Semana 7 Sabado A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Sábado 7º

 

 

LECTURA:      

Marcos 10, 13-16”

 

 

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios.

Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

 

 

MEDITACIÓN:     

“Jesús se enfadó”

 

 

            Pues sí, y quiero resaltarlo porque a veces tenemos el empeño de hacer un Dios sin sentimientos. Y, tal vez, esa fue también una de las razones por las que quiso encarnarse.

 

            A mí, personalmente, me gusta ver a Jesús que manifiesta sus sentimientos: se enfada, llora, toca, abraza, mira con cariño, a veces también con ira, siente lástima… Es un Dios vivo, no es impasible. Cómo va a ser impasible un Dios que se manifiesta desde el amor y que asume la imagen de Padre.

 

            Pero nosotros los hombres, preferimos distorsionar la realidad de Dios. Parece que hasta somos especialistas en eso, y nos empeñamos en hacerlo a nuestro estilo. Serio, no se ríe nunca, en su pedestal, frío, duro, mirando la forma de ver los defectos para castigar, al que no se puede molestar, al que hay que pedir audiencia para entrar en su presencia, en su ámbito sagrado. Y Dios que no. Y se enfada porque no entendemos nada. Y se empeña en el servir y nosotros en el mandar. El hacerse uno como nosotros y nosotros en marcar distancias frente a los demás.

 

            Y Jesús se sigue enfadando, cuando de una manera o de otra, no permitimos que niños, hombres, mujeres, pecadores y lo que será, se acerquen a él. Y damos una imagen negativa, sesgada, que nada tiene que ver con Dios, al menos con el Dios que se nos ha manifestado en Jesús, sino con nosotros mismos.

 

            Y por eso hemos terminado haciendo pastorales y liturgias desde arriba, desde lo alto, frías, distantes, serias y, claro, cuando lo queremos arreglar, la cosa está más difícil porque alejarse en más fácil que volver, máxime si seguimos en las mismas o parecidas actitudes.

 

            El Papa nos está dando un buen repaso en sus homilías, discursos, en su última Exhortación. Todo es puro evangelio, pero puede ser que lo sintamos a contrapelo. Y al final no se trata de que nuestras iglesias se vuelvan a llenar, sino de que Dios sea sentido en su realidad viva, cercana, sensible, misericordiosa, y se le pueda dar gloria con gozo.

 

            Sí, dejemos que todos se acerquen a Cristo. O mejor, dejemos que Dios se nos acerque. Porque mientras nos sintamos la fuerza de su amor y de su misericordia en nuestra propia vida, mientras no experimentemos su toque, su abrazo, en nuestra vida, en lo más íntimo de nuestro corazón, no seremos capaces de acoger y abrazar a todos los que se  nos acerquen. Y no lo olvidemos porque cuando más distante más necesitado. Esto escandalizó entonces y puede que hoy lo siga haciendo. Pero así es el Dios de Jesús, y que se ha empeñado en salvarnos a todos, por amor.

 

           

ORACIÓN:     

“La sombra de tu amor”

 

 

            Señor, gracias por tu cercanía. Gracias porque en mi realidad pecadora he sentido y sigo sintiendo tu acogida, tu abrazo, tu palabra de cariño que me invita a seguir adelante, a no tirar la toalla, a seguir intentando abrir mi corazón, a seguir descubriéndote. Gracias, porque no eres como nosotros, porque eres Dios, Dios cercano, Dios Padre, Dios que no se cansa de esperar, de llamar o de callar, pero siempre ahí, proyectando la sombre de tu amor. Señor, que esto me enseñe a acoger. Que experimentarte así me haga más sensible, que mi corazón se vaya modelando según el tuyo. Y no me es difícil descubrirlo. Por eso. Ayúdame. Gracias. Señor.

           

 

CONTEMPLACIÓN:     

“Abrázame”

 

 

Abrázame, Señor, sí,

abrázame como a un niño,

como tu hijo,

y déjame sentir tu calidez,

la fuerza de tu latido

cuando te acercas a mí.

Déjame sentir que estás,

en el susurro de mi silencio

y en ese vacío

que muchas veces no lleno,

pero en el que intuyo que estás.

Sí, abrázame,

hasta que me estremezca,

hasta que no sienta nada,

más que amor,

y me boten las lágrimas

de tu paz.

 

 

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