Semana 15 Martes A

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 15º 

 

 

 

LECTURA:     

Mateo 11, 20-24”

 

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al Abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

                           

 

MEDITACIÓN:     

“Se puso Jesús a recriminar”

 

 

            No cabe duda de que Jesús es bueno, pero ciertamente no es impasible e indiferente a la respuesta que damos a su acción en nosotros. Su actitud es la de estar volcándose continuamente sobre los otros, esa es su preocupación, dejando al lado, como vemos a veces, su descanso o, incluso, su tiempo para comer, y espera nuestra respuesta.

 

            En nosotros lo entendemos muy bien. Cuando hacemos algo por alguien lo hacemos desinteresadamente, pero si vemos rechazo en su respuesta, tal vez no nos arrepintamos del bien que le hemos hecho, pero nos decepciona su incapacidad de agradecimiento. Un antiguo refrán popular dice que “amor con amor se paga”; y, también en el caso contrario “de desagradecidos está el mundo lleno”.

 

            Jesús se vuelca por donde pasa, se hace don total, lo hace hasta el límite de su vida, y la respuesta de muchos es la indiferencia cuando no el rechazo, y esa actitud se sigue poniendo de manifiesto, y no solamente en los que se manifiestan no creyentes, sino, lo que es más triste, en quienes nos decimos formar parte de los suyos.

 

            En Jesús Dios se nos ha acercado, se nos ha hecho compañero de camino, nos ha manifestado su amor a través de todos los que entonces se acercaron a él, como gesto que expresaba su actitud con los hombres de todos los tiempos. Nosotros lo sabemos cercano en los sacramentos, que se han hecho posibles por su muerte y resurrección, y en su Espíritu se nos ha hecho don y fuerza que alienta nuestro camino, y espera nuestra adhesión, nuestra respuesta, nuestra acción comprometida que se haga eficaz para con todos, especialmente quienes más lo necesitan, como lo hizo él en su paso por la tierra.

 

            Tal vez tengamos que dejar resonar en nuestro interior su recriminación porque no estamos a la altura de la respuesta que debíamos dar, y experimentarla de nuevo como llamada que nos invita a una respuesta agradecida y como urgencia, porque nuestro mundo sigue necesitando presencia buena de Jesús a través de quienes nos afirmamos suyos. Asomarnos a nuestro interior para redescubrir su acción benéfica en nosotros es el paso necesario para dejarle manifestarse en nosotros y responderle con nuestras actitudes..

 

           

ORACIÓN:     

“Nuestra respuesta”

 

 

            Creo que sí, Señor, que tienes muchos motivos para echarnos en cara nuestra respuesta pobre y muy condicionada, cuando no nuestra indiferencia, porque por espacios de todo tipo pasamos a lo largo de nuestra andadura. Pero sé que tu queja se quiere convertir sobre todo en llamada y en urgencia. No podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo, de dejar que pasen los días, justificándolo todo, cuando hay tantas realidades que necesitan nuestra respuesta. Olvidamos que una forma de que tú llegues  a los otros es a través de nosotros, que somos y estamos llamados a ser mediación, encarnación de tu presencia, de tu amor, de tu ternura, de tu cercanía, de tu sanación. Sigue ayudando mi camino, sigue llamando con esa urgencia a mi puerta para que descubra que esto no es un juego, que la vida la construimos o la destruimos, y que tú estás con nosotros para dignificarla. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:      

“Sanación”

 

 

Me esperas, Señor, me esperas

mientras yo te doy largas,

mientras disculpo mis errores

o justifico de mil maneras

mi ausencia de respuestas.

Y en esa larga espera

vas horadando, gota a gota, y

 sanando la dureza de mi corazón.

Y poco a poco, mi respuesta frágil

se va fortaleciendo en ti,

y tu espera paciente y amorosa

se me hace espacio y tiempo de sanación.

 

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