Seman 8 Martes A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 8º

 

 

 

LECTURA:     

Marcos 10, 28-31”

 

En aquel tiempo, Pedro se puso a decirle a Jesús: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo: Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más ─casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones─, y en la edad futura, vida eterna.

Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.

 

 

MEDITACIÓN:     

“Lo hemos dejado todo”

 

 

            Eso creía, Pedro, pero no. El tema es que cuando hablamos de dejar algo por otro algo o alguien que creemos mejor que otros u otras cosas, nos fijamos siempre en lo material. En eso estaba pensando Pedro, a la luz del suceso del joven rico que se manifestó apegado a sus cosas, aunque en el fondo había más.

 

            Pero no, es cierto. Podrá costar más o menos esfuerzo, sacrificio, o lo que se quiera decir, pero dejar cosas y, sobre todo, cuando de alguna manera lo que se realiza es un cambio, no significa dejarlo todo. Todo es todo, y no solo lo material. Todo es mi comodidad, mi yo, mis intereses, incluso, hasta mis aparentes valores.

 

            Pedro y los apóstoles son un ejemplo claro. Lo han dejado todo, es cierto, familia, trabajo, por una causa noble. Pero pronto se irá poniendo de manifiesto que no han dejado su yo, su afán de poder, de prestigio, sus miedos, sus incertidumbres, sus dudas, su sentimiento de protección que les genera Jesús, etc. No, no lo han dejado todo, es más, no han dejado lo más importante, lo que nos hace auténticamente libres. Y soñarán con ser los primeros, se vendrán abajo al final, y abandonarán a Jesús quien, a pesar de estar tres años con ellos, no ha conseguido meterlos de lleno en su experiencia del Reino. Ha puesto la semilla, pero necesitará todavía tiempo y la fuerza del Espíritu para germinar.

 

            Y ahí nos situamos nosotros. Dios, como nos decía Jesús hace unos días, sabe lo que nos hace falta como necesidad para vivir. No hace mucho les decía a los fariseos cómo por darlo todo al templo, como aparente desprendimiento, dejaban a sus padres ancianos a la intemperie y sin medios de vida. No, Jesús no es ningún fanático religioso. Su predilección y su empeño, precisamente desde su experiencia de Dios, es contribuir a la dignidad del hombre.

 

            Pero todo eso supone opciones. Supone prioridades, valores que se escapan más allá de los propios intereses para salir al encuentro de los otros, para ayudarnos a construir juntos un mundo más solidario, de hermanos, de iniciar la tarea del reino  que un día está llamado a consumarse. Y eso supone decir no, dejar, abandonar lo que nos repliega sobre nosotros mismos, lo que nos cierra en la indiferencia o en la superficialidad, y sólo nos permite mirar las cosas desde la perspectiva del yo, algo que estamos experimentando con todo su dramatismo.

 

            Me parece que sigue siendo, más que una afirmación, una pregunta que tenemos que ser capaces de hacernos. Su respuesta no es de un día para siempre, aunque habrá quien pueda o sea capaz de hacerlo, sino de tarea de toda nuestra vida, porque cada día se nos presenta como reto y tarea. Con ese irlo dejando todo, vamos ganando todos. Merece la pena meterse en esa anhelo liberador.

 

           

ORACIÓN:     

“Construir mi vida”

 

 

            Señor, yo también he pensado y hasta he afirmado que lo había dejado todo, pero la vida me ha ido demostrando mi error, hasta descubrirme en proceso, en tarea. Hay cosas que fácilmente podemos soltar, pero todo aquello que conforma nuestra persona, todo lo que se nos pega del camino, todo lo que el ambiente nos presenta, hace que ese proceso decidido se haga lento en nuestro interior, a veces, torpe, demasiado torpe. Desde esa realidad y ese deseo me sigo poniendo con humildad ante ti, Señor, apoyado en tu misericordia. Ayúdame a ir soltando lastre. Ayúdame a dejar crecer mis talentos; todo ese conjunto de valores que me desprenden de mi yo y me abren a mí mismo, a ti y a los otros, Sólo así puedo construir mi vida en totalidad y ser una pieza positiva en el crecimiento de otros. Gracias, Señor.

 

                       

CONTEMPLACIÓN:     

“Soltar amarras”

 

 

Soltar, soltar amarras,

y, al mismo tiempo,

hincar raíces profundas.

Aferrarse a ti

para poder volar,

con los pies en la tierra

y el corazón en ti.

Y amar, amar

con todas las fuerzas,

para crecer, para ahondar,

para vivir y hacer vivir.

 

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