Viernes de la Semana 3 de Adviento – 2

TIEMPOADVIENTO

 

Día 20

 

 

 

LECTURA:     

“Lucas 1, 26‑38”

 

 

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

 

 

MEDITACIÓN:             

“Hágase en mí según tu palabra”

 

            Esta es la frase que mejor teníamos que retener y llevar con nosotros, porque es la que nos abre la puerta de acceso directo a Dios, o mejor, la que abre el acceso de Dios a nosotros. Esta disposición de María no es un mero sí al mensaje del ángel, sino una confirmación tajante y decidida, “que se haga”, y que se haga como tú decidas, como Dios quiera, a su estilo, según su corazón, que no es lo mismo que según su parecer.

 

            Esta misma frase, aunque un poco alterada resonará en labios del mismo Jesús, casi al final de esta aventura divina, en Getsemaní, cuando tenga que lanzar aquel “no se haga mi voluntad sino la tuya”.

 

            Ambas nos sitúan ante la única respuesta que podemos dar a Dios confiando plenamente en que su plan sobre nosotros es siempre un plan de salvación, de vida interior y exterior, que nos lleva siempre a través de la vida o de la muerte a construir vida, con mayúsculas.

 

            Ahora estamos al comienzo de esta historia y esta, ahora muchacha de Nazaret, nos regala su respuesta para invitarnos a hacerla respuesta nuestra. Es una llamada a dar paso a Dios, entrada en nuestra vida personal concreta, y dejar que Dios nos sorprenda, sabiendo, como sabe María, que de este Dios sólo puede venir bien. Nosotros lo podremos convertir en sufrimiento, para ello tenemos una capacidad impresionante, pero él seguirá empeñado en sacar, en poner, en construir vida, porque el amor es así, porque Dios es así.

 

            María no abe en ese momento lo que va a conllevar ese “hágase”, y aunque no aparezca escrito, no cabe duda de que lo tuvo que estar pronunciando en todos esos momentos que no resonaron tan iluminadores como en este anuncio. Pero así Dios entró en su corazón y en nuestra historia. Y ahora de nuevo resuena de nuevo para que, de un modo especial, le acojamos y le demos cabida en nosotros. Hace falta mucho coraje y mucha fe para hacer de ese “hágase” algo continuo y firme en todas las vicisitudes de nuestro caminar. Pero siempre podremos unirnos a María y hacer el camino con ella, para que cada vez Dios sea más Dios en nosotros y con nosotros. Y esto no es romanticismo navideño, porque es lo que va a marcar el tono y el modo de nuestra vida y de nuestra historia.

 

 

ORACIÓN:           

“Proyecto de amor”

 

            Señor, hay expresiones que las hemos pintado un poco de color rosa y, tal vez por ello no hemos sabido encajarlas con todas sus consecuencias en nuestra vida. Tal vez, en el fondo, es que necesitamos idealizar algunas realidades porque en ellas encontramos como algo que nos transporta un poco más allá de la cruda realidad. Pero pronto tú te encargas de volvernos a poner los pies en el suelo. Por muy bonito que lo pintemos o que lo pudo pensar María en su primer momento, todo tendría que aprender a vivirlo desde el ahondamiento firme de la fe inmersa en la realidad humana. Señor, es cierto que lo que vamos a celebrar tiene esa parte de encanto que posee toda nueva vida que empieza, pero inmersa ya en la oscura claridad de la fe. Ayúdame a seguir abriéndome a tu don, a tu empeño por entrar en mí. Déjame darte cada vez más cabida en mí, fiado plenamente en tu palabra, en tu proyecto de amor, de salvación. Y que toda mi realidad me ayude a reafirmarme en ella. Gracias, Señor.

 

           

CONTEMPLACIÓN:              

“Hágase”

 

Hágase, sí, Señor,

Hágase,

aunque mucha veces

me sobrepasen los acontecimientos,

aunque me desborde la vida

y se me oscurezca el horizonte.

Hágase,

Porque sé que lo que haces

viene cargado de vida,

viene envuelto,

aunque no lo entienda,

en la calidez de tu amor.

 

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