Semana 6 Lunes A

TIEMPO ORDINARIO

 

Lunes 6º

 

 

LECTURA:         

Marcos 8, 11-13”

 

 

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación.

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

 

 

MEDITACIÓN:          

“No se le dará un signo”

 

 

            Está comprobado que cuando uno no quiere creer en algo no hay nada que le convenza de lo contrario por muchos milagros, signos o cualquier cosa que se le pueda ofrecer. Jesús lo sabe y, además, lo ha experimentado. Una palabra, un mensaje, no necesita más que ser acogido desde su propia fuerza, desde el peso de su contenido y de la confianza en la persona que lo expresa. Cuando, por el motivo que sea, no se quiere acoger, las razones que se buscan para rechazarlo pueden ser de todo tipo.

 

            A la mayor parte de los fariseos sabemos que no les interesa el mensaje de Jesús. Hay muchos intereses por medio. Igual que sucede hoy en día. Se sabe la carga de bien que hay detrás del mensaje de Jesús. Pero hay muchísimas cosas que interpelan, que cuestionan muchísimas actitudes, y eso molesta y se rechaza de mil maneras, incluida la violencia. Lo seguimos teniendo a la orden del día.

 

            Jesús hizo muchos signos, pero de nada sirvieron a los que no los querían acoger. Por eso, ante la petición de otros signos, la negativa de Jesús es clara y con toda razón. Es tiempo y signo perdido. Jesús es el signo, su vida es un signo, su palabra es un signo. Como diría en la parábola del rico Epulón por boca de Abraham, por muchos muertos que resuciten no harán caso, y ahí tienen las palabras de Moisés y de los profetas. Nosotros tenemos además la suya.

 

            Lo triste de todo esto es que somos nosotros mismos los que todavía seguimos pidiendo signos. Y lo ponemos de manifiesto en ciertos momentos. Tristemente habitual es esa frase, hablando de la otra vida, de que nadie ha venido para decirnos lo que hay. A la hora de la verdad parece que no nos basta la palabra y el testimonio de Jesús. Y así andamos cargados de inseguridades e, incluso, de miedos.

 

            Jesús es nuestro signo y es el único signo que podemos presentar ante los demás. Jesús muerto y resucitado. Jesús que pasó haciendo el bien y sanando porque el Espíritu estaba con él. Y con él nosotros mismos estamos llamados a ser signos con nuestra vida, con nuestra adhesión a Jesús, con la encarnación en nuestra vida de su vida. Porque sabemos que cuando no  respondemos a ello, hay quien aprovecha para recordarnos nuestra incoherencia. Tampoco les gustará asumir el mensaje en sus vidas, pero se apoyarán en nuestro no compromiso, para todavía rechazarlo y rechazarnos más.

 

            Que nuestra fe no dé motivos de rechazo y vivamos con gozo la consecuencia de nuestra adhesión gozosa y comprometida a Jesús, nuestro único y verdadero signo..

 

 

ORACIÓN:         

“Buscando el bien”

 

 

            A mí me da un poco de pena cuando también nosotros vamos buscando signos, milagros, efectos especiales. Me da la sensación de que no nos bastas, Señor. Nuestra dimensión interior sigue siendo un misterio, y lo triste es que muchas veces lo aprovechamos para justificarnos o evadirnos. Nos atrae tu mensaje, pero ante la indiferencia de muchos y ante el atractivo de tantas cosas que el ambiente lleva, se genera en nosotros inseguridad, como queriendo conjugarlo todo. Por eso, Señor, sigue empujando mi seguimiento, sigue atrayéndome hacia ti, sigue haciendo vibrar esa parte de mí que sigue buscando el bien, el crecer y el contribuir a hacerlo contigo y desde ti. Me bastas y te necesito. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:          

“Allí te encuentro”

 

Cuando contemplo el cielo

y miro más allá de él,

allí te encuentro.

Cuando contemplo mi interior,

y miro y siento más allá de él,

allí estás tú,

infundiendo paz y poniendo vida,

muchas ansias de vida.

Y en esa vida te encuentro,

y en esa paz te siento,

y en ese silencio escucho

el latido de tu amor

que me invita a amar.
Lección de cada día,

partitura de tu música,

melodía de tu llamada,

signo de tu belleza

escondida y manifiesta.

 

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