Semana 1 Jueves A – 14

TIEMPO ORDINARIO

 

Jueves 1º

 

 

LECTURA:            

Marcos 1, 40-45”

 

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

 

MEDITACIÓN:              

“Se acercó a Jesús”

 

 

            Tal vez sea incidir en lo mismo y volver a repetir el mismo mensaje, porque las consecuencias van a ser similares, pero me parece que merece la pena pararse ante el matiz. Si ayer veíamos que Jesús es el que se acerca, aunque también después veíamos cómo le traían todos los enfermos; hoy es el enfermo, el leproso, el que se acerca a Jesús.

 

            Jesús es accesible. Dios se nos ha manifestado accesible en él. No hace falta protocolos ni papeles, ni citas previas, como exigiríamos nosotros, basta con acercarse a él para sentirse acogido. Que diferente vemos las cosas así frente a todos esos rechazos que vemos ponerse de manifiesto también hoy, como si Jesús fuese peligroso, alguien del que hay que huir.

 

Se rechaza a Dios en nombre de épocas pasadas y de actitudes negativas que, tristemente, hemos podido propiciar, y no se ha sabido dar el salto para encontrarse con él directamente, como ese leproso, para palpar que en Dios no hay barreras, ni castigos, ni reproches; ni, mucho menos, indiferencia o desprecios. En Dios, como vemos en Jesús, sólo hay acogida, toque de comprensión, de cercanía, de calor humano, de sensibilidad. Es siempre encuentro que sana, especialmente por dentro, que es donde más lo necesitamos.

 

            Ante Jesús, ante Dios, las barreras las ponemos nosotros, las distancias y los rechazos los marcamos nosotros. Lo mismo que marcamos y ponemos y multiplicamos las distancias entre nosotros a través de todas esas etiquetas que nos encanta ponernos y que condicionan para siempre nuestra realidad, pase lo que pase, poniendo de manifiesto la realidad de una mente y de un corazón endurecido y cerrado.

 

            Sí. Dios se ha acercado y nosotros nos podemos acercar a él. Ha venido a romper todas las barreras, pero nos sentimos inseguros sin ellas y experimentamos la necesidad de levantarlas, de marcar nuestros terrenos, y poner límites y fronteras. Y Jesús rompe moldes y normas y leyes, hasta aparentemente sagradas, porque para él no hay nada más sagrado que el hombre, después de Dios, y precisamente desde Dios.

           

La respuesta de Jesús a nuestro camino de liberación será siempre un “quiero”. No un “quiero” a la superficialidad y al capricho, sino un sí a todo aquello que nos ayude a avanzar profundamente, esforzada e ilusionadamente, en humanidad. Para eso se ha acercado, para eso se ha quedado, para eso camina  a nuestro lado, si queremos, si le dejamos.

 

 

ORACIÓN:                

“Ponerme ante ti”

 

 

            Señor, ante tantas realidades y situaciones que han ido apareciendo en el camino de mi vida, he creído percibir tu silencio o tu indiferencia. Ante mi aparente querer, y no experimentar la respuesta que hubiese deseado, he llegado a creer que no ponías tu sí, tu “quiero”. Pero también he llegado a experimentar que tu respuesta es siempre un sí. Un sí a mi sanación interior y profunda, que es donde, muchas veces, yo no marco mi deseo auténtico de vencer o dominar esa situación, jugando muchas veces al quiero pero no quiero. Señor, en mis momentos de verdad, no puedo menos que ponerme ante ti para hacerte la misma pregunta, sabiendo perfectamente tu querer y tu respuesta. Sólo me queda poner todo el fuego de mi deseo sincero, y descubrir que en mis avatares y en mis luchas, tal vez en mis fracasos reales o aparentes, no deja de actuar tu “quiero” salvador. Ayúdame a descubrirlo y sentirlo. Gracias, Señor.

 

 

CONTEMPLACIÓN:               

“Acercarme a ti”

 

 

No podría acercarme a ti

si tú no te hubieses acercado a mí;

igual que no puede la flor

volverse al sol,

ni madurar el fruto

si aquel se desvanece.

Así has querido entrar de lleno

por todos los resquicios

de mi existencia.

Y tu luz y tu calor y tu fuerza

me sustentan.

 

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