Semana 28 Martes A

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 28º

 

 

LECTURA:                

Lucas 11, 37-41”

 

 

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa.

El entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

 

 

MEDITACIÓN:           

“Limpiáis por fuera”

 

 

            Repetimos, como si de una gran novedad se tratara, que vivimos en la época de la imagen. Es cierto que todos los medios tecnológicos que tenemos lo facilitan y extienden, pero la realidad en sí, es de siempre. A los hombres y mujeres nos ha gustado la imagen externa, las apariencias. Y eso, como todas las cosas tiene su vertiente positiva  y negativa.

 

            Cuidar lo externo no es malo, al contrario. El buscar la belleza y presentar bien las cosas supone también un arte. Cuidar en su justa medida la forma externa en sociedad podemos decir que sería casi una exigencia, aunque nos podamos encontrar con todo tipo de realidades y de personas. El problema puede venir cuando nos quedamos únicamente en lo externo, cuando detrás del escaparate todo es desorden, cuando detrás de la imagen exterior bonita hay una realidad oscura.

 

            Y eso es lo que Jesús, casi de manera continua, trata de desmontar de aquellos que externamente daban una imagen muy buena pero en su interior la realidad era muy diferente. Cuando detrás de una fachada de cumplimientos y normas estrictas, su vida caminaba al margen de todo lo que expresaban.

 

            No es muy difícil seguir viendo eso en nuestro ámbito social. Personas que ocupan puestos relevantes y que se suponen en puestos de servicio y responsabilidad, pero que los utilizan de tapadera para lucrarse en su favor. Bonitas palabras y discursos, caras amables y sonrientes, hasta que todo sale a la luz. Y sin ir tan lejos, podemos mirarnos en nosotros mismos para ver también nuestras grandes afirmaciones, incluso como creyentes, pero luego nuestra realidad y nuestra respuesta a ellas quedan desmentidas en muchos de nuestras actitudes.

 

            No, no solo los títulos son los que hacen de nosotros personas limpias y transparentes. No son nuestros vestidos los que nos hacen elegantes, aunque lo consigan por fuera. Es nuestro interior lo que nos da la verdadera talla de nuestra belleza como personas, aunque tal vez nuestro exterior sea muy sencillo. Es la limpieza de nuestros interior la que nos hace trasparentes, la que hace posible que nuestra mirada sea limpia y nuestras actitudes sinceras y honradas. Eso es lo que estamos llamados a trabajar y cuidar. Y la mejor garantía para conseguirlo es tratar de ir acogiendo cada vez más en nosotros, en lo más profundo de nuestro ser, al Dios que en Jesús nos ha salido al encuentro de nuestra vida, en el que interior y exterior se identifican.

 

             

ORACIÓN:             

“Armonía interior”

 

 

            Señor, también hay en mi vida zonas inaccesibles, zonas oscuras en las que todavía en ocasiones no puedes entrar, y que chocan con mi realidad exterior. Es fácil dar una imagen pero por dentro no estar tan acorde con lo que se ve. En parte es normal, y no es por justificar. Nuestra realidad es progresiva y nuestros deseos siempre van por delante de nuestra realidad, y pienso que tiene que ser así. El problema es cuando lo convertimos en hábito y no ponemos de manifiesto la ilusión necesaria ni la voluntad de dar pasos que vayan ayudando a ir creando esa armonía interior y exterior. Señor, ayúdame a vivir en un cierto inconformismo conmigo mismo, a no pararme ni justificarme cuando sé que hay pasos que dar y coherencias que realizar. Ayúdame a anhelarlo desde ti, desde una relación cada vez más intensa contigo, para que me contagies la fuerza de tu amor. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:             

“Me quieres limpio”

 

 

Me quieres limpio

por fuera y por dentro.

me quieres transparente,

capaz de mirar a los ojos

y de decir lo que siento.

Y en ese empeño pongo

mi ilusión y mi fuerza,

sabiendo que eres tú

quien me empuja y apoya.

 

 

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