Semana V de Pascua – Sábado 1

LECTURA:

“Juan 15, 18 21”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mi antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.”
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

MEDITACIÓN:
“A causa de mi nombre”

Creo que este texto lo debíamos retomar y tener muy presente en los momentos que nos está tocando vivir. Sencillamente para que no nos pillen de sorpresa las realidades que vivimos en nuestro ambiente, en el mundo, como dice Jesús, para que sepamos a qué estamos dispuestos, y si es la hora de los lamentos, del esconderse o del dar testimonio con más coherencia, pese a los retos y las dificultades.

Y este texto, de un modo especial, nos lo recuerda en palabras del mismo Jesús. Como nos decía el Papa hace poco, en estos momentos se está produciendo una persecución y muerte de cristianos mayor que en los primeros tiempos de las persecuciones a lo largo y ancho del mundo. Generalmente no somos conscientes de su gravedad al verlo de forma lejana, y nos parece que menos dramática, lo cual no deja de ser un aspecto de nuestra insensibilidad con hermanos nuestros de muchas naciones que están siendo perseguidos con una gran dureza; y muchos de ellos los vemos hasta en los medios de comunicación, aunque la mayor parte apenas pasan desapercibidos. Tenemos que rezar por ellos.

A esto tendríamos que añadir esa persecución más encubierta, del laicismo, del desprecio, de la medio marginación que se vive como habitual en nuestros ambientes, y que el anterior papa, Benedicto XVI, lo equiparaba también a otra forma de martirio porque nos hace sufrir y de alguna manera nos desangra. Pero ésa es la oportunidad de confesar nuestra fe en el nombre de Jesús. Es cierto que muchas veces no nos es fácil. Toda forma de rechazo nos condiciona, muchas veces no sabemos cómo responder, y más especialmente cuando lo vivimos entre los miembros de nuestra propia familia de las que también nos habló Jesús en repetidas ocasiones, y que las primeras comunidades vivieron también con mucha fuerza dramática.

No han cambiado mucho las cosas. Todas las palabras bonitas de libertad, de derecho de expresión, de libertad religiosa en la carta de derechos humanos, son como humo que se disipa, y sólo nos acogemos cada uno a lo que nos interesa. Nos damos leyes bonitas que luego rompemos o simplemente pasamos de ellas. Al cristiano se le es fácil perseguir porque no responde con violencia. Y si hay algún grupo extremista que lo hace entonces toda la iglesia y todos los cristianos somos malos. Las violencias de otros, de mil maneras que nos toca sufrir no son motivo de respuesta alguna, o apenas de algunos grupos minoritarios, y mucho menos si no hay intereses económicos del algún tipo, aquí nada es gratis.

Todo esto es una llamada a fortalecer y ahondar nuestra fe. No es el momento de acallarla y, mucho menos, de abandonarla. Los tiempos recios, como decía santa Teresa no son para esconderse, sino para dar testimonio y, tal, vez, estamos en un tiempo privilegiado para poner de manifiesto en nombre de Jesús y el que llevamos nosotros desde nuestro bautismo, el de cristianos. Habrá que aprender a mezclar sagacidad y sencillez, para que quienes nos vean puedan dar gloria a nuestro Padre que está en el cielo, y el nombre de Jesús siga siendo portador de salvación y de paz.

ORACIÓN:
“Adentrarme en ti”

Señor, no, no es fácil. Nuestra fragilidad, nuestro miedos y, sobre todo, nuestra fe muchas veces frágil, no nos ayudan mucho. Por eso tu llamada, tu aviso, que lo es, nos está pidiendo dejarnos seducir cada vez más por ti, encontrar de lleno en ti el sentido de nuestra vida personal y de nuestra historia. No se trata de salvar sólo nuestro pellejo, se trata de construir entre todos un mundo más humano. Un mundo donde la paz y el amor, la solidaridad y la misericordia, se conviertan como en pilares, aunque veamos que todo va por otros derroteros. Pero nuestros gestos personales contribuyen a ello, somos parte de este mundo y nuestro bien genera bien. Señor, sólo en ti podemos poner esa fuerza y esa esperanza. Si la esperanza se apaga todo se viene abajo, y esa es la gran tragedia de nuestro mundo y de muchas personas que al final, ante tanto absurdo y falta de perspectiva, de indiferencia ante el hombre, optan por quitarse de en medio. Eso no sale en los medios, está prohibido, de no ser casos puntuales, pero es muestra clara de nuestro fracaso de modelo de humanidad, lo mismo que cualquier tipo de violencia a la que asistimos con impotencia. Señor, hoy sólo puedo pedirte fuerza y un deseo tremendo de adéntrame en ti, en tu mensaje de salvación. Gracias, Señor.

CONTEMPLACIÓN:
“Pronunciar tu nombre”

Pronunciar tu nombre,
y vivir desde él.
Y dar testimonio
en la fuerza de pronunciarlo
y en la alegría de vivirlo.
Pronunciar tu nombre
y hacerlo mío;
y ser yo tu nombre
y tu persona.
Pronunciar tu nombre
y decir vida,
anunciando el aire fresco
de tu salvación.
            

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