Semana 2 Martes A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Martes 2º

 

 

 

LECTURA:               

Marcos 2, 23-28”

 

 

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? Él les respondió: ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros. Y añadió: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

 

 

MEDITACIÓN:               

“El sábado se hizo para el hombre”

 

 

            La afirmación de Jesús es clara y tajante pero no la entendieron y seguimos sin entenderla, o mejor dicho, seguimos sin querer entenderla. La verdad es que es complicada. Hay mucha gente de buena voluntad, que ven un riesgo grande el dejar que las cosas se valoren según el momento o las circunstancias, porque puede dar lugar al abuso por parte de aquel que quiere aprovecharse de las circunstancias y saltarse a “la torera” las normas establecidas para el buen funcionamiento de las cosas.

 

            Y tal vez ahí está el secreto, el que Jesús cree en la buena voluntad  de las personas y parece que eso no se da, aparentemente, con facilidad. Y no se trata de mirar al pasado para ver lo bien o lo mal que lo hemos hecho. Se trata de que seamos capaces de verlo ahora con la suficiente apertura y limpieza de corazón.

 

            Tal vez sea muy complicado ir poniendo excepciones por todas partes. Puede ser que a nivel legal hasta sea, si no imposible, muy complicado. Pero en el ámbito de lo cotidiano y de nuestras actitudes y relaciones, en el campo de nuestros cumplimientos, Jesús pone por delante siempre a la persona, no a las normas ni a las leyes. La norma suprema es el bien del hombre y todo está destinado, o debía estar destinado, a ayudarle en sus circunstancias concretas, que muchas veces surgen por encima de lo que uno desea o provee.

 

            Nuestra norma suprema es él mismo, y el amor con el cual actúa en todas las circunstancias. Jesús no ha venido a  cazarnos, ha venido a salvarnos, a ayudarnos a descubrir nuestra dignidad, a quitar tropiezos no a ponerlos. Y debíamos alegrarnos de poder experimentarlo como amigo, no como enemigo a la puerta.

 

            Cierto que podemos utilizar su libertad para aprovecharnos. Pero estaríamos poniendo de manifiesto, una vez más, nuestra inmadurez y que no hemos entendido absolutamente nada de su evangelio, de su buena noticia. No cabe duda de que el nuevo recorrido de su mensaje y de su vida deba servirnos para ayudarnos a ir ahondando en el tesoro de nuestra fe y de nuestra realidad de creyentes, así como en nuestra llamada a ser sus discípulos y testigos. Seguro que nuestras relaciones y actitudes serán diferentes. No lo olvidemos: nuestra norma él.

 

           

ORACIÓN:                 “Vivir en verdad”

           

 

            Señor, estás ahí, ante nosotros, visible, y nos cuesta verte y entenderte. Eres tan humano que no somos capaces de captar al fuerza y la belleza de nuestra humanidad que se manifiesta en ti; sencillamente, porque no hemos hecho de la humano nuestro objetivo. Hay veces que parece precisamente, todo lo contrario, y hasta podemos alardear de seguir nuestro instinto más elemental. Por eso podemos encontrarnos como en dos niveles que hacen complicado, precisamente, encontrarnos. Señor, ayúdame a no conformarme. Ayúdame y enséñame a crecer, a vivir en verdad. Sé que no es fácil, pero lo deseo. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:                 “Qué grandeza”

 

 

Qué grandeza se esconde en mi ser

que todavía no he descubierto,

y por la que has puesto en juego

toda tu vida, tu realidad divina.

Qué grandeza que nos desborda,

que no acabo de entender,

y que se me escapa entre los pliegues

de mi inconsistencia,

que has venido a fortalecer.

Y en ese empeño,

en ese milagro de tu amor,

me sigues asomando

al abismo de mi humanidad en ti.

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