla, se opongan. No puedo apagar mi esperanza porque sería como apagar el sentido de mi existencia, de mi dignidad. Ayúdame, Señor, para que el antojo de muchos no frene mis deseos de vida ni mis gestos de bien. Gracias, Señor.  

 

 

CONTEMPLACIÓN:              

“Quiero vivir”

 

Quiero vivir mis sueños,

dejar que fluya la esperanza,

abrir al corazón horizontes

que llevan ecos de amor.

Anhelo que el mundo

se llene de una paz desbordante

que sorprenda su propio corazón,

y descubra que todo ello

sólo puede venir de ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

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