Semana 17 Jueves A

TIEMPO ORDINARIO 
 
Jueves 17º
 
 
 
LECTURA:               
“Mateo 13, 47-53”
 
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
 
 
MEDITACIÓN:            
“Lo nuevo y lo antiguo”
 
 
Es importante esta afirmación con la que Jesús cierra este ciclo de parábolas. Ha ido presentando, y continuará haciéndolo de muchas maneras, la novedad del mensaje del Reino. Ha hablado también de odres nuevos, de vino nuevo, de tela nueva, frente a lo viejo, y no para desecharlo sino para ponerlo en su sitio, darle su valor.
 
En la vida no hay compartimentos estancos. Todo está relacionado, y si en algún momento no somos capaces de descubrirlo, el tiempo nos termina haciéndonos ver el sentido y el valor de lo sucedido, hasta encajarlo en la nueva realidad, para poder entender toda su riqueza.
 
Jesús, como lo dirá expresamente en otros momentos, no ha venido a tirar por tierra nada de lo anterior. Cómo va a tirar algo en lo que Dios, su Padre, a lo largo de la historia, ha ido haciéndose presente y guiando el caminar lento y torpe de su pueblo hacia la liberación. Pero en esa realidad, Jesús da un salto en la revelación del Padre, y con su palabra y su actuación trata de ayudarnos a entrar en la plenitud de sentido de toda esa manifestación de Dios.
 
Por eso, a partir de ahora, ante la novedad de su mensaje, la sabiduría del creyente no consiste en hacer tabla rasa de lo anterior, porque sin lo anterior no se podría entender el presente. Sin toda la realidad del Antiguo Testamento no podríamos entender a Jesús. Al mismo tiempo que el presente ilumina y plenifica lo viejo, lo anterior. Es decir, la novedad del reino traída por Jesús, es la realización del sueño esperado y ansiado por los profetas y lo mejor de los creyentes a lo largo de la historia, que pueden ver en Jesús realizadas sus esperanzas.
 
No, no podemos deslindar nuestra historia. Es nuestro pasado lo que nos ha traído hasta nuestro hoy,  pero no para encallarse y quedarnos mirando atrás con añoranza, repitiendo lo mismo, sino para aprender de él y avanzar. Para descubrir en él el movimiento de la vida que no para y dar pasos adelante, corrigiendo errores, o enriqueciendo valores. Para seguir dotándonos de lo mejor y poder responder a los retos de cada día, descubriendo el valor de lo bueno, de lo que nos construye, de lo que nos humaniza, de la necesaria apertura para dejarnos sorprender de Dios y de nosotros mismos abriéndonos a la potencialidad de nuestras posibilidades, que podemos descubrir ilimitada para seguir apostando por todo lo que construye vida y nos ofrece y abre a la esperanza.
 
 
ORACIÓN:                  
“Deseos de aprender”
 
 
Tal vez, Señor, uno de los grandes errores de nuestro hoy, y puede ser que de  siempre,  sea que tendemos a estancarnos en el pasado o en el presente. Parece que nos es difícil conjugar los dos momentos, y así no aprendemos y nos condenamos a repetir errores  y no aprender de los anteriores.. Creo que nos falta sensatez, prudencia, y deseos de aprender, y no valoramos la sabiduría de la vida. Nos creemos autosuficientes, y lo que da la sensación es que cada vez nos destruimos con más ahínco. Tal vez no es la auténtica valoración, pero eso es lo que más palpamos o lo que más se deja ver. Tanto que tenemos el riesgo de que nos condicione y arrastre. Y yo no estoy libre de ello. Por eso, Señor, ayúdame. Ayúdame para saber encajar en mi vida lo nuevo y lo antiguo para que con ellos, parte de tu historia y de la mía, siga construyendo mi hoy y mi mañana. Gracias, Señor.
 
 
CONTEMPLACIÓN:               
“Contigo”
 
 
Es mi historia ese arcón
que guarda luces y sombras,
aciertos y desaciertos,
fracasos y esperanzas 
que me enseñan lo bueno
y lo malo del camino,
que sigue imparable 
la ruta a su destino.
Y así encauzo e ilusiono
mi andadura siempre nueva,
y contigo rodeo los peligros,
y comparto su belleza
hasta alcanzar la meta.
 

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