Semana 7 Miercoles A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Miércoles 7º

 

 

 

LECTURA:     

Marcos 9, 37-39”

 

 

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió: No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

 

 

MEDITACIÓN:        

“En mi nombre”

 

 

            Éste es tal vez uno de nuestros males, unos más habría que decir. Muy fácilmente tendemos a cerrarnos en nuestros círculos personales y grupales, y todo el que no entre en él ya no es mirado con confianza. Podríamos decir que ha sido un mal de la Iglesia, pero no, lo es de todo grupo. Es así como funcionamos. Tenemos miedo a las injerencias o que alguien sea capaz de sintonizar con nosotros pero sin estar apuntado en la lista. Y así nos va muchas veces.

 

            No es la primera vez que los discípulos ponen de manifiesto sus posturas cerradas. Muchas veces nos creemos con privilegios, o sentimos que ciertas cosas que vivimos con esfuerzo, o que nos has costado entrar en ellas, otros puedan realizarlas de la misma manera pero por libre. Nos cuesta alegrarnos del bien de los otros. Es como una especie de envidia encubierta o sin encubrir que se manifiesta en rechazo.

 

            La respuesta de Jesús, ésta y otras muchas, será siempre de apertura, de alegría ante el bien que pueda darse dónde sea. Por eso, se alegrará y alabará la fe, incluso, que puede poner de manifiesto un pagano, con más fuerza que la que pueda poner de manifiesto un creyente o uno que se considera como tal.

 

            No sé si nos habremos encontrado con personas que hacen el bien en nombre de Jesús y no están afiliados a nuestros círculos o, tal vez, no practican,  pero son buenas. Tal vez son buenas en sí, y las hay a montones, pero, por lo que sea, no han sido, o no son capaces de dar un paso más adentro, por decirlo de alguna manera. Puede ser que les haya faltado nuestro ejemplo. Pero la afirmación de Jesús es clara. Alegrémonos de ellos, porque el que hace el bien no puede estar en contra suya.

 

            A mí se me convierte en llamada de apertura de corazón. Apertura para valorar todo lo bueno. Podemos seguir invitando a dar más pasos, claro que sí, pero alegrémonos del bien que salga a nuestro paso y demos gracias por ello. Tal vez lo demás se vaya dando por añadidura en el proceso vital de cada uno, que sólo conoce cada persona y el propio Dios.

 

            Una por una, que todo lo bueno que veamos sea un estímulo para seguir realizándolo nosotros con más motivos todavía. El Espíritu sopla como quiere y donde quiere y es muy bonito ser capaces de dejarnos sorprender por sus destellos de bien que se multiplican en muchos corazones abiertos y generosos. Todo ello nos dice que estamos en esa batalla del bien, gracias a Dios, muchos más de los que pensamos.

 

 

ORACIÓN:

“Cada vez mejor”

 

 

            Señor, gracias por tanta gente de bien que existe. Es cierto que muchas veces sólo miramos a nuestro círculo y luego alrededor sólo vemos cosas parciales. Nos es más fácil ver defectos o cosas a medias que el bien en sí que se desgrana de mil maneras en mucha gente, en la mayor parte de gente. Medimos muchas veces las cosas con el listón de la pertenencia a los grupos, a la iglesia o no, y no está mal, ahí todos pueden encontrar más fuerza que les puede ayudar, pero también es cierto que muchas veces no atraemos, al contrario, somos motivo de distanciamiento. Al final juzgamos o valoramos y tenemos el riesgo de equivocarnos con mucha facilidad. Ayúdame a descubrir siempre el bien, venga de donde venga, y alegrarme por ello. Descubrirlo es un estímulo y nos hace sentir que el bien ocupa más espacio que el mal, aunque hace o porque hace menos ruido. Ayúdame a ser contigo y desde ti cada vez mejor. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:

“Abrir el corazón”

 

 

Abrir el corazón,

dejar sentir que fluya

esa corriente de bondad

que da forma a la vida

y que brota ingente

de todos los horizontes.

Abrir el corazón

y respirar el aire fresco

de tu Espíritu que,

en cada momento,

me puede sorprender

con su ráfaga de bien.

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