Jueves de la Semana 1 de Cuaresma – 1

JUEVES 1º DE CUARESMA

 

 

 

LECTURA:     

“Mateo 7, 7‑12”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!

En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.»

 

 

MEDITACIÓN:           

“Buscad y encontraréis”

 

 

            Hoy me decido por esta invitación de Jesús, porque me parece que es la que mejor concentra a las otras dos invitaciones que nos hace. Cuando uno sabe lo que busca, sabe también lo que debe pedir y dónde debe llamar. Y el tema está ahí, si nos interesa buscar, si queremos buscar, si sabemos qué queremos buscar.

 

            Cuando nuestros intereses se mueven exclusivamente por los caminos de lo material, las cosas parece que se nos definen mejor. Queremos conseguir cosas, sabemos dónde buscarlas, llamamos a las puertas que creemos más correctas y pedimos lo que deseamos.

 

            Pero Jesús no va por ahí. Jesús, sabemos que apunta más alto o más adentro, como prefiramos ubicar las cosas en un lenguaje que siempre es limitado. Él sabe que necesitamos de las cosas, ya nos lo dijo, y hasta nos lo recuerda hoy; pero para apoyarse en lo que experimentamos más fácil para dar pasos más allá. Jesús mira la totalidad de nuestra persona que es mucho más que lo material y, eso  lo sabemos, aunque a veces, tal vez muchas veces, prefiramos aparcarlo a un lado, hasta que alguna realidad fuerte de nuestra vida nos lo hace aflorar y desaparcar.

 

            Y para ayudarnos y no dar muchas vueltas a la cabeza, nos dijo que la prioridad, la auténtica prioridad de nuestro ser hombres, a la que tiene que sustentar lo material, por supuesto, es la búsqueda del Reino de Dios y su justicia. Frente al “pan y circo” de los romanos, (y de hoy, aunque de otra manera, pero con cebos parecidos), para despistar de las injusticias y tener callada a la gente, Jesús empezará por dar prioridad a Dios y a la justicia que se desprende de él, porque así habrá pan, paz y alegría para todos. Y eso es lo que nos pide buscar desde la raíz que se apoya en él.

 

            Tal vez, incluso, más que buscar, tendríamos que decir, salir al encuentro de Dios que viene en nuestra búsqueda. Porque así ha salido Dios en Jesús al paso de nuestra historia, para desvelarnos su cercanía, su amor, nuestra dignidad. Una salida que como no fuerza en su acogida, nos invita a buscar, a descubrirla, a abrirnos a ella, a experimentar su fuerza liberadora. Si eso es lo que creemos que debemos buscar, sabemos ya lo que de verdad necesitamos pedir y a qué puerta debemos llamar. Y desde ahí siempre, siempre encontraremos respuesta.

 

            La cuaresma se nos vuelve a presentar como ese tiempo de gracia que quiere ayudarnos a situarnos frente a nuestra verdad más profunda y auténtica, y volvernos hacia ella. Y ya podemos ver e intuir que en ello nos sigue yendo mucho a todos.

 

 

ORACIÓN:                

“Dejarme encontrar”

 

 

            Y todavía creo que queda un paso, Señor, porque a veces da la sensación de que esto, una vez metidos ya en ello, parece que ya no hay nada más que hacer, como si con saberlo ya bastase. Tu búsqueda de nosotros y nuestra búsqueda de ti, no es tarea acabada nunca. Porque tú y nosotros somos insondables; sí, también nosotros, en el misterio de esa grandeza que has depositado en nuestro ser. Si eso no lo mantenemos en pie es fácil terminar quedándonos en lo meramente material, somos así de limitados, y saberlo y reconocerlo es importante para mantenernos siempre en esperanzada alerta. Por eso, ayúdame, Señor, ayúdame a dejarme encontrar, para que no cese nunca de ahondar en el misterio de la grandeza y belleza de tu amor. Gracias, Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:           

“Búscame, Señor”

 

 

Búscame, Señor, búscame

para que no me pierda,

para que salga a tu encuentro.

Búscame en mis rincones

más ocultos y oscuros

donde fácilmente me pierdo.

Búscame para que tu claridad

me indique el camino

por el que ir a ti,

por el que ir hacia mí mismo,

por el  que ir hacia los otros.

Búscame para que te busque,

para que te encuentre.

Búscame, para que te abrace.

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