Martes de la Semana 2 de Adviento – 1

TIEMPO ADVIENTO

 

Martes 2º

 

 

 

LECTURA:          

Mateo 18, 12‑14”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

 

 

MEDITACIÓN:        

“En busca”

 

 

            Éste es el gran milagro del que me da la sensación de que todavía no somos conscientes. Hablamos constantemente de que el cristiano tiene que ser un buscador de un Dios aparentemente escondido y misterioso y, mira por donde, resulta que el que lleva buscándonos toda la eternidad a nosotros, al hombre, ni siquiera es Dios, si no nuestro Padre del cielo.

 

            Y no es nada nuevo. Toda la Escritura está atravesada por este Dios que sale al encuentro del hombre, que se le revela, que le ofrece liberación, que le acerca su palabra. Al final, no es que no palpemos la presencia de Dios, si no que no nos interesa este Dios enamoradizo, padre pesado y pelma,  y preferimos hacernos otros a nuestra medida o eliminarlo.

 

            Pero tú, Señor, que sabes que te necesitamos, y que sabes lo que sucede cuando prescindimos de ti, sigues saliendo a buscarnos, a recogernos y ofrecernos tu sanación cuando ya nos hemos perdido y no sabemos si quién somos, ni dónde estamos. A ti todavía te preocupamos “cada uno”, porque no somos masa, no somos número, eso nos gusta a nosotros porque así nos despersonalizamos y nos manipulamos mejor. Para ti cada uno somos importante, somos tu hijo, hemos salido de tus manos, de tu pensamiento, de tu corazón.

 

            Y saber eso, Señor, me quita muchos pesos de encima. No tengo que hacer tantos esfuerzos extraños para ver si logro dar contigo en algún misterioso rincón o recodo de mi vida, simplemente basta con que me deje encontrar y contagiarme de tu alegría, de la alegría de tu amor.  

 

 

ORACIÓN:             

“Encontrarme conmigo”

 

 

            Gracias, Señor, gracias porque sales a mi encuentro. Me siento tan perdido en tantas ocasiones, tan desorientado, tan debilitado, que si no eres tú quien viene a mi encuentro no soy capaz no sólo de buscarte, ni siquiera de encontrarme conmigo mismo. Tú sabes, Señor, lo fácil que es perderse hoy, cómo incluso todo está montado para que pierda las referencias de lo mayor dignidad que has depositado en mí, para que pueda ser convertido en objeto de consumo, de mil maneras. Por eso, gracias, gracias, Señor, porque haces de padre, porque haces de amante, porque haces de Dos.    

 

                       

 

CONTEMPLACIÓN:            

“Tu sonrisa”

 

 

Tal vez no me guste la imagen

pero me reconozco oveja díscola,

o más bien oveja ingenua

que cree que cualquier pasto vale,

y que los lobos se han extinguido.

Y hay pastos venenosos y envenenados,

y lobos disfrazados con piel de oveja,

y parajes bellos de arenas movedizas.

Y tú ya ni me lo adviertes

porque ya no distingo palabras.

Por eso vienes, vienes en mi busca,

oveja ingenua,

y al verme sólo dibujas tu sonrisa,

y al fin descubro, torpe de mí,

 que nunca he estado solo,

que tú andas siempre tras de mí..

 

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