Semana 29 Martes A

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 29º

 

 

TEXTO:            

Lucas 12, 35-38”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.

 

 

MEDITACIÓN:            

“Ceñida la cintura”

 

 

            No es una expresión que utilicemos habitualmente nosotros, pero entendemos bien lo que quiere decir, y no deja de ser significativa en su contenido que, además, queda claramente explicitado en el mensaje. Y es significativa porque es una llamada a estar activos, no tanto en un trabajo, sea cual sea, sino como actitud de vida positiva.

 

            No cabe duda de que todos tenemos que asumir uno u otro trabajo para poder vivir con la dignidad necesaria, aunque todavía sean muchos, demasiados, los que no pueden hacerlo, sin que, por otra parte, nos cuestione demasiado aceptarlo y volcar de vez en cuando nuestras migajas.

 

            Pero junto a esa necesidad, hay una que brota de nuestra parte más profunda. Porque junto a ese trabajo material, estamos llamados a ejercer ese otro que afecta, no a nuestra realidad laboral, sino a nuestro ser personas, a nuestro trabajo y crecimiento personal, a la potenciación de nuestra dimensión interior, de los valores que nos dignifican como humanos, trabajo para el que no hay fecha de retiro, porque no acaba nunca. Nuestra realidad personal acabará cuando termine nuestro paso por esta historia, y lo que quedará de ella no serán los aspectos materiales sino lo que hemos generado en nuestros valores desarrollados y que han repercutido en bien de todos.

 

            El desarrollo de nuestra sensibilidad, de nuestra bondad, todos aquellos gestos o actitudes que se han desgranado desde nuestra capacidad de amor, y que forman parte de nosotros, de nuestra esencia, es lo que está llamado a formar parte de nuestro principal empeño, porque es lo que nos va a definir de nuestra propia verdad.

 

            Y ahí Jesús es donde nos invita a estar siempre despiertos, proyectando luz en medio de tantas sombras, trabajando incansable e ilusionadamente, porque es nuestra mejor tarea, nuestra principal obra, para la que nos han puesto en esta tierra, de manera que, cuando llegue nuestra hora definitiva, se nos pueda encontrar ilusionada y profundamente vivos.

            Vivimos unos momentos en los que parece que esa dimensión más nuestra la hemos relegado como si no fuese con nosotros, y todo lo que se escape de lo puramente material da la sensación de que nos desborda. La vida está perdiendo su valor y el hombre su dignidad, y la violencia se extiende con una fuerza e indiferencia increíble. La pérdida de valores y la imposición de los propios criterios, cuando más se habla de libertad, es alarmante.

 

Por todo ello, la llamada de Jesús es una interpelación y un resquicio de esperanza que se mantiene siempre abierta. Nos empeñamos en decir que Dios no existe, pero existe el hombre, y en su empeño porque sea tal, está implicado nuestro Dios plenamente, como nos lo ha puesto de manifiesto en Jesús. Él sigue siendo nuestro modelo y nuestro punto de referencia. El que vino, el que viene cada día al camino de nuestra historia y el que vendrá definitivamente un día para culminar la historia, nuestra historia,  en el amor.

 

 

ORACIÓN:            

“Culminar mi persona”

 

 

            Señor, lo sabemos, pero parece ser que ese mundo interior que poseemos y, en el que al mismo tiempo, estamos inmersos, nos desborda. A fuerza de pegarnos a lo material terminamos casi rechazando o eludiendo, porque es más cómodo, toda esa potencialidad que nos conforma, y que es una caja sin abrir, porque en el fondo sabemos o intuimos, que nos enfrenta con nosotros mismos, y nos da miedo. Lo externo, lo material es más fácil, sin terminar de descubrir que esa realidad profunda nuestra, la más nuestra, está llamada a tomar forma, a manifestarse, a trabajarse para ir forjando nuestro yo más auténtico. Señor, ayúdame porque yo también estoy inmerso en ese ambiente que a veces me contagia en su indiferencia y superficialidad, y me lleva a relativizar aquello incluso de lo que me creo seguro. Ayúdame a no ahogar mi proyecto personal. Dame el anhelo y el deseo de crecer, y de ser consciente de que esa tarea es la que está llamada a culminar mi persona y mi historia. Que nadie me la apague, Señor. Gracias.

 

           

CONTEMPLACIÓN:           

“Trabájame”

 

Señor, trabájame,

haz en mí tu obra.

Que mi tesoro interior

fluya como una fuente

y haga reverdecer

los secos espacios

que pueblan mi historia.

Sigue recreando mi persona,

sigue soplando tu aliento

cargado de ansias de vida

que mantienen vivo

mi cuerpo y mi espíritu,

hasta que tú vengas

a completar mi obra.

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