Semana 2 Jueves A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Jueves 2º

 

 

LECTURA:             

Marcos 3, 7-12”

 

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón.

Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: Tú eres el Hijo de Dios.

Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

 

 

MEDITACIÓN:       

“Las cosas que hacía”

 

           

Al margen de que muchos le pudiesen seguir a Jesús de forma interesada, no cabe duda de que también los había quienes encontraron en él esa coherencia entre palabra y vida que no es fácil que se dé; y, sobre todo, porque en él, en su persona, en todas su manifestación, se daba un talante, una cercanía, una acogida, una sensibilidad, un conectar con las realidades que preocupan, duelen o alegran a las personas, y que las hacen sintonizar, sentirse acogidas, atendidas, escuchadas, comprendidas, valoradas.

 

            Sabemos que la gente escucha las palabras de Jesús, y que descubren en ellas esa fuerza, esa autoridad, esa coherencia, esa conexión con su vida que no palpan en otras. El mismo Jesús pondrá de manifiesto cómo ve a esa gente que le siguen como ovejas sin pastor. Y es que aquellas gentes, a parte de los posibles intereses de muchos, no sólo escuchan palabras, sino que ven gestos, actitudes. Les atrae su mensaje, pero de modo especial su vida que hace realidad ese mensaje.

 

            Y es ahí donde nos tenemos que poner, frente a esa actitud de Jesús. Porque nuestro riesgo es también el de tener palabras, buenas palabras e intenciones, pero nuestros gestos estar en otra onda. No hace falta imaginarlo, porque son muchos los que se encargan de decírnoslo, y de alejarse de nosotros por nuestra falta de coherencia. No atraemos como Jesús, no atraen las cosas que hacemos que, muchas veces, poco o nada o muy poquito tienen que ver con lo que decimos creer.

 

            Pero el problema no está en nuestra coherencia, sino antes, está en si de verdad las palabras y los gestos de Jesús nos han atraído a nosotros. Si los hemos experimentando como palabras y como gestos de vida que dan sentido a la nuestra, que la llenan, que responden a todas esas inquietudes que portamos en nuestro corazón. Porque si no es así, si Jesús no produce esa experiencia en nosotros, difícilmente tendremos algo que trasmitir, difícilmente lo que hagamos tendrá mucho que ver con él y, entonces, en lugar de acercarlo lo alejaremos.

 

            Todo se convierte en estímulo y en llamada para volver a saborear toda la realidad que nos viene dada en Jesús. Para seguir abriéndonos a sus palabras y gestos, y seguir descubriendo en ellos todo aquello que nos permite adentrarnos en nuestra realidad más auténtica y profunda y, desde ahí, experimentar el gozo de encontrarnos con nosotros mismos y nuestra verdad más auténtica. Ése será el camino de hacer posible que también las cosas que hagamos nos llenen, hagan el bien y atraigan a muchos, como Jesús, al Padre.

 

           

ORACIÓN:        

“Cuento con tu ayuda”

 

 

            Ése es el reto, Señor, el ser capaz de acoplar cada día más mis gestos a mis palabras. Hablar es fácil, decir lo que hay que hacer y, sobre todo, lo que tienen que hacer los otros, está tirado. Pero el problema no está en los otros, el problema está en mí, y muchas veces, la mayor parte de las veces, estoy más preocupado en que cambien los otros, en lugar de cambiar yo. Señor, esa es mi tarea, es la tarea que descubro en ti y es la que sigo queriendo hacer mía. Sé que cuento con tu ayuda, con la fuerza de tu caminar conmigo, de tu Espíritu. Ayúdame a seguir abriéndome, a tener el coraje de salir de mí mismo y de aprender a dar, desde ti, lo mejor de mí. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:           

“Déjame”

 

 

Déjame mirarte,

y déjame sentir

que tus palabras

y tus gestos

empujan mis deseos.

Déjame poner los pies

en la tierra concreta

de mi historia abrazada,

para que mis manos

la construyan

con tu ternura.

 

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