Semana 3 Lunes A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Lunes 3º

 

 

 

LECTURA:     

Marcos 3, 22-30”

 

En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.

Él los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

 

 

MEDITACIÓN:     

“Contra sí mismo”

 

 

            Ya sé que no es la mejor frase para quedarse con ella, pero dentro del contexto me parece sugerente, antes esa acusación absurda que recibe Jesús. Pero, sin embargo, me parece que el mal muchas veces es tan sutil que logra hacer lo que en circunstancias normales, o mejor dicho, en circunstancias pensadas en sus efectos, seguro que nos llevaría a pararnos un momento antes de hacer las cosas.

 

            Porque precisamente uno de los logros del mal es dividir dentro de uno mismo y, al final, ir contra uno mismo. Y esto lo palpamos con claridad en muchas cosas que vemos en muchas actitudes fuera de nosotros, pero lo importante es verlo, de un modo concreto, en nosotros mismos.

 

            Y es que, sin darnos cuenta, muchas de las cosas que hacemos sin pensar o de manera superficial, se revuelven contra nosotros mismos. Muchas cosas que realizamos de manera superficial al final terminan perjudicando, no sólo a los otros, sino a uno mismo, y terminamos rompiéndonos de mil maneras. Basta que tengamos el valor de paremos un poquito para descubrirlo en seguida. Y lo que es peor, lo difícil que es salir luego de esas situaciones.

 

            Tal vez nos dé un poco de miedo decirlo, nos puede parecer que estamos fuera de época, pero cuando vemos la aparente impotencia que tenemos los hombres para superar conflictos, para superar divisiones, para dejar atrás miles de manifestaciones de violencia y de degradación humana, tenemos que ser capaces de decir que hay una fuerza de mal, más allá de nosotros mismos, que no nos deja dar pasos adelante, y que  promueve y mantiene nuestras injusticias.

 

            Por eso necesitamos agarrarnos a la fuerza positiva, de bien, que nos viene de Dios. Porque él ha venido a manifestarse en oposición, en lucha clara contra ese mal que nos seduce y arrastra, tanto que termina siendo víctima de esa mal irracional, cuya victoria definitiva dejará de manifiesto en su resurrección, dándonos garantía de que ese mal será definitivamente destruido, porque él ha manifestado su oposición clara y su victoria.

 

            No, Jesús no echa los demonios con el poder del príncipe de los demonios, sino con la fuerza del espíritu de Dios. Y en nuestra ingenuidad o inconsciencia nos dice que ese mal tiene mucha fuerza y hay que ser más fuerte que él para poder vencerlo. Esa fuerza sólo la podemos conseguir con él y desde él. Ahí está nuestro estímulo y nuestra garantía. Y no es cuestión de planteamientos ñoños, porque la historia nos muestra su verdad.

 

 

ORACIÓN:     

“A favor de mí mismo”

 

 

            Es cierto, Señor, podremos negarlo por muchos intereses que siempre llevamos dentro, una veces consciente y otras más inconscientemente, pro tenemos la triste facilidad de hacernos daño a nosotros mismos. Pensamos que las cosas son inocuas; que, como nos quieren hacer sentir, todo da lo mismo, pero sabemos que no es así, que no es cierto, y lo tremendo es que logran manipularnos con una facilidad pasmosa. Señor, ayúdame a ser consciente de las consecuencias de mis acciones y a estar siempre a favor de mí mismo y de todos los demás. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:     

“La fuerza de tu brazo”

 

 

Sé que tú combates

en mi batalla,

aunque muchas veces

no sé en qué parte estoy

y siento los embates

que a veces me derriban.

No dejes de estar nunca a mi lado

para que sienta la fuerza de tu brazo

y el calor de tu corazón.

 

 

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