Semana 7 Jueves A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Jueves 7º

 

 

 

LECTURA:     

Marcos 9, 40-49”

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al abismo. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al abismo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados a fuego. Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Repartíos la sal y vivid en paz unos con otros.

 

 

MEDITACIÓN:              

“Si la sal se vuelve sosa”

 

 

            Es elemental. Si alguien adquiere cualquier producto y no cumple sus requisitos se devuelve o se tira. Si la sal, cuyo sentido es que de sabor a los alimentos, no sala, no sirve para nada.

 

            Es curioso que lo que percibimos con claridad de cara a las cosas no lo veamos de la misma manera en el ámbito de la vida, en lo que afecta a nuestras actitudes. Tal vez con los otros sí, pero con nosotros mismos siempre nos persigue una especie de ceguera que nos impide reconocer la realidad o las consecuencias de lo que hacemos.

 

            De nuevo el signo es aparentemente insignificante y, sin embargo, sus efectos son significativos. Y es que no valen las cosas por su tamaño o grandeza sino por el valor de sus cualidades, y además en su justa medida. Basta con una pizca de sal para dar sabor a la comida. Si le echásemos una gran cantidad la estropearíamos. No son nuestros grandes signos los que pueden tal vez atraer de una vez, como para sorprender, y luego vivir de rentas, sino esa pequeña dosis de gestos sencillos de bien, que vamos realizando a lo largo de la jornada y de la vida, la  que va poniendo de manifiesto un talante, la que va dejando su nota de bondad, el buen gusto de lo bien hecho, del bien hecho, en lo cotidiano.

 

            Me gustaría equivocarme, pero tengo la sensación de que vamos perdiendo el valor de lo pequeño. Lo grande nos desborda y lo pequeño lo despreciamos o no lo valoramos en su medida, sin darnos cuenta de que lo pequeño llena de belleza y de sabor lo grande.

 

            Para nosotros es muy importante. Jesús nos ha dejado esta imagen, la de ser sal, la de dar sabor, la de ayudar a saborear, a dar buen gusto. Y, sin embargo, muchas veces damos la sensación de dejar regusto amargo. Y ya no sólo en nuestros ámbitos de vida.

 

            El alimento pleno que Dios nos ha ofrecido en su Hijo es la realización de su Reino de amor, y nosotros estamos llamados a hacerlo comestible, a hacerlo saboreable, sabroso. Y uno se pregunta si es problema del alimento en sí, o de la capacidad de elaborarlo con todo el empeño que nos cabe.

 

            No cabe duda de que todo es mejorable y de eso se trata, de estar en ello para no terminar desilusionando, o lo que es peor, escandalizando. Importante e ilusionada tarea.

 

           

ORACIÓN:                

“Nos necesitamos”

 

 

            Sorprender y dejarnos sorprender por la capacidad, por las posibilidades que tenemos de hacer de la vida algo que ayude a vivirla, a vivirla con paz, con alegría, con bondad. Hay algo que nos estamos perdiendo, o lo parece, y es nuestra capacidad de cuidar la vida, de dar valor a lo que hacemos y ser conscientes de sus consecuencias. Pensamos poco en clave de los otros, es más, nos son muchas veces indiferentes, y así la vida se nos escapa en lo mejor de su riqueza. Y si no nos valoramos, podemos terminar comiéndonos. De nuevo se trata, no de ver lo negativo, sino tener la honradez de ver hacia dónde nos llevan nuestras actitudes. Nos necesitamos para construir un mundo habitable Y para eso no necesitamos ni grandes títulos ni grandes puestos, Señor, que no lo olvide. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:               

“El fundamento”

 

 

 

Sí, dar sabor a la vida,

hacerla vivible;

hacer posible

que el bien teja su tela

y nos descubra

que siempre algo mejor

sigue siendo posible,

y que tú eres

el fundamento.

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