Jueves de la Semana 1 de Adviento – 2

TIEMPO ADVIENTO

 

Jueves 1º

 

 

 

LECTURA:             

Mateo 7, 21. 24‑27”

                                   

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

 

 

MEDITACIÓN:          

“Casa sobre roca”

 

            Debe ser muy emocionante ser una especie de globo que flota y es llevado por el aire haciendo que todo sea como una aventura. Pero creo que eso más que nada tiene  que realizarse como un tipo de deporte, no como una forma de vida. Pero, a veces da la sensación de que pretendemos vivir como en una especie de burbuja, al margen de los demás, viviendo a nuestro aire, a nuestro capricho superficial, y dejándonos llevar por todo tipo de corrientes. Y sí, es cierto que la vida es una aventura, pero no precisamente en globo, que fácilmente puede irse al garete.

 

            Pero parece que vamos por ahí. Hoy los sociólogos hablan del hombre líquido, inestable, sin nada en lo que apoyarse, sin valores, sin principios, dejándose llevar también por las corrientes de moda, sin compromisos, a lo que surja. Y también puede ser que sea muy bonito, emocionante y cómodo, pero puede ser que en algún momento uno se ahogue.

 

            Si pretendemos construir algo, que es es el “quid” de la cuestión, si queremos construir algo fuerte y firme, tiene que estar bien arraigado. Un edifico sólo puede subir en altura si profundiza mucho. Un árbol cuanto más grande, más raíces hondas. Y aunque todo sea humilde en tamaño bien firme en sus cimientos para que no se vaya al traste ante las primeras dificultades, del tipo que sean.

 

            Ése es el riesgo que puede darse en nuestra vida y con nuestra fe. No basta con querer o desear. No basta con decir, Señor, Señor, hay que decirlo y concretarlo, darle forma, aferrarse con fuerza a él, con esa fuerza con que unas raíces abrazan una roca o unos cimientos se incrustan en ella. Si no, y pienso que experiencia no nos falta, y más en el ambiente que nos toca vivir, lo más normal es caer, venirse abajo, condescender, y perder la propia identidad, o conformarnos con afirmaciones que se frustran cuando chocan con nuestra realidad.

 

            Dios no quiere hacer hombres inestables, algo que interesa a muchos para sacar partido, sino arraigados con fuerza para ser capaces de construirnos, para crecer, para dar consistencia a nuestra existencia. Hombres que saben unir prudencia y valentía, firmeza y riesgo, convicción y apertura de corazón, realismo y esperanza. Este adviento  nos vuelve a querer ayudar a que nos afiancemos en el que viene, en el que está, en el que es nuestra roca.

 

 

ORACIÓN:            

“Anclarme en ti”

 

            Señor, sabes que me es más fácil llamarte que vivirte, pero sabes también que mi llamada es uno de los aspectos de vivirte, de tratar de hacer mi vida en referencia a ti. No puedo eludir la verdad de mis contradicciones y de mis incoherencias que me hacen palpar que mi camino es lento y es largo, tan largo como mi propia vida y, al mismo tiempo, tan corto. Mis deseos de arraigar en ti son ciertos; pero, mientras, siento el empuje de muchas corrientes que a veces me alejan de ti. Ayúdame a anclarme en ti, para que mi llamada no sea un grito vacío sino una llamada gozosa de mi amor. Gracias, Señor.

                       

 

CONTEMPLACIÓN:               

“Mi vida en ti”

 

Clavar mi vida en ti;

hundir las raíces

de mi existencia

en la roca y el fuego

de tu amor eterno;

hundirme en el sueño

de tu realidad infinita

y dejarte ser en mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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